Una noche epifánica con Gustavo Cerati


“Vamos más adelante”, me dijo María, mi hija, con un tono único y especial, donde se mezclaban un reclamo suave pero firme, propio de una persona madura y decidida, con la frescura de una adolescente.

Estábamos en el atardecer del 21 de diciembre de 2007, en medio del campo de juego del estadio Monumental, en Buenos Aires. Faltaba una hora y media para el inicio del último recital de la gira “Me verás volver” de la banda Soda Stereo.

Era una día bochornoso por el calor. La multitud esperaba sentada y tranquila sobre los plásticos que cubrían el césped riverplatense, mientras se refrescaba con agua, otras bebidas y abanicos improvisados.

Me había encontrado con María, mi hija mayor, de 16 años, en las barrancas del barrio porteño de Belgrano. Ella tenía un vestidito blanco y breve y unas sandalias y una carterita. Miró con resignación mi pantalón “jean” y un bolsito donde llevaba una campera negra de tela de avión. “Hay pronóstico de tormenta y frío”, me justifiqué. Ella suspiró, como diciendo “otra vez este aparato…” y marchamos hacia el estadio.

Teníamos en nuestro haber conjunto varios recitales, incluso en River, como el de la banda U2 ese mismo año, pero nunca habíamos ido al “campo” de juego. Por eso, cuando entramos a la cancha, acordamos encontrarnos después del recital debajo del arco que da a la tribuna Sivorí del Monumental, por si en algún momento nos separábamos.

María tenía escuchada la discografía solista de Gustavo Cerati, el líder de Soda Stereo, y cuya muerte este 4 de septiembre de 2014 me motivó a compartir estos recuerdos de aquella noche epifánica en River.

Gustavo Cerati. Fuente: Wikimedia.
Gustavo Cerati. Fuente: Wikimedia.

 

Yo conocía al trío pero no seguía de cerca la carrera solista de Cerati, que mi hija me la compartió después de ese recital.

“Vamos más adelante”, insistía firme María, mientras caminaba en dirección al escenario sorteando a espectadores sentados.

Confiado en la seguridad que ella manifestaba y en mi errónea percepción de una audiencia tranquila hasta ese momento, llegamos hasta un punto a unos 30 metros de frente al escenario, entre el centro de la plataforma y la torre de control de sonido y luces en medio del campo.

Nos quedamos los dos juntos y parados mientras oteábamos cabezas para descubrir algún conocido en esa jornada histórica para la música argentina.

Cuando se apagaron las luces antes del recital, que abría con la reproducción de un extracto de “Algún día“, una canción que Soda Stereo grabó unos 10 años antes para el disco “Tributo a Queen“, esa multitud adormecida se despertó y armó una compacta y fervorosa masa de carne y emociones.

Atrapado en ese inmenso “pack” humano, observé cuando se encendieron de nuevo las luces cómo María se alejaba de mí, arrastrada y empujada casi en vilo por decenas de espectadores.

Nos encontramos con la mirada y le recordé el punto de encuentro con un gesto con la cabeza hacia el arco de la Sivorí. Ella sonrió y se escabulló contenta hacia adelante y la perdí de vista.

Atenazado como si viajara en un tren o un colectivo en hora pico, decidí al inicio de la sexta canción (“En la ciudad de la furia”) alejarme de ese sector.

Luego de acomodar los huesos, gracias al teléfono móvil me encontré con mis amigos Adrián Taccone, Andrea Gentil, Sabrina Díaz Rato e Irina Sternik. Los cuatro, al ser de estatura más pequeña que el promedio de la audiencia (conste que aquí no leíste algún adjetivo concreto referido a la altura de ellos…) se habían ubicado en el campo, cerca de la tribuna Belgrano, en diagonal al escenario, en una área con menos densidad humana por metro cuadrado que permitía disfrutar mejor la experiencia.

Los cinco gozamos con ese recital que se prolongó por más de tres horas. Por ser el último de la gira, incluyó invitados especiales, como el gran guitarrista Carlos Alomar en “Lo que sangra (La cúpula)“.

Cerati, Charly Alberti y Zeta Bosio sonaron ajustadísimos y condujeron al éxtasis a las miles de personas que cubrían el campo de juego y las tribunas. Y en casi todas las canciones, Cerati cedió parte del canto a la audiencia, que incluso tarareaba varios de sus solos en la guitarra.

Cerati, que rompió una guitarra al terminar el solo final en “Sueles dejarme solo“, volvió a pronunciar su famosa expresión, “gracias totales”, luego de tocar “De música ligera“.

Puedes escuchar el recital completo en la siguiente lista de videos:

La banda cerró con “Nada personal” y “Te hacen falta vitaminas“. Je, a María no le faltaron vitaminas para reprocharme la decisión de encontrarnos debajo del arco después del recital.

Miles de personas se desplazaban en esa zona, que era la salida principal del campo, y María, que durante el concierto llegó a estar –según dijo– a pocos metros del escenario, esperaba mi aparición desde hacía casi media hora. Nuestros celulares ya no tenían batería.

Durante el recital había cambiado la dirección del viento y la temperatura había bajado mucho, hacía un frío indecente.

Para calmar su enojo, le dí a María mi campera de tela avión para que se abrigara y nos fuimos junto a mis amigos a cenar al restaurante La Farola de Belgrano, donde compartimos exhaustos y alegres el final de una noche inolvidable generada por las canciones de Cerati.

Gracias totales para este músico que iluminó la vida de María y la mía con su obra, con canciones como la siguiente de su carrera solista, “Nací para esto“:

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