Soneto XI

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Hermosas ninfas, que, en el río metidas,

contentas habitáis en las moradas

de relucientes piedras fabricadas

y en columnas de vidrio sostenidas;

 

agora estéis labrando embebecidas

o tejiendo las telas delicadas,

agora unas con otras apartadas

contándoos los amores y las vidas:

 

dejad un rato la labor, alzando

vuestras rubias cabezas a mirarme,

y no os detendréis mucho según ando,

 

que o no podréis de lástima escucharme,

o convertido en agua aquí llorando,

podréis allá despacio consolarme.

Dique 4, Puerto Madero, Buenos Aires, 10 de julio de 2013.

Garcilaso de la Vega
España, 1494 – Francia 1536.

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Soneto LXXII

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Amor mío, el invierno regresa a sus cuarteles,

establece la tierra sus dones amarillos

y pasamos la mano sobre un país remoto,

sobre la cabellera de la geografía.

Irnos! Hoy! Adelante, ruedas, naves, campanas,

aviones acerados por el diurno infinito

hacia el olor nupcial del archipiélago,

por longitudinales harinas de usufructo!

Vamos, levántate, y endiadémate y sube

y baja y corre y trina con el aire y conmigo

vámonos a los trenes de Arabia o Tocopilla,

sin más que trasmigrar hacia el polen lejano,

a pueblos lancinantes de harapos y gardenias

gobernados por pobres monarcas sin zapatos.

Bahía Mansa, Villa La Angostura, 20 de octubre de 2011.

Pablo Neruda
Chile, 1904 – 1973.

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Para reanudar

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Súbitamente nos hemos aproximado demasiado a algo de lo que se nos mantenía a una distancia misteriosamente favo­rable y medida. Desde entonces: la consunción. Nuestro reposacabezas ha desaparecido.

 

Es insoportable sentirse parte solidaria e impotente de una belleza que está muriendo por culpa de otro. Solidaria en el pecho, e impotente en el movimiento del espíritu.

 

Si lo que te muestro y lo que te doy te parece menor que lo que te oculto, pobre es mi balanza, y mi espigar sin virtud.

 

Eres, poema, lugar donde la oscuridad descansa sobre mi rostro demasiado expuesto. Mi esplendor y mi sufrimiento se han deslizado entre los dos.

 

Arrojar al suelo la existencia feamente acumulada y volver a encontrar la mirada que la amó, en su hora inicial, lo bastante como para desplegar su fundamento. Cuanto me queda por vivir está contenido en este asalto, en este temblor.

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Me preguntas por qué y cuándo

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Me preguntas por qué y cuándo

te respondo que fue así

reparar simplemente en un atardecer cualquiera

pongamos por caso -ya que ni siquiera sabemos cuál- de octubre

en cómo golpeaba la luz del sol el rosáceo

e inaccesible flanco sudeste del palacio

Sacchetti

-la luz golpeaba y al tiempo bañaba no sé si me

entiendes?-

reparar en las hojitas negras y agudas de la hiedra -hacía viento

¿comprendes?- recorridas a trechos

hacia arriba en el sendero de obscuras ramificaciones por una especie de

descarga eléctrica reiterada que simultáneamente

estuviese empapada sabe Dios cómo de auténtico y líquido

oro

y sentir deseos de pronto después de infinitos años

de reír reír y a la vez todo lo

contrario

Fin de otoño en La Lucila, 16 de junio de 2013.

Giorgio Bassani

Italia, 1916 – 2000.

Tomado de “Epitafio”, traducción de Carlos Manzano, editado por Visor.

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Atardecer en Olivos con Samsung Galaxy S4

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Los días de tormentas, como los que suceden esta semana en Buenos Aires, deparan atardeceres dignos de ser fotografiados.
En esta nota te comparto fotografías que tomé el 21 de enero desde el balcón de mi casa en Olivos,  Buenos Aires, con un teléfono móvil Samsung Galaxy S4 y editadas en Instagram. Seguir leyendo Atardecer en Olivos con Samsung Galaxy S4