La inminencia del cincuentenario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 que inició la última dictadura cívico-militar argentina requiere un ejercicio de memoria, que incluya esas cosas cotidianas en las que palpita la historia.
A través de una arqueología de la dictadura, esta enumeración de objetos tangibles revela la oscura burocracia, la propaganda, la censura y la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.
El Ford Falcon verde
Automóvil transformado en icono indiscutido del terror. Las fuerzas represivas ilegales lo eligieron por su motor silencioso y su baúl amplio para ejecutar los traslados clandestinos a plena luz del día.
La picana eléctrica
Herramienta de uso rural desviada hacia la tecnificación del dolor. En los centros clandestinos, representó la deshumanización absoluta del cuerpo cautivo al reducir a la persona a un conductor de descargas.
La venda de los ojos
Trozo de tela o sábana rota. Cumplió la función de imponer ceguera a las víctimas para anular su percepción del entorno y garantizar el anonimato de sus captores.
El mimeógrafo Gestetner
Máquina fundamental para la contrainformación militante. Permitió la impresión clandestina de volantes y boletines ante la censura total de los medios de comunicación formales, varios de ellos con líneas editoriales cómplices de los crímenes de la dictadura.
Las fichas personales de la DIPBA
Documentos policiales bonaerenses de cartulina con datos filiatorios. Reflejan la mirada del Estado sobre el ciudadano, convertido en sospechoso sistemático por su mera actividad política o social.
El clasificador de inteligencia por factores
Carpetas y guías de archivo policial. Demuestran la clasificación meticulosa de la dictadura en sectores de vigilancia como el gremial, el estudiantil o el religioso.
El sello de «Estricto Secreto»
Sello de goma de uso burocrático. Su tinta sobre los expedientes validó la clandestinidad de las operaciones y garantizó la impunidad ante el control público y legal.
La tarjeta de archivo de personal
Ficha laboral sustraída de grandes fábricas multinacionales. Los secuestradores la portaban al allanar domicilios, prueba material innegable de la complicidad empresarial en las desapariciones.
Gauchito, mascota del Mundial 78
Dibujo infantil con pañuelo al cuello y rebenque. Multiplicado en llaveros y cuadernos, fue la cara sonriente de un campeonato mundial de fútbol masculino manchado de sangre y violencia institucional.
La pelota Tango
Esfera oficial del torneo de fútbol con diseño de tríadas negras. Su presencia en los patios de la ESMA contrastó el ocio de los represores ilegales con el horror padecido por los prisioneros.
El ticket de entrada al estadio Monumental
Boleto de papel conmemorativo del Mundial 78. Sella la proximidad física aberrante entre la euforia deportiva y uno de los mayores centros de exterminio ubicado a escasas cuadras.
La estampilla postal conmemorativa
Rectángulo de papel emitido por el Correo estatal. Viajó por el mundo con un mensaje de paz y orden para ocultar el drama internacional de las desapariciones forzadas.
La camiseta del seleccionado argentino en el Mundial 78
Prenda deportiva de algodón celeste y blanca. La dictadura se apropió de su valor simbólico para confundir el amor a la patria con el respaldo irrestricto al régimen militar.
El televisor a color
Artefacto tecnológico de lujo promovido especialmente para el Mundial de fútbol masculino jugado en España en 1982. Simbolizó una modernización superficial y cosmética en plena época de desindustrialización y exterminio.
El folleto de la «Campaña Antiargentina»
Papel de propaganda oficial de la dictadura. Bajo el lema «Los argentinos somos derechos y humanos», instaba a los ciudadanos a rechazar las denuncias internacionales sobre las graves violaciones a los derechos humanos.
La banderita de plástico y madera
Objeto de cotillón para celebraciones masivas. Materializó la euforia colectiva por el Mundial 78 canalizada por los militares para ganar legitimidad y aplacar el malestar interno.
El reloj del Casino de Oficiales de la ESMA
En pleno infierno, marcó el tiempo cronológico de los guardias frente al tiempo paralizado de la tortura.
El fixture del Mundial
Guía de los partidos de fútbol de consulta masiva. En sus páginas se imprimió el calendario de un evento diseñado para servir de distracción nacional ante el horror.
El libro «Un elefante ocupa mucho espacio»
Obra de literatura infantil escrita por Elsa Bornemann. La censura prohibió sus páginas por incitar a la huelga pacífica y cuestionar el principio vertical de autoridad.
La Biblia Latinoamericana
Esta versión de las Escrituras estuvo vetado. Las autoridades militares censuraron su circulación por contener fotografías de la pobreza social y promover el compromiso militante con los más desposeídos.
El disco de vinilo «Bicicleta» de Serú Girán
Una obra del rock nacional, cuyas letras elípticas inspiradas en el libro «Alicia en el país de las maravillas» sirvieron de refugio metafórico para la juventud perseguida.
La misiva clandestina en papel higiénico
Trozo de papel sanitario rescatado del baño. Ante la prohibición absoluta de correspondencia, se convirtió en el frágil lienzo de los sentimientos de los prisioneros políticos.
La foto de carnet
Imagen del rostro de un ser querido en formato pequeño. Los familiares la convirtieron en estandarte de marcha para visibilizar a la persona que el Estado intentó borrar.
La baldosa de la memoria
Pieza de cerámica urbana contemporánea. Inscripta con nombres y fechas, reintegra la biografía de la persona secuestrada a las veredas del paisaje cotidiano de su propio barrio.
El proyectil de ejecución
Fragmento letal de plomo rescatado en centros clandestinos de la dictadura. Es la evidencia balística irrefutable de los fusilamientos sistemáticos y de la brutalidad del Estado dictatorial.
La lata de conserva vacía
Envase de hojalata usado por los soldados movilizados en el Atlántico Sur en la guerra por las islas Malvinas. Reflejo del abandono logístico de los altos mandos que no proveían comida caliente en el otoño austral.
El pañuelo blanco
Tela sencilla de pañal anudada en la cabeza. Las Madres de Plaza de Mayo la transformaron en el símbolo universal de la resistencia pacífica y la búsqueda inclaudicable de justicia.
Los grilletes de hierro
Cadenas pesadas de restricción física severa. Limitaron el movimiento de los secuestrados y materializaron el dolor de la privación de la libertad.
El tacho de aceite para tortura
Contenedor metálico lleno de líquidos contaminados. Empleado de manera perversa y sistemática en el asfixiante método de tormento policial conocido vulgarmente como «submarino».
El libro «La torre de cubos»
Obra de la escritora Laura Devetach. El Ministerio de Educación lo prohibió en 1979 por una presunta crítica encubierta a la propiedad privada y a los valores tradicionales.
El cuento ilustrado «Cinco dedos»
Publicación infantil sobre una mano verde y dedos rojos. Los censores paranoicos vieron en el color de la mano villana una ofensa directa al uniforme militar.
La acuarela de Alejandro Deutsch
Dibujo clandestino pintado con trazos de supervivencia. Retrata las literas metálicas y el tedio infinito de la celda para ilustrar el tiempo detenido de los presos políticos.
Cada pieza de esta arqueología material impide el triunfo final del olvido y exige reflexionar sobre los abismos y las fortalezas de la condición humana.
En la inminencia del cincuentenario del golpe de Estado, la memoria se apoya en estos objetos para sostener la demanda irrenunciable de memoria, verdad y justicia.
«Memoria 50» es una serie de artículos por el 50° aniversario del inicio de la última dictadura cívico-militar argentina, que se conmemorará el 24 de marzo de 2026. Puedes leer el resto de los artículos aquí.
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