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Starlink, el servicio de Internet satelital de la empresa SpaceX, del magnate sudafricano-estadounidense Elon Musk, reconfigura su arquitectura orbital para reforzar la seguridad espacial y mejorar el servicio, incluyendo a sus usuarios en la Argentina. La compañía anunció una maniobra sin precedentes: el descenso de miles de satélites de su constelación.

El descenso orbital y la seguridad espacial

A partir del 1 de enero de 2026, el equipo de ingeniería de Starlink en la ciudad californiana de Hawthorne, comenzó a ejecutar la operación para bajar una flota de aproximadamente 4.400 satélites.

Estos aparatos pasarán de su altitud operativa original de 550 kilómetros a una nueva cota de 480 kilómetros, un movimiento crucial para la sostenibilidad en el espacio.

La principal razón de este cambio es la seguridad espacial y la gestión de la «basura espacial». Al reducir la altitud en 70 kilómetros, Starlink logra:

  • Mitigar el riesgo de colisiones: El espacio de órbita baja (LEO) está cada vez más saturado.
  • Acelerar la desintegración de satélites inactivos: A 550 km, un satélite averiado podría tardar hasta cinco años en reingresar a la atmósfera, convirtiéndose en un proyectil incontrolado (Síndrome de Kessler). A 480 km, debido a la mayor densidad atmosférica y el «drag» (resistencia del aire), la desintegración se producirá en apenas unas semanas.

Beneficios directos para los usuarios de Starlink en la Argentina

Para los abonados argentinos, esta reconfiguración se traduce en mejoras tangibles en la calidad del servicio, sin necesidad de modificar sus equipos:

  • Reducción de la latencia (ping): Al acercarse 70 kilómetros a la Tierra, la distancia total de ida y vuelta de los datos se reduce en 140 kilómetros. Esto implica una navegación más ágil, vital para aplicaciones sensibles como juegos en línea, videollamadas y operaciones financieras.
  • Mayor potencia y estabilidad de la señal: La menor distancia permite que la señal de radiofrecuencia llegue con mayor intensidad, mejorando la estabilidad del servicio, especialmente en condiciones climáticas adversas como tormentas.
  • Preparación para «Direct-to-Cell»: La órbita de 480 km es ideal para el despliegue de los nuevos satélites de tercera generación (V3) que soportan la tecnología «Direct-to-Cell», permitiendo que los teléfonos móviles estándar se conecten directamente al satélite. Esto es especialmente relevante para un país con grandes zonas rurales sin cobertura móvil como la Argentina.

Contexto global y desafíos

La Argentina se consolidó como un mercado de rápido crecimiento para Starlink tras la desregulación de 2024, haciendo de la estabilidad de la red satelital un factor clave para sectores estratégicos (minería, petróleo en Vaca Muerta, agro).

La maniobra de SpaceX también es vista como un acto de «autorregulación» ambiental ante las crecientes críticas internacionales y la competencia de constelaciones europeas (IRIS²) y chinas (Guowang).

No obstante, la decisión plantea desafíos:

  • Preocupaciones astronómicas: Los astrónomos temen que al estar un 13% más cerca, los satélites sean un 25% más brillantes. SpaceX contrarresta esto con recubrimientos y parasoles, y argumenta que la menor altitud reduce el tiempo que pasan iluminados por el sol después del anochecer.
  • Logística épica: Mover 4.400 satélites mediante motores de iones es un proceso lento y coordinado que se extenderá durante todo 2026. Los usuarios no percibirán interrupciones gracias a la tecnología de antenas de matriz de fase.

En síntesis, este descenso orbital es una apuesta de Starlink por la longevidad y la responsabilidad ambiental, garantizando la seguridad de sus activos y consolidando la internet satelital como una infraestructura crítica e indispensable para la conectividad del siglo XXI en regiones remotas.

StarlinkNota de R.: Este artículo acerca de Starlink fue publicado originalmente en iProfesional


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César Dergarabedian

Soy periodista. Trabajo en medios de comunicación en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Especializado en tecnologías de la información y la comunicación. Analista en medios de comunicación social graduado en la Universidad del Salvador. Ganador de los premios Sadosky a la Inteligencia Argentina en las categorías de Investigación periodística y de Innovación Periodística, y del premio al Mejor Trabajo Periodístico en Seguridad Informática otorgado por la empresa ESET Latinoamérica. Coautor del libro "Historias de San Luis Digital" junto a Andrea Catalano. Elegido por Social Geek como uno de los "15 editores de tecnología más influyentes en América latina".

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