Celulares, tabletas y consolas vuelven a estar entre los obsequios más buscados para el día del niño. Sin embargo, su llegada al hogar debe incluir controles parentales, contraseñas seguras, límites de compra y conversaciones familiares sobre fraudes, ciberacoso y contactos desconocidos.
El día del niño se celebra en la Argentina este 16 de agosto de 2026 y vuelve a instalar una decisión difícil en muchos hogares. Regalar el primer celular, una tableta o una consola implica evaluar el presupuesto, definir reglas de uso y anticipar los riesgos que aparecen cuando un chico accede a Internet desde un equipo propio.
Los dispositivos conectados ocupan un lugar central en las listas de regalos por el día del niño. A los teléfonos móviles se suman notebooks, relojes inteligentes, juguetes interactivos y equipos para jugar en línea. La compra, sin embargo, no termina en la caja. También exige configurar el dispositivo, actualizarlo y acompañar a los menores durante sus primeros pasos en las plataformas digitales.
El costo inicial es solo una parte de la cuenta. Fundas, protectores de pantalla, abonos de telefonía y reparaciones pueden elevar el gasto durante los meses siguientes. Por eso, antes de elegir un modelo para un niño conviene calcular cuánto costará mantenerlo y qué nivel de resistencia necesita para el uso cotidiano.
La presión del grupo también adelanta la compra del primer teléfono móvil. Algunas familias temen que sus hijos queden afuera de conversaciones escolares o actividades con compañeros. Esa preocupación puede acelerar una decisión que debería considerar la edad y la madurez del niño y la capacidad del adulto para acompañar el uso.
Por qué un regalo conectado puede abrir la puerta a estafas
La Argentina registró 2.300 millones de intentos de ciberataques y 594.000 escaneos activos de vulnerabilidades durante el primer semestre de 2026, según datos de FortiGuard Labs. El país quedó tercero en América latina por volumen de amenazas, detrás de Brasil y México.
Ese escenario vuelve más importante la preparación de los equipos que ingresan al hogar. Un dispositivo sin actualizar, una contraseña reutilizada o una aplicación descargada fuera de la tienda oficial pueden facilitar el robo de cuentas, datos personales e información bancaria.
La facilidad para desplazarse por una pantalla no significa que un niño pueda reconocer un engaño. Los menores suelen dominar aplicaciones y juegos, pero todavía están aprendiendo a evaluar intenciones, detectar pedidos sospechosos y comprender qué información nunca deben compartir.
En una casa, la prevención comienza con hábitos sencillos y conversaciones frecuentes, no solo con herramientas técnicas.
Cuáles son los riesgos digitales más frecuentes para los chicos
Entre las amenazas más habituales aparecen el ciberacoso, el contacto de adultos que usan perfiles falsos, la circulación no autorizada de imágenes privadas y las estafas dentro de videojuegos. Todas aprovechan la confianza, la curiosidad o el deseo de acceder a premios y objetos virtuales.
La ingeniería social es una de las técnicas más utilizadas. El atacante no necesita vulnerar un sistema si logra convencer al niño de entregar un código, una contraseña o los datos de una tarjeta. Para conseguirlo, puede presentarse como otro jugador, un supuesto moderador o alguien que ofrece monedas virtuales.
Los juegos en línea son espacios de socialización diaria y los engaños pueden confundirse con conversaciones normales. Una promesa de premios, mejoras para un personaje o acceso anticipado suele ser el primer paso. Después llegan los pedidos de datos personales, códigos de verificación o medios de pago de los adultos.
La suplantación de identidad también permite iniciar conversaciones privadas sin despertar sospechas. Los delincuentes copian fotografías y nombres, imitan a personas conocidas o inventan perfiles de otros chicos. Con esa apariencia buscan conocer rutinas, domicilios, escuelas y horarios familiares.
El grooming es una de las situaciones de mayor gravedad. Un adulto se presenta con una identidad falsa, construye una relación de confianza con el niño y luego intenta obtener imágenes privadas o sostener encuentros. La recomendación para los chicos debe ser concreta. No aceptar contactos desconocidos, no continuar conversaciones incómodas y pedir ayuda sin temor a un castigo.
El intercambio de imágenes privadas entre adolescentes también puede causar daños duraderos. Una vez enviado, un archivo puede copiarse, reenviarse o publicarse sin consentimiento. Borrarlo del teléfono móvil original no garantiza que desaparezca de otros dispositivos o servicios.
El ciberbullying amplifica las agresiones escolares porque puede continuar fuera del aula, las 24 horas. El anonimato, la velocidad de difusión y la permanencia de capturas o videos agravan el daño y dificultan que la víctima encuentre un espacio de descanso.
Las estafas financieras completan el mapa de amenazas. Existen páginas que imitan tiendas de videojuegos y formularios que prometen accesorios o niveles especiales. Si el niño ingresa una tarjeta o una clave, los delincuentes pueden realizar compras o intentar acceder a otras cuentas vinculadas.
Cómo configurar un dispositivo nuevo antes de entregarlo
La protección debe empezar antes del primer uso. Conviene instalar las actualizaciones disponibles, crear una cuenta para el niño, activar los controles parentales, deshabilitar compras automáticas y revisar los permisos de cámara, micrófono, ubicación y contactos.
En Android, Google Family Link permite administrar aplicaciones, aprobar descargas, establecer horarios y limitar el tiempo de pantalla desde la cuenta del adulto. También puede restringir contenidos de Google Play y mostrar la ubicación de dispositivos compatibles.
El control parental sirve para reducir riesgos, pero no reemplaza el diálogo. Los límites funcionan mejor cuando el niño entiende por qué existen, sabe qué hacer frente a un mensaje extraño y puede pedir ayuda sin perder automáticamente el acceso al equipo.
YouTube permite crear cuentas infantiles supervisadas y ajustar el nivel de contenido desde el Centro Familiar o Family Link. TikTok ofrece Sincronización familiar para fijar límites diarios, programar momentos de desconexión, gestionar privacidad y revisar el tiempo de uso.
Las aplicaciones falsas siguen siendo una vía de entrada para el software malicioso. Algunos programas imitan juegos o servicios conocidos y buscan capturar claves bancarias durante una compra. La descarga debe hacerse desde la tienda oficial y conviene revisar el nombre del desarrollador, los permisos solicitados y las opiniones recientes.
Las compras dentro de aplicaciones deben requerir contraseña, identificación biométrica o autorización del adulto. También es aconsejable evitar que una tarjeta quede guardada en el dispositivo del niño y activar alertas para cada operación.
Los chicos necesitan reglas simples sobre información personal. No deben publicar el nombre completo, la escuela, el domicilio, la fecha de nacimiento ni horarios habituales. Tampoco deben compartir contraseñas, códigos recibidos por mensaje o fotografías de documentos.
Cada servicio debe tener una contraseña diferente y difícil de adivinar. Un gestor de contraseñas puede ayudar a los adultos a administrar las claves. Cuando esté disponible, también conviene activar la verificación en dos pasos para impedir el acceso con una contraseña robada.
Durante la noche, mantener los equipos fuera de la habitación ayuda a cuidar el sueño y reduce el uso sin supervisión. Un punto de carga común en el living o la cocina puede convertirse en una regla familiar que también respeten los adultos.
Fuera de casa, las redes Wi-Fi públicas exigen precaución. Si no es posible verificar quién administra la conexión, es preferible usar datos móviles y evitar compras, trámites o ingresos a cuentas sensibles.
Qué mirar al elegir el primer celular para un chico
El primer celular de un niño no necesita pertenecer a la gama más cara. La elección debería equilibrar precio, resistencia, autonomía y años de actualizaciones de seguridad. También importa que pueda repararse con facilidad y que existan fundas y repuestos disponibles.
Para tareas escolares, mensajería y entretenimiento cotidiano, 128 GB de almacenamiento y 4 GB de memoria RAM forman una base razonable. Una pantalla visible al aire libre y un sistema operativo con soporte vigente son más útiles que funciones que el menor no va a aprovechar.
Una batería de 5.000 mAh o más reduce el riesgo de quedar sin comunicación durante la jornada. La resistencia al agua y al polvo, expresada mediante certificaciones IP, y un vidrio reforzado pueden disminuir daños por salpicaduras y caídas.
Tres modelos disponibles en el mercado argentino
El Nubia Music 2 de 128 GB combina una pantalla de 6,7 pulgadas con tasa de refresco de 120 Hz, 4 GB de RAM y una batería de 5.000 mAh. Su propuesta se concentra en el audio, con tres parlantes, y se ofrece alrededor de los 240.000 pesos en promociones relevadas durante agosto.
El Samsung Galaxy A07 aparece en versiones de 64 GB y 128 GB, con 4 GB de RAM. Entre las ofertas consultadas, la variante de 64 GB se ubicó cerca de los 190.000 pesos y la de 128 GB alrededor de los 300.000 pesos. Antes de comprar, conviene verificar la capacidad porque modifica el precio y la vida útil del equipo.
Los precios cambian según el comercio, la capacidad y el medio de pago. Antes de cerrar la compra, hay que comprobar el costo final financiado, la garantía, la disponibilidad de servicio técnico y si el cargador está incluido.
El Motorola Moto G17 de 128 GB se ofreció cerca de los 320.000 pesos en la tienda consultada. Incluye una batería de 5.200 mAh, protección IP64 y vidrio Gorilla Glass 3, características útiles frente al uso intensivo y los accidentes cotidianos.
Qué revisar si el celular es reacondicionado
Un equipo reacondicionado puede bajar el gasto, pero debe comprarse con factura y garantía escrita. Es importante revisar que la batería conserve al menos entre el 80 y el 85 por ciento de su capacidad, comprobar que el IMEI no tenga denuncias y probar cámaras, micrófono, parlantes, botones y puerto de carga.
Las promociones bancarias y de billeteras digitales por el día del niño pueden reducir el desembolso, aunque los topes de reintegro y las cuotas cambian con frecuencia. La comparación debe hacerse sobre el monto total a pagar y no solo sobre el porcentaje anunciado.
Cómo acompañar sin controlar cada movimiento
La autonomía digital se construye con reglas acordadas, diálogo frecuente y disponibilidad de los adultos. Prohibir sin explicar puede empujar al niño a ocultar problemas. Supervisar no significa leer cada conversación, sino establecer límites acordes con la edad y revisar juntos las situaciones que generan dudas.
Las pautas deben incluir qué aplicaciones pueden instalarse, con quién pueden comunicarse, cuándo se apagan las pantallas y qué compras requieren permiso. También conviene acordar una respuesta para emergencias, como bloquear un contacto, capturar la pantalla y avisar a un adulto.
Las advertencias que antes se concentraban en la calle ahora también alcanzan a plataformas, juegos y mensajería. La prevención física y la digital se cruzan cuando un chico comparte su ubicación, publica una rutina o conversa con alguien que no conoce fuera de Internet.
Una encuesta del Observatorio de Seguridad de Verisure indica que el 99 por ciento de las familias argentinas con hijos menores de 17 años conversa sobre prevención. El dato muestra que el tema está presente, pero la frecuencia y la calidad de esas charlas siguen siendo decisivas.
El mismo relevamiento señala que el 74 por ciento de los padres pide a sus hijos que avisen al llegar a destino, el 67 por ciento enseña a no hablar con desconocidos y el 66 por ciento promueve la atención al entorno. Esas reglas pueden extenderse al uso del celular con criterios simples y consistentes.
Las alarmas, cámaras y alertas del hogar pueden sumar información, pero no sustituyen la educación ni la confianza. La meta es que los chicos incorporen hábitos de cuidado y puedan tomar decisiones seguras cuando un adulto no está mirando.
Según el estudio, el 75 por ciento de los encuestados considera importante contar con sistemas de seguridad dentro de la vivienda y el 79 por ciento valora recibir alertas tempranas ante movimientos inusuales. Estas herramientas deben usarse con criterios conocidos por toda la familia.
La tranquilidad no surge de vigilar cada actividad. Aparece cuando el niño sabe reconocer una situación de riesgo, entiende las reglas y confía en que puede pedir ayuda. Educación, límites y herramientas de seguridad cumplen funciones distintas y se refuerzan entre sí.
El día del niño ofrece una ocasión concreta para conversar antes de encender el regalo. El acuerdo inicial puede definir aplicaciones permitidas, horarios, compras, contactos y consecuencias ante incumplimientos. También debería indicar qué hará la familia si aparece un pedido de dinero, una amenaza o un mensaje de una persona desconocida.
Los adultos también necesitan respetar los momentos sin pantalla que proponen. El ejemplo cotidiano vuelve más creíble las reglas y facilita que el cuidado digital se convierta en una práctica compartida, en lugar de una imposición dirigida solo a los chicos.
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