¿Es posible desafiar el destino? ¿O basta un instante, un encuentro, para reescribir lo inevitable? «Praga París. De ideales y amores», la nueva novela de Sergio Faraudo, es una inmersión en los laberintos del tiempo, donde las fronteras entre pasado y futuro se difuminan.
Aquí, el amor emerge como una fuerza capaz de desafiar lo prescrito, sugiriendo que el destino puede cambiar su curso si el corazón se atreve a escuchar. Es una invitación a perderse donde el azar y el deseo se entrelazan, y cada elección resuena en el porvenir.
En su debut con Planeta, Faraudo teje las vidas de seis jóvenes universitarios —Giovanni, Eva, Beatrice, Jaslo, Benji y Donato—, en un relato de amor, pérdida y revolución. Sus historias convergen entre los cafés bohemios de París y el fervor político de Praga en 1989.
A medida que sus caminos se cruzan, influenciados por deseos secretos y el peso de su pasado, son atraídos hacia Baiona, un pueblo fortaleza español, donde se revela el poder perdurable de su conexión.
«Praga París. De ideales y amores» es una exploración de Faraudo acerca de la identidad, la búsqueda de sentido y las fuerzas silenciosas que nos unen a través del tiempo y la distancia.
Faraudo explicó así el origen de su obra: “Esta historia me buscó y me encontró, casi por azar, sumergido en los eventos de la caída del Muro de Berlín y en los convulsionados años de París y Praga. En respuesta a esas vivencias que me desbordaron nace esta ficción que decidí compartir con los lectores”.
La novela de Faraudo presenta personajes con profundo compromiso social y sensibilidad artística, jóvenes de ayer y adultos de hoy que continúan imaginando y actuando para expandir el campo de lo posible.
Oriundo de Santa Rosa, la capital de La Pampa, faraudo es abogado con posgrados en París y un máster en economía y ciencias políticas. Posee una vasta experiencia en dirección de empresas en Francia, España, Brasil y la Argentina, y es un orador especializado en temas de liderazgo y cultura. Además, es instructor certificado de yoga.
Escribe novelas y adaptaciones teatrales. La primera parte de esta obra fue llevada al escenario en Buenos Aires durante tres temporadas. Sus años de estudio en París durante la década de 1980 fueron para Faraudo la inspiración para esta novela.
Un fragmento de la nueva novela de Sergio Faraudo
A continuación, un fragmento del capítulo III de “Praga París. De ideales y amores” de Sergio Faraudo:
“El frío atardecer blanco se recostaba sobre el río Moldava, y la música sacada a girones de un viejo y despintado instrumento surcaba toda la longitud del Puente de Carlos, camino al Castillo de Praga. Los dedos entumecidos, surgentes de unos añosos guantes de lana recortados, sostenían el arco con vigor. Música llena de melancolía que acompañaba la escena del lugar y que era saludada y reconocida por los grupos de turistas en su camino hacia la Ciudad Vieja. Entre interpretaciones, un trago intenso de vodka calentaba su cuerpo y reavivaba su interior lleno de dudas y preguntas sin respuestas. Llevaba años habitando en el Barrio Pequeño, anexo al Barrio del Castillo. Allí lo llamaban “el Toscano”, y desde su alta en el hospital central, tras tres años de convalecencia, había pasado a ser un personaje de sus calles y sus rincones. A pesar de su memoria deteriorada por las esquirlas recibidas, su estado de salud era óptimo; solo que ese día en la Plaza de Wenceslao quedaron hundidos en el cemento su pasado y su historia. Pero eso no impedía que su lengua italiana lo llevara todo el tiempo a compartir anécdotas de su Toscana en un tiempo que no había sido el propio. Y nada había podido con su virtuosismo musical. Sin partituras, con los ojos entrecerrados, hilvanaba una pieza tras otra de extrema complejidad y sensibilidad. Y para el final de sus actos de arte callejero, luego de un silencio intenso y dosificado, todo su cuerpo tomaba una postura de entrega y densidad. Sus ojos se abrían enormes sobre la niebla del Moldava y el contrabajo vibraba, entregaba toda su emoción contenida, desandando acordes de Marin Marais.
Eran cinco minutos en los cuales la magia se apoderaba del lugar, y Donato podía, entre sombras, divisar en el centro de su entrecejo ese bello rostro inalcanzable, volvía a sentir su aliento fresco y su perfume tan deseado… para nuevamente dejar caer la oportunidad de ese beso imposible. El arco se elevaba al final de la composición y las lágrimas lo volvían a sorprender, presas de una pena extraña e indescifrable. Su humor, el de siempre, el que lo distinguía en antaño, ya no era el mismo. El humor después del humor”.
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