El monumento que recuerda al genocidio armenio en Ereván


Una fortaleza de golondrinas. Eso es Tzitzernakaberd, un monumento ubicado en Ereván, la capital de Armenia, dedicado a las víctimas del genocidio armenio, cometido entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX por Turquía, en el que fueron asesinadas más de un millón y medio de personas, entre ellas mis antepasados por el lado paterno.

El monumento fue edificado junto al Museo del Genocidio Armenio en una colina, al oeste del río Hrazdan.

La palabra armenia Tsitsernakaberd significa “fortaleza de las golondrinas pequeñas”. Es un nombre compuesto por las raíces de las palabras Tsitsernak (“pequeña golondrina”) y berd (“fortaleza”).

La construcción de la obra comenzó en 1966, durante la época soviética, como consecuencia de las manifestaciones de Ereván en 1965, durante las cuales un millón de personas se manifestaron en la ciudad durante 24 horas para conmerorar el cincuentenario del genocidio armenio. Los trabajos terminaron en 1968.

Desde la colina se tienen vistas panorámicas de Ereván y el monte Ararat, símbolo de Armenia que está en territorio turco.

El monumento consta de tres estructuras:

La estela

Un monumento de 44 metros de altura que apunta al cielo, simboliza el renacer de los armenios. Se ubica al lado de las doce grandes losas. Está hecha de basalto.

Las doce losas de basalto gris

Representan las doce provincias perdidas que se encuentran en el actual territorio de Turquía.

En ellas nacieron y se criaron mis abuelos Aram Dergarabedian y Lousaper Karaguezian, quienes sobrevivieron por gracia a Dios a las matanzas cometidas por Turquía y que aún están impunes.

Dentro de ellas, a una profundidad de 1,5 metros, se encuentra la llama eterna, signo de duelo.

La muralla

De 100 metros, tiene los nombres las ciudades y aldeas armenias en las cuales fueron ejecutadas las masacres.

Cerca del museo hay abetos plantados por diferentes personalidades como Arnold Schwarzenegger o Jacques Chirac en memoria y reconocimiento del genocidio armenio.

El 24 de abril es un día de duelo nacional en el cual los habitantes de Ereván y otras regiones y de la diáspora armenia, encabezados por sus dirigentes políticos y autoridades religiosas, se dirigen en procesión de duelo hasta este monumento. En el espacio que rodea a la llama se dejan ofrendas florales.

Agustina, con quien recorrí el 1 de octubre de 2018 este lugar en una mañana calurosa de otoño, fue participante de esta actividad de memoria y reclamo de justicia el 24 de abril de ese año.

El monumento refleja en su austeridad y sencillez el dolor que atraviesa a quienes somos descendientes de los armenios y la voluntad de lucha y esperanza.

La visita, casi obligada para quienes visitan Ereván, se complementa con un recorrido por el museo, necesario para entender en forma completa el origen, el desarrollo y las consecuencias del genocidio armenio.

Como las golondrinas mencionadas en el nombre de este espacio, mis abuelos tuvieron que emigrar de su tierra, por culpa de las aves depredadoras que querían extinguirlos.

Como las golondrinas, Agustina y yo, bisnieta y nieto de Aram y Lousaper, volvimos al nido de origen, para recordarlos y reinvindicar nuestro origen, la victoria de la vida sobre la muerte.

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