¿Perdemos la capacidad y el deseo de leer libros? Esta inquietud fue tratada en un reciente episodio del podcast de Literacy del diario británico The Guardian: «¿Volveremos a leer libros alguna vez?»
Allí, la premiada escritora de literatura infantil y académica de la Universidad de Oxford, Katherine Rundell, confiesa que a ella misma le cuesta un gran esfuerzo concentrarse en la lectura de libros. Su atención, como revela a la presentadora Helen Pidd, se desvía siempre hacia otros lugares.
Rundell alerta sobre una «crisis de atención» que afecta a niños y adultos por igual. Esta crisis aparece atravesada por la expansión de los teléfonos móviles inteligentes, la fragmentación digital y el profundo impacto de los modelos de lenguaje generativos en el ecosistema educativo.
Para evitar distracciones, la propia académica recurre a bloquear las funciones de su dispositivo móvil con una herramienta restrictiva, guardarlo en una caja bajo llave o directamente apagar la conexión a Internet.
El problema real no radica en una menor capacidad cognitiva de las nuevas generaciones. En realidad, los jóvenes crecen en un entorno que erosiona las condiciones necesarias para la lectura profunda de libros.
Según estudios del National Literacy Trust del Reino Unido, en las últimas dos décadas el porcentaje de niños que dicen disfrutar de la lectura cayó un 36%.
A esto se suma el cierre de más de 800 bibliotecas públicas en los últimos años en territorio británico, un factor que debilita fuertemente el acceso y la presencia cotidiana de los libros en la vida comunitaria.
En el ámbito académico, Rundell advierte que la lectura extensa de libros (por ejemplo, devorar una novela clásica en una sola semana) dejó de ser la norma, incluso en entornos universitarios de élite.
Además, la autora señala que la irrupción de herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT altera radicalmente la forma en que los estudiantes se aproximan al conocimiento. Todo esto plantea desafíos inéditos para la enseñanza y para la estricta evaluación académica.
Ante tasas de lectura que caen en picada en todo ese país europeo, el podcast exige una reflexión profunda: ¿qué se pierde exactamente al momento en que ya no leemos libros por placer?.
Lecturas de libros en el siglo XXI
Como respuesta a esta duda, en una nota de opinión publicada en su blog, el editor Richard Hollick reflexiona sobre este mismo episodio del podcast.
Hollick plantea que quizá la pregunta correcta no sea si dejaremos de leer por completo, sino qué tipo de lectura sobrevivirá en un entorno tecnológico dominado por la velocidad y la distracción.
Esta hipótesis resulta menos apocalíptica y mucho más evolutiva. Propone que la lectura profunda tal vez sea menos masiva en el futuro, pero más consciente; menos automática, pero mucho más elegida.
Si la atención humana se convierte en un recurso escaso, el libro se transforma en un espacio deliberado de resistencia frente a la economía de la interrupción constante. La decisión de abrir un libro representa hoy un acto de rebelión frente a las pantallas.
Frente a este panorama, ¿crees que la lectura profunda mantiene su vigencia en nuestra sociedad actual? ¿Volveremos a disfrutar de los libros o la atención fragmentada ya dictó el final definitivo para esta práctica? Te invito a dejar tus opiniones en los comentarios y a responder a esta pregunta para el futuro de nuestra cultura.
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