El supergrupo Beat deslumbró en el Movistar Arena con un homenaje vibrante al legado de King Crimson, una de mis bandas favoritas, en una velada que combinó virtuosismo, emoción y una conexión única con el público argentino.
El 2 de mayo de 2025 quedó grabado en la memoria de los amantes del rock progresivo y la música en vivo en Buenos Aires. Esa noche, el Movistar Arena, uno de los recintos más modernos y emblemáticos de la ciudad, fue testigo de un acontecimiento musical: la presentación de Beat, el supergrupo conformado por cuatro leyendas vivientes de la música progresiva.
Adrian Belew, Tony Levin, Steve Vai y Danny Carey rindieron tributo a la etapa ochentosa de King Crimson, una de las bandas más influyentes del género.
Beat no es una banda cualquiera. Su formación reúne a músicos que dejaron huella en la historia del rock y la música contemporánea, y su propuesta va más allá del simple homenaje: es una reinterpretación creativa y virtuosa de un repertorio que marcó a generaciones.
Beat: una mirada profunda y fresca del legado de King Crimson
Beat nació como un proyecto ambicioso y cargado de significado. Su origen se remonta a la inquietud de }Belew, guitarrista y vocalista que formó parte de la histórica alineación de King Crimson en la década del 80.
Inspirado por el deseo de revivir en vivo los discos Discipline (1981), Beat (1982) y Three of a Perfect Pair (1984), Belew convocó a músicos de talla mundial: Tony Levin, bajista legendario; Steve Vai, virtuoso de la guitarra; y Danny Carey, baterista de la banda Tool.
La bendición de Robert Fripp, fundador de King Crimson, fue el espaldarazo definitivo para que el proyecto tomara forma y se lanzara a una gira internacional.
El estilo musical de Beat es una amalgama de rock progresivo, new wave, experimentación sonora y virtuosismo instrumental. Si bien el repertorio se centra en la etapa ochentosa de King Crimson, la impronta de cada integrante aporta matices únicos: la precisión matemática de Levin, la expresividad de Belew, la técnica desbordante de Vai y la potencia rítmica de Carey.
El resultado es una reinterpretación fresca y contemporánea de piezas complejas, con arreglos que respetan la esencia original pero se permiten licencias creativas.
La filosofía de Beat es clara: no se trata de un tributo nostálgico, sino de una celebración viva de la música, un puente entre generaciones y una reivindicación del arte como experiencia colectiva.
Los arquitectos del sonido de Beat
La química de Beat se explica, en gran parte, por la trayectoria y personalidad de sus integrantes. Cada uno aporta una historia, un sonido y una energía que, en conjunto, generan una sinergia difícil de igualar.
- Adrian Belew (guitarra, voz): Figura clave del rock progresivo, Belew es reconocido por su trabajo con King Crimson, David Bowie y Talking Heads, además del genial Frank Zappa. Su estilo se caracteriza por la experimentación, el uso de efectos y una voz capaz de transmitir desde la dulzura hasta la excentricidad. En Beat, es el motor creativo y el nexo emocional con el repertorio original.
- Tony Levin (bajo, stick): Considerado uno de los mejores bajistas del mundo, Levin acompañó a Peter Gabriel, Paul Simon y, por supuesto, King Crimson. Su dominio del stick y el bajo tradicional aporta una base sólida y compleja, capaz de sostener las estructuras más intrincadas. Es el “obrero silencioso” que sostiene el edificio sonoro de la banda.
- Steve Vai (guitarra): Virtuoso indiscutido, Vai dejó su huella junto a Zappa, Whitesnake y en su carrera solista. Su técnica, velocidad y creatividad lo convierten en un guitarrista de culto. En Beat, asume el desafío de reinterpretar los pasajes de Fripp, aportando su propio sello sin perder el respeto por la obra original.
- Danny Carey (batería): Baterista de Tool, Carey es conocido por su potencia, precisión y capacidad para abordar métricas irregulares. Su aporte en Beat es fundamental para recrear la complejidad rítmica de los temas de King Crimson, añadiendo además una energía renovada y contemporánea.
La dinámica interna de Beat es de colaboración y respeto mutuo. Belew y Levin, como miembros originales de King Crimson en la década del 80, aportan la memoria y la autenticidad; Vai y Carey, la frescura y el virtuosismo.
En el escenario, la comunicación es constante: miradas, gestos y sonrisas que revelan el disfrute y la admiración mutua. Cada solo, cada pasaje instrumental, es una oportunidad para el lucimiento individual, pero siempre al servicio del conjunto. El resultado es una experiencia musical donde la suma es mucho más que las partes.
Un viaje musical por la década del 80
La lista de canciones del concierto en el Movistar Arena, donde concurrí al palco de la empresa Newsan gracias a mi amigo y colega Leandro Africano, a quien agradezco su invitación, fue un recorrido exhaustivo por la etapa ochentosa de King Crimson, con algunas sorpresas que emocionaron a los fanáticos. La selección de canciones fue pensada como un viaje, con momentos de intensidad, introspección y celebración colectiva.
La noche comenzó con “Neurotica”, una pieza que anticipó la complejidad rítmica y la energía que dominarían el show. Siguieron “Neal and Jack and Me” y “Heartbeat”, esta última recibida con una ovación que dejó en claro el nivel de conexión entre la banda y el público.
Temas como “Sartori in Tangier”, “Model Man” y “Dig Me” permitieron a los músicos desplegar su virtuosismo y creatividad, con arreglos que respetaron la esencia original pero sumaron matices propios.
Uno de los momentos más celebrados fue la interpretación de “Larks’ Tongues in Aspic (Part III)”, donde Vai demostró su capacidad para sumergirse en el universo frippeano sin perder su identidad. El primer bloque cerró con “Frame by Frame” y “Elephant Talk”, dos clásicos que pusieron a todo el estadio a corear y bailar.
El segundo set estuvo dedicado, casi en su totalidad, al disco Discipline. “Indiscipline”, con su estructura impredecible y su carga emocional, fue uno de los picos de la noche. “Matte Kudasai” aportó un momento de calma y belleza, mientras que “Sleepless” y “Thela Hun Ginjeet” desataron la euforia colectiva.
El bis fue un regalo inesperado: una versión demoledora de “Red”, tema de la etapa setentosa de King Crimson, que cerró la noche con una ovación de pie. La narrativa del concierto fue impecable: cada canción construyó una atmósfera, un clima, una historia compartida entre la banda y el público.
La recepción fue unánime: desde los fanáticos históricos hasta los nuevos seguidores, todos aplaudieron la calidad, el respeto y la pasión con que Beat abordó el repertorio.
Las canciones más esperadas no solo cumplieron, sino que superaron las expectativas, y las sorpresas aportaron un plus de emoción y gratitud.
El escenario, sobrio pero imponente, estaba dominado por una pantalla central que proyectaba imágenes abstractas y motivos inspirados en la iconografía de King Crimson. Un elefante dibujado presidía la escena, en alusión al tema “Elephant Talk” y como guiño a los fanáticos.
La iluminación fue precisa, jugando con tonos rojos, azules y violetas que acompañaron los climas de cada canción. Sin recurrir a efectos especiales desmedidos, la banda apostó por un diseño artístico que priorizó la música y la conexión visual con el público.
La disposición de los músicos en el escenario favoreció la interacción: Belew y Vai al frente, Levin a un costado con su stick y bajo tuneado, Carey en el centro tras la batería. Cada uno tenía su espacio, pero la sensación era de unidad y complicidad.
La conexión entre Beat y la audiencia fue inmediata. Belew, carismático y cercano, saludó con un simple “Hola” tras los primeros temas, desatando una ovación. A lo largo del show, se permitió bromear, agradecer y compartir anécdotas sobre la génesis del proyecto. “Es un honor estar en Buenos Aires, una ciudad que siempre nos recibe con el corazón abierto”, expresó en uno de los momentos más emotivos.
Levin, más reservado, se comunicó a través de su música, pero no faltaron las sonrisas y gestos de complicidad con los fans de las primeras filas.
Vai, fiel a su estilo, alternó momentos de concentración absoluta con guiños y gestos teatrales, arrancando aplausos y ovaciones. Carey, desde su trinchera rítmica, fue el motor invisible que mantuvo la energía en lo más alto.
El concierto estuvo plagado de instantes memorables. La interpretación de “Larks’ Tongues in Aspic (Part III)” fue un despliegue de virtuosismo, con Vai y Belew intercambiando solos y miradas cómplices.
En “Elephant Talk”, la pantalla central proyectó imágenes de elefantes en movimiento, mientras el público imitaba los sonidos con palmas y coros.
Uno de los picos emocionales llegó con “Indiscipline”, donde la tensión y el desenfreno se apoderaron del estadio. Belew, en un gesto teatral, rasgó las cuerdas de su guitarra con un atornillador eléctrico, arrancando gritos y aplausos.
En “Sleepless”, Levin desplegó sus “funk fingers”, unas extensiones que le permitieron percutir las cuerdas como si fueran palillos de batería, generando un efecto hipnótico.
El bis, con “Red” y “Thela Hun Ginjeet”, fue el broche de oro: el público de pie, aplaudiendo y coreando, mientras la banda se despedía con gestos de gratitud y emoción visible.
La presencia de Charly García, figura emblemática del rock argentino, en las primeras filas, sumó un plus de emoción y validación al concierto. La sensación general era de haber sido parte de un acontecimiento irrepetible, una clase magistral de música y pasión.
El concierto de Beat fue, ante todo, una experiencia sensorial y emocional. La combinación de virtuosismo, repertorio icónico y conexión con el público generó una energía que se mantuvo en alto durante más de dos horas.
La música, lejos de ser un ejercicio intelectual, se vivió como una celebración colectiva, un viaje compartido por paisajes sonoros, recuerdos y emociones.
Durante el intervalo, Belew se disculpó por la pausa de 20 minutos, gesto que fue recibido con risas y aplausos. En uno de los bises, Vai improvisó un solo que incluyó fragmentos de tangos clásicos, arrancando una ovación de los presentes.
La noche del 2 de mayo de 2025 en el Movistar Arena fue mucho más que un concierto: fue una celebración del arte, la creatividad y la pasión por la música.
Beat demostró que el legado de King Crimson sigue vivo, no como una pieza de museo, sino como una fuerza creativa capaz de emocionar, sorprender y unir a generaciones enteras.
Salir del Movistar Arena esa noche fue hacerlo con el corazón lleno, los oídos vibrando y la certeza de haber sido testigo de algo único. Esto no se repite. Esto se vive y se atesora para siempre.
Galería de videos y fotografías del concierto de Beat en el Movistar Arena de Buenos Aires
La siguiente lista de videos contiene ¡41 registros! del concierto de Beat. Hace algunos años grabo solamente fragmentos de canciones, porque prefiero atesorar la experiencia en mi memoria y no en una pantalla. Los videos y las fotos fueron registrados con un teléfono móvil Samsung Galaxy S24 FE.
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