Archivo de la categoría: Personal

Los Dergarabedian, como hace un siglo atrás


Mi viaje a Armenia, la patria de origen de mis abuelos paternos Aram y Lousaper, generó en mi hija Agustina la excelente idea de ir a un estudio de fotografía en Ereván, la capital del país, a tomarnos unas fotos vestidos como la época de mis antepasados.

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Charla sobre periodismo y blogs en la escuela Eter


Invitado por la colega y docente Milagros Moreni participé el 30 de octubre en una clase de la materia periodismo digital en la escuela de comunicación Eter, uno de los principales centros de capacitación en locución, producción audiovisual y periodismo de Buenos Aires.

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Bonnie y Clyde ganan el premio Eset al periodismo en seguridad informática


El título de esta nota que menciona a esos dos famosos fugitivos, ladrones y criminales de los Estados Unidos, alude al artículo con el cual el colega colombiano Rodrigo Rodríguez ganó el galardón principal de la edición 2018 del premio de la empresa Eset al periodismo en seguridad informática.

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Te recuerdo María, 10 años después


Desde hace una década el mes de octubre, sinónimo de primavera en Buenos Aires, mi ciudad, equivale a un valle de sombras y luces en mi vida.

El 2 de octubre cumple años Agustina, mi segunda hija. El 8 de octubre también cumple años Cristina, mi esposa. El tercer domingo de este mes se celebra el día de la madre en la Argentina.

Pero en medio de esas fechas está el aniversario de la muerte de María, mi primera hija, quien falleció el 11 de octubre de 2008, en un accidente de tránsito en el norte del Gran Buenos Aires, a los 17 años de edad.

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Cara a cara con Andréi Rubliov en Moscú


El viaje que realizo por Armenia y Rusia desde el 29 de septiembre me permitió cumplir este 10 de octubre otro anhelo personal: tomar contacto cara a cara por primera vez con la obra de Andréi Rubliov, un religioso y pintor ruso medieval considerado como el más grande iconógrafo de Rusia.

El contacto fue en el monasterio de Andronikov, donde se encuentran algunos de los íconos más famosos de Rubliov.

Conocí a Rubliov a través del cineasta ruso Andréi Tarkovski, quien filmó una película sobre este artista.

Luego de la visita, mi hija Agustina me tomó esta foto con una réplica de su ícono más famoso, La Trinidad, que llevaré a Buenos Aires.

Con Agustina recorrimos partes de Moscú que contaré en otras notas en este blog.

Una de ellas fue la siniestra sede de la Cancillería rusa, en uno de los edificios art decó construidos por Stalin.

Moscú en modo “selfie”


Te comparto una serie de auto fotografías (“selfies”) que tomé junto a Agustina, mi hija, el 9 de octubre de 2018 en Moscú, la capital de Rusia.

En rigor, algunas fotos fueron tomadas por un tercero.

La Plaza Roja, el Kremlin, calles iluminadas del centro y hasta una cueva de hielo que simula al lejano norte de Rusia fueron los escenarios de estas fotos.

Las imágenes están en formato cuadrado porque fueron publicadas originalmente en Instagram.

San Basilio, Moscú: el sueño del pibe hecho realidad


Mis padres me inculcaron desde niño el amor por la geografía, ciencia en la cual siempre obtuve mis mejores notas en la querida escuela Mariano Acosta, en Buenos Aires, donde cursé los ciclos de primaria y secundaria.

Recuerdo que en la primaria obtuve la mejor nota de todos los cursos de geografía por un trabajo práctico y exposición en clase sobre Moscú. El eje de mi trabajo fue la catedral de San Basilio.

Por supuesto que anhelaba visitarla, algo que parecía un sueño en la década del 70.

Ese sueño se hizo realidad este 8 de octubre de 2018. Llegué a media mañana a Moscú, junto a mi hija Agustina, procedente de Ereván, Armenia, la tierra de mis abuelos paternos que había visitado por primera vez.

Luego de ingresar al hotel y de almorzar, fuimos al parque Muzeon,donde hay bustos de dirigentes comunistas fallecidos, que fueron derribados por el colapso de la Unión Soviética.

Cruzamos el río Moscova y desde ahí aprecié algo de San Basilio.

Llegamos a la Plaza Roja cuando empezaba el atardecer y nos fuimos a la noche.

La frutilla del postre fue la caminata por la calle Nikolskaya.

Mi cara de felicidad refleja la alegría de cumplir ese sueño de la infancia.

Volver a Armenia: la última cena


El octavo y último día completo de mi viaje por Armenia, la nación de mis abuelos paternos que visito por primera vez, culminó con una cena en Ereván la capital de este país, junto a Agustina, mi hija y anfitriona.

La cena consistió en diferentes variedades del lehmeyun (hay diferentes maneras de castellanizar esta palabra), mi comida armenia favorita, que mi abuela Lousaper nos hacía todos los domingos cuando mi familia almorzaba en su casa.

Lousaper y mi abuelo Aram sobrevivieron al genocidio armenio de 1915. Estuvieron muy presentes en el paseo que realicé hoy por el estremecedor museo sobre esa barbarie cometida por Turquía. Contaré en otras futuras notas sobre ese museo.

Quizás la foto que ilustra esta nota refleje bien mi experiencia en Armenia: la alegría del reencuentro con mi hija que reside en Ereván desde abril de 2018, y de un renovado flujo de la savia que viene de mis raíces armenias, fortalecida por el contacto directo con la nación de mis abuelos.

Volver a Armenia: estampas de un día agitado


El séptimo día completo de mi viaje por Armenia, la nación de mis abuelos paternos que visito por primera vez, se inició temprano en Stepanakert, la capital de la República de Artsaj, donde había llegado el 3 de octubre con mi hija Agustina.

Elmira, la viuda de un combatiente de Artsaj que murió en la guerra entre Armenia y Azerbaiyán a fines del siglo pasado, y en cuya casa nos hospedamos, nos despidió con este desayuno a la usanza de esta región montañosa, más conocida como Nagorno Karabaj.

A las 9.30 salimos de Stepanakert a bordo de un taxi, que demoró dos horas en hacer unos 110 kilómetros por un camino sinuoso y en algunos tramos de cornisa hasta la ciudad armenia de Goris.

A pocos kilómetros de la frontera entre Artsaj y Armenia pasamos por el control de pasaportes.

Las banderas estaban a media asta por el duelo nacional en ambas repúblicas por la muerte del cantante Charles Aznavour, quien construyó en Stepanakert un hermoso centro cultural.

El taxi que nos llevó hasta Goris era uno de los centenares de Lada ruso que circulan por estos dos países.

En medio de las nubes que nos acompañaron en el viaje apareció este cartel de despedida de Artsaj.

Al fondo, un monumento justo en el límite entre las dos repúblicas.

En Goris cambiamos de automóvil. Como seguían la lluvia y la niebla cancelamos la visita al monasterio de Tatev y nos dirigimos hacia Ereván, la capital de Armenia.

En la ruta que tiene tráfico intenso, nos cruzamos con varios rodados de todo tipo, como estos:

También ómnibus y camiones procedentes de Irán.

Y camiones de transporte de forraje.

Pasando la mitad del camino entre Goris y Ereván apareció el monte Ararat (a la derecha).

Una vez llegados a Ereván, Agustina, excelente guía y organizadora del viaje, me llevó al museo del artista multifacético Sergei Paradjanov.

La escena es un detalle de una camisola de un sobreviente del genocidio armenio sobre la que intervino este artista.

Agustina me llevó luego a un barrio humilde, llamado Kond, que resiste en forma organizada la presión de inversores inmobiliarios que buscan desplazarlos de una de las zonas más cotizadas de Ereván.

Como en todo este viaje por Armenia y Artsaj, no sufrí ni observé ningún hecho de violencia o delincuencia. Es un país seguro.

Luego Agustina me llevó a la agradable mezquita azul de Ereván.

Antes de la cena pasamos por la plaza Aznavour, donde centenares de personas lo recordaban con serenidad y gratitud. La música de este artista es omnipresente en calles, vehículos, comercios, plazas, restaurantes, etc.

Ya en el hotel, la recepcionista se ganó todo mi aprecio al escribir bien mi apellido.

El día terminó con una rica cena armenia en Derian, un restaurante que eligió, sí, acertaste, Agustina.

Volver a Armenia: monasterio + fortaleza + tanques en Artsaj


El sexto día completo de mi viaje por Armenia en rigor no fue en esa república transcaucásica sino en otra, llamada Artsaj, más conocida como Nagorno Karabaj, disputada por Armenia y Azerbaiyán y que generó una guerra entre esos dos países entre 1990 y 1994.

Llegué con mi hija Agustina el 3 de octubre a la capital de Artsaj, Stepanakert, y el 5 de ese mes lo dedicamos a visitar un monasterio y una fortaleza, ambos de origen medieval.

Estas visitas nos llevaron muy cerca de la línea de contacto entre las fuerzas armadas de Artsaj y Armenia con las de Azerbaiyán, en la frontera más militarizada vecina a Europa.

El contraste es fuerte, porque Stepanakert tiene un ritmo de vida tranquilo, con presencia de militares pero ninguno de ellos armados, mientras que apenas 35 km de distancia vimos ejercicios de tanques muy pertrechados y de tiro de armas ligeras y pesadas.

Un clima de guerra, que está bajo una débil tregua que no impide frecuentes violaciones de ese armisticio.

A pocas decenas de kilómetros de ese frente de guerra está el hermoso monasterio de Gandzasar, rodeado de montañas y frondosa vegetación.

A pesar del día nublado y ventoso, nunca llovió.

Después fuimos a la fortaleza de Triganakert, a pocos kilómetros del frente de guerra.

A la tarde fui al museo de los soldados armenios caídos en la guerra entre 1990 y 1994, y en una reanudación del conflicto en 2016 que duró 4 días.

Nota de R.: Estas notas desde Armenia y Artsaj son breves porque las escribo y publico desde un teléfono móvil.