El comunicado número 23 de la Junta genocida no prohibía. Al revés: permitía. Permitía en medio del espanto, permitía en medio de las cacerías, permitía en medio de los gritos de los torturados y de las sangres de los asesinados, permitía en medio de tanto prohibir.
El comunicado número 23 autorizaba la transmisión del partido que la Selección Argentina de fútbol jugaría frente a Polonia, del otro lado del mar, como segunda estación de una novedosa gira internacional. Todas las prohibiciones y ese único permiso eran vociferados por el mecanismo de la cadena nacional, con el escudo patrio como ícono semipermanente en las pantallas de tevé aún en blanco y negro, con el eco consecutivo de las marchas militares de fondo, con el miedo consciente de los que sabían que todo eso construía la corporización del miedo, con el miedo flotante de quienes ni advertían que había que tener miedo.
Todo eso fue.
Y es.
Es porque, entonces y ahora, el pasado nunca es únicamente pasado y ni siquiera es sólo pasado y presente. Todo eso es porque el pasado es futuro. O, de otra manera, es porque los sentidos de la vida -y, decisivos entre esos sentidos, los relatos de lo pasado- son algo que se disputa. Y porque, entre otras rutas centrales, esa disputa se viabiliza en lo que se cuenta y en lo que se calla.
La más bruta de las brutales dictaduras argentinas -una dictadura militar, empresarial y eclesiástica- operó fuertemente en la edificación de sonidos y de silencios, o sea de lo permitido y de los prohibido. Lo hizo en el marco del proyecto estratégico de instalación de un modelo económico de concentración de capital en pocas manos, con subordinación entera a organismos internacionales a través de la toma de deuda, con desindustrialización acelerada y, especialmente, con entronización de la timba de la plata llamada técnicamente valorización financiera. Lo hizo apagando con barbarie cualquiera de los intentos precedentes de edificar una sociedad con otra estructura. Lo hizo desapareciendo a 30.000.
Entonces, aquel comunicado número 23 no narra la totalidad del peor de los 24 de marzo, pero sí aprieta mucho de su lógica. Y no abarca todo lo que esa fecha representa medio siglo más tarde, pero sí condensa significaciones. Si en 1976, un cono de silencios (lo prohibido) y una proliferación de ruidos (lo permitido)
Periodista desde 1982. Premio Konex 2007 en Comunicación – Periodismo, con Diploma al Mérito en Prensa Deportiva Escrita.
Nota de R.: La fotografía inicial muestra una instancia del partido entre los seleccionados de fútbol masculino de Polonia y la Argentina, jugado el 24 de marzo de 1976 en la ciudad polaca de Chorzow.
«Memoria 50» es una serie de artículos por el 50° aniversario del inicio de la última dictadura cívico-militar argentina, que se conmemorará el 24 de marzo de 2026. Puedes leer el resto de los artículos aquí.
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