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La frontera final de la conectividad ya no está en el despliegue de cables submarinos o torres terrestres, sino a pocos cientos de kilómetros sobre nuestras cabezas.

El reciente anuncio de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, sigla en inglés) de los Estados Unidos puede llegar a marcar un punto de inflexión en la historia de las telecomunicaciones: la autorización para que la empresa SpaceX despliegue 7.500 satélites adicionales de segunda generación (Gen2) para su servicio Starlink.

Esta decisión no solo amplía una constelación de Starlink; inaugura la era del «gigabit satelital», una promesa tecnológica que busca eliminar definitivamente las zonas muertas del mapa global y transformar sectores económicos clave, desde el agro hasta la minería.

La carrera por el liderazgo orbital

Bajo la nueva dirección de la FCC, encabezada por Brendan Carr, los Estados Unidos envió una señal clara al mercado global y a competidores como China: la supremacía en el espacio es, fundamentalmente, una cuestión de infraestructura de datos.

La aprobación eleva el total autorizado de satélites Starlink a 15.000 unidades, una cifra sin precedentes que busca saturar el cielo con capacidad de banda ancha de baja latencia.

La arquitectura de la red Gen2 de Starlink representa un salto cualitativo respecto a sus predecesores. Mientras que la primera generación de Starlink operaba a unos 550 kilómetros de altura, los nuevos dispositivos se situarán en órbitas más bajas, entre los 340 y 485 kilómetros.

Esta reducción de la distancia física tiene un impacto directo en la experiencia del usuario de Starlink: una latencia significativamente menor, que podría situarse por debajo de los 20 milisegundos, equiparando la conexión satelital con la fibra óptica convencional.

Innovación técnica: Bandas V y E, el nuevo motor de datos de Starlink

El secreto detrás de esta transformación no reside solo en la cantidad de satélites, sino en el espectro electromagnético que utilizarán.

Los satélites Gen2 incorporan el uso de las bandas V, E y W. A diferencia de las bandas Ku y Ka —que suelen manejar el tráfico directo con el usuario—, las frecuencias de alta frecuencia (como la banda V de 40-75 GHz) se destinan principalmente a los enlaces de «backhaul» o redes de retorno.

Este avance permite multiplicar hasta por cuatro la capacidad de datos de cada satélite. En términos prácticos, esto significa que la congestión, uno de los talones de Aquiles de la tecnología satelital en zonas de alta densidad poblacional, podría pasar al olvido.

La infraestructura Gen2 está diseñada para soportar picos de demanda masivos, permitiendo servicios que antes eran impensables en el espacio, como el streaming en 8K, la realidad virtual en tiempo real y la telemedicina quirúrgica remota.

El impacto en la Argentina: De la saturación al potencial pleno

En el contexto local, la llegada de la tecnología Gen2 es especialmente relevante. Actualmente, la Argentina presenta una paradoja: mientras la adopción de Starlink creció exponencialmente en sectores rurales, áreas metropolitanas como Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe comenzaron a experimentar límites de capacidad, con listas de espera para nuevos usuarios.

La expansión de la red Gen2 promete resolver este cuello de botella para finales de 2026. Para un país cuya economía depende fuertemente de la agroindustria, el impacto es directo.

Los productores en regiones remotas del Noroeste o la Patagonia podrán implementar sensores de Internet de las Cosas (IoT) para monitorear cultivos y ganado en tiempo real con velocidades de gigabit.

En la minería de la Puna, donde la altitud hace que las torres de telefonía fallen, la conectividad robusta permitirá la operación de drones y perforadoras autónomas, aumentando la seguridad y la eficiencia.

Además, la integración del servicio «Direct-to-Cell» (conectividad directa a celulares) podría cambiar las reglas del juego para la seguridad y las emergencias en zonas inhóspitas.

Esta tecnología permitiría que cualquier smartphone estándar se conecte a la red satelital cuando no haya señal terrestre, eliminando el aislamiento en desastres naturales o accidentes en rutas desérticas.

Desafíos y gobernanza espacial

Sin embargo, el despliegue de miles de nuevos satélites no está exento de controversias. La FCC impuso condiciones estrictas a SpaceX para mitigar el riesgo de colisiones y la generación de basura espacial.

La compañía debe cumplir con protocolos de desorbitación acelerada: al estar en órbitas más bajas, los satélites que terminen su vida útil o fallen serán atraídos por la atmósfera y se desintegrarán en cuestión de semanas, en lugar de años.

La competencia también se intensifica. Otros actores, desde Amazon con su Proyecto Kuiper hasta iniciativas gubernamentales chinas, observan de cerca este despliegue.

Lo que está en juego es un mercado valorado en cientos de miles de millones de dólares y la capacidad de dictar los estándares de la comunicación global de la próxima década.

Hacia un futuro sin fronteras digitales

La visión de un mundo donde el código postal no determine la calidad de la conexión a Internet está más cerca que nunca. Con la consolidación de Starlink Gen2, el concepto de «zona muerta» pasará a ser un anacronismo técnico.

La transición hacia el gigabit desde el cielo no solo es una mejora en la velocidad de navegación; es la creación de un nuevo tejido conectivo que promete ampliar el acceso a la economía digital, permitiendo que un programador en la capital fueguina de Ushuaia, un minero en Jujuy o una escuela en el Chaco compitan en igualdad de condiciones con el resto del mundo.

Nota de R.: Este artículo acerca de Starlink fue publicado originalmente en iProfesional


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César Dergarabedian

Soy periodista. Trabajo en medios de comunicación en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Especializado en tecnologías de la información y la comunicación. Analista en medios de comunicación social graduado en la Universidad del Salvador. Ganador de los premios Sadosky a la Inteligencia Argentina en las categorías de Investigación periodística y de Innovación Periodística, y del premio al Mejor Trabajo Periodístico en Seguridad Informática otorgado por la empresa ESET Latinoamérica. Coautor del libro "Historias de San Luis Digital" junto a Andrea Catalano. Elegido por Social Geek como uno de los "15 editores de tecnología más influyentes en América latina".

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