50 años, 50 amigos: Ariel Torres


A las 15.00 del 22 de junio de 2015 bajó a la recepción del edificio de oficinas “Al ríoAriel Torres, uno de mis 50 invitados para celebrar mis 50 años, una idea sobre la cual puedes leer más en esta nota.

Me encontré con Ariel en la torre donde está el diario La Nación, en la ciudad de Vicente López, a pocos metros de la avenida General Paz, que separa la Capital Federal de la provincia de Buenos Aires, para ir a Carlitos, un bar vecino de ese edificio, en lugar de un café notable, para aprovechar mejor el tiempo escaso que teníamos ese día. Allí él eligió un café cortado y yo, un café con crema.

En el mensaje de invitación a mis amigos seleccionados para esta celebración les advertí que, en lo posible, no debíamos dejar que la reunión fuera interrumpida por los teléfonos móviles. La gran mayoría de mis invitados respetó esa condición.

Con Ariel hice una excepción, porque debía entregar esa tarde una nota de tapa para la edición del día siguiente y estaba en diálogo casi permanente con la editora, para hacerle entender que los virus informáticos dejaron hace muchos años de ser aquellos códigos maliciosos que sembraban de calaveras las pantallas de una PC.

Además, a través del celular se despidió de Marisol, su compañera, quien salía de viaje al exterior del país, y contuvo a su compañero de sección en La Nación, Manuel Horacio Castrillón, ansioso porque no lo veía en la redacción y ¿celoso? porque Ariel estaba conmigo…

También monitoreó vía Skype desde el teléfono móvil la terraza de su casa en el barrio porteño de Barracas para ver cómo estaban sus gatos y sus perros…

Pero Ariel, de 54 años, no es como aquellos personajes cada vez más comunes, que viven ensimismados en las pantallas de sus teléfonos móviles, tabletas o computadoras.

Es el mejor periodista de tecnologías de la información y la comunicación de la Argentina, porque eleva su mirada sobre la pantalla y se concentra en el lector al cual ofrece información, análisis, opinión y herramientas para entender, comprender y usar mejor las TIC.

Dueño de un profundo conocimiento tecnológico enmarcado por una amplia formación cultural, Ariel, cuando escribe, edita o habla, tiene al lector en el centro de su trabajo, no a sus fuentes o a sus colegas.

Calvo, flaco, eléctrico, con ojos pequeños y vivaces, Ariel es de aquellas personas ante quien no puedes estar indiferente. Luego de mis encuentros con él siempre salgo renovado.

Hablamos durante casi dos horas sobre el periodismo y su futuro, la formación de los nuevos periodistas (es docente en la Universidad de Palermo), de su familia; de su infancia en Longchamps, una localidad en el sur del Gran Buenos Aires; de su pasión por los animales (rescató de la calle y revivió a varios de ellos en estado de abandono), y de su proyecto de vida junto a Marisol para mudarse a un lugar donde, como disfrutaba en su infancia, pueda “volver a ver el horizonte”. Un anhelo que expresa el niño curioso que aún vive en él…

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