La puntualidad, divino tesoro

Hace algunos años viví una experiencia agradable. Llegué a una conferencia de prensa unos 20 minutos después de la hora original de la convocatoria, una demora inhabitual en mí. Cuando ingresé al salón, la conferencia ya había empezado. “Sí, empezaron puntuales”, fue la respuesta de un amigo presente en el lugar cuando le pregunté, sorprendido y en voz baja, por algo que en realidad debería ser moneda corriente en el ambiente periodístico.

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