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Buenos Aires ostenta una posición de privilegio en lo que respecta al talento y la infraestructura académica. Con 38 universidades, cerca de un millón de alumnos matriculados y más de mil investigadores de primer nivel concentrados en un radio urbano reducido, la Capital Federal se consolidó como el polo principal de la economía del conocimiento en el país.

Sin embargo, un nuevo libro advierte sobre la distancia sustancial que separa a este ecosistema de sus competidores regionales en materia de empresas iniciales («startups») e incubadoras tecnológicas.

La obra, titulada «Buenos Aires Deep Tech» y editada por Punto de Encuentro, surge de una investigación del Centro de Estudios del Desarrollo del Área Metropolitana de Buenos Aires (CEDEAM), de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

La publicación plantea que la tecnología de frontera («deep tech») abarca áreas estratégicas como la inteligencia artificial avanzada, la biotecnología, la salud, la energía y los nuevos materiales. A diferencia del desarrollo de aplicaciones convencionales, este sector demanda una fuerte inversión inicial en investigación, contempla plazos extensos y fundamenta su valor en la propiedad intelectual.

Durante la presentación oficial en la Facultad de Ciencias Económicas, el 27 de abril, el director del CEDEAM, Raúl Sánchez, expuso datos que invitan al debate: A pesar del volumen de profesionales y laboratorios, Buenos Aires registra una cantidad inferior de firmas de base tecnológica si se la compara con urbes como Sao Paulo o Medellín.

Raúl Sánchez en la presentación de Buenos Aires Deep Tech.

Raúl Sánchez en la presentación de Buenos Aires Deep Tech.

Mariela Balbo, ex subsecretaria de Desarrollo Emprendedor, docente y directora financiera de la empresa Crafobiotech, señaló que el libro busca incentivar medidas efectivas para activar esa capacidad latente.

Mariela Balbo en la presentación de Buenos Aires Deep Tech.

Mariela Balbo en la presentación de Buenos Aires Deep Tech.

Uno de los principales obstáculos identificados reside en el financiamiento. Los proyectos científicos necesitan inversores dispuestos a sostener desembolsos prolongados antes de percibir los primeros ingresos significativos.

En el entorno local, múltiples desarrollos demuestran solvencia técnica, pero carecen de los recursos indispensables para dar el salto hacia una producción a gran escala. El libro propone la creación de esquemas mixtos de coinversión y herramientas financieras diseñadas de acuerdo con el riesgo real de la actividad.

Alan Plummer, investigador del CEDEAM, detalló los ejes de un debate que ya no pasa solo por la capacidad de innovación, sino por la aptitud sistémica para edificar empresas competitivas.

De acuerdo con el análisis, los casos exitosos actuales surgen de manera aislada y no como resultado de un andamiaje institucional coordinado. La reconversión hacia una economía basada en la ciencia requiere políticas públicas orientadas, estímulos a la demanda temprana y una arquitectura financiera que brinde previsibilidad en el tiempo.

Alam Plummer en la presentación de Buenos Aires Deep Tech.

Alam Plummer en la presentación de Buenos Aires Deep Tech.

Un análisis de Buenos Aires Deep Tech

Integré el panel de presentación del libro, que puedes comprar aquí, junto a Sánchez, Balbo y Plummer. Te comparto a continuación el texto que leí en mi intervención:

Buenas tardes a todos. Autoridades, emprendedores, científicos y, muy especialmente, a los autores de esta obra fundamental que hoy nos convoca.

Como periodista especializado en tecnologías de la información y la comunicación, paso gran parte de mis días escuchando promesas. Escucho sobre la próxima gran aplicación que va a «revolucionar» el mercado, sobre el enésimo unicornio digital, o sobre cómo la inteligencia artificial va a cambiar nuestras vidas mañana mismo. Sin embargo, rara vez me encuentro con un análisis que detenga la pelota, mire por debajo de la superficie y se atreva a diseccionar el motor real del desarrollo productivo de largo plazo. Eso es exactamente lo que logran Raúl Sánchez, Alan Plummer, Alejandra Vivas, María Victoria Quayat, Matías Lucio Piccolo y Ana Sofía Rojo Brizuela en «Buenos Aires Deep Tech – Innovación, ciencia y desarrollo productivo en la Ciudad del futuro».

Este libro llega en un momento crítico y funciona como un balde de agua fría de indispensable realismo estratégico. Nos plantea una premisa que debería incomodarnos y motivarnos en partes iguales: la Ciudad de Buenos Aires tiene todo para ser una potencia tecnológica global, pero corre el riesgo de quedarse en la superficie de la economía del conocimiento si no asume los desafíos de la innovación profunda.

El libro trata sobre la ciudad de Buenos Aires, donde nací hace 61 años; esta ciudad donde me formé en la Escuela Normal Mariano Acosta; esta ciudad donde nació mi padre Roberto, egresado como contador público nacional en esta misma facultad; esta ciudad donde nacieron y se formaron mis hijas María y Agustina; esta ciudad donde mi esposa Cristina se graduó en trabajo social en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA; esta ciudad donde trabajo en medios de comunicación de manera ininterrumpida desde 1986.

Para que esta lectura fluya, los invito a que me acompañen a desgranar el excelente diagnóstico que presenta esta obra y, sobre todo, a comprender los desafíos que enfrenta Buenos Aires, para que la ciencia no se quede oxidando en los laboratorios, sino que se convierta en la riqueza productiva del mañana.

Presentación de Buenos Aires Deep Tech.

La ilusión de la abundancia y la paradoja porteña

El libro parte de un diagnóstico innegable: Buenos Aires es un caso atípico en el mundo en desarrollo, una anomalía institucional y científica. Esta ciudad concentra 38 universidades, institutos del Conicet, hospitales de alta complejidad y más de 13.000 investigadores y becarios. Concentra el 34% de la inversión nacional en Investigación y Desarrollo (I+D) 5. Tiene una densidad de talento excepcional, forjada por un sistema universitario público y privado que es envidia en la región. Pero aquí es donde el libro nos advierte sobre la principal paradoja: tener los ingredientes no significa tener la receta, y mucho menos el restaurante funcionando. Hoy, la traslación sistemática de esas brillantes capacidades científicas hacia estructuras productivas de frontera no está garantizada.

Es imperativo entender de qué hablamos cuando hablamos de Deep Tech o tecnologías profundas. Como bien delimitan los autores, el Deep Tech no es una simple aplicación móvil o un software de gestión; es el negocio de convertir ciencia de frontera en productos tangibles. Hablamos de biotecnología, inteligencia artificial aplicada a la salud, computación cuántica, nuevos materiales y tecnología aeroespacial. Mientras una startup digital tradicional basa su riesgo en encontrar rápidamente un mercado (el famoso product-market fit), la startup Deep Tech enfrenta un riesgo primordialmente científico e ingenieril: el desafío es lograr que la tecnología, que muchas veces roza los límites de lo imposible, efectivamente funcione.

Y es en este tránsito, del paper académico a la solución productiva, donde el libro identifica los grandes cuellos de botella que asfixian el desarrollo del Deep Tech en Buenos Aires. A continuación, resumiré estos desafíos estructurales.

Presentación de Buenos Aires Deep Tech.

Desafío 1: El muro financiero y la urgencia del «capital paciente»

El primer gran obstáculo que describe la obra es el financiamiento. El Deep Tech requiere un capital que sepa esperar; un capital paciente que tolere altos niveles de incertidumbre técnica y largos períodos de maduración. Mientras una app puede escalar en meses, una empresa biotecnológica puede requerir de cinco a diez años de ensayos clínicos, prototipado y validaciones regulatorias antes de facturar su primer peso.

En Argentina, contamos con un ecosistema de Venture Capital (capital de riesgo) dinámico, pero que ha sido históricamente moldeado por la volatilidad macroeconómica. El libro nos expone a una realidad cruda que han bautizado como el «Latam Discount» o descuento latinoamericano. Por la falta de previsibilidad institucional y la dificultad de valuar activos intangibles como patentes o algoritmos en nuestro entorno, los inversores aplican tasas de descuento altísimas a los proyectos locales, encareciendo y dificultando enormemente su camino a la escala global.

Como detalla el capítulo sobre arquitectura financiera, nos topamos frecuentemente con el «valle de la muerte»: esa brecha letal entre la investigación financiada por el Estado y la madurez necesaria para atraer capital privado. Sin fondos que asuman el altísimo riesgo temprano, nuestros científicos se ven obligados a migrar, o peor aún, a adaptar sus proyectos hacia innovaciones de menor impacto para poder sobrevivir.

Desafío 2: La materialidad de la innovación (infraestructura e insumos)

En mi labor periodística, suelo escuchar que la innovación requiere apenas una buena conexión a Internet y una notebook. El libro derriba este mito de un plumazo: el Deep Tech es el encuentro de los bits con los átomos.

Esta materialidad significa que las startups necesitan infraestructura dura: biorreactores, laboratorios de bioseguridad nivel 3, capacidad de cómputo de alto rendimiento (HPC) y placas GPU para entrenar modelos de inteligencia artificial. En Buenos Aires, el acceso a esta infraestructura crítica es profundamente desigual.

Pero el desafío no termina allí. En un entorno macroeconómico caracterizado históricamente por restricciones cambiarias y barreras al comercio, importar un reactivo químico, un sensor avanzado o un repuesto para hardware especializado se convierte en una odisea. Si un equipo pierde tres meses en la aduana esperando un insumo crítico, no solo se encarece el proyecto, sino que se pierde la ventana de oportunidad global. Como bien postula la obra, el tipo de cambio y la logística no son simples variables de contexto, sino determinantes directos de la tasa de experimentación científica.

Desafío 3: La fragmentación institucional y la burocracia de la transferencia

El tercer desafío es quizás el más doloroso: la desconexión entre la academia y el mercado. Buenos Aires posee una densidad institucional envidiable, pero esa proximidad espacial no garantiza una integración funcional.

El conocimiento muchas veces queda atrapado en una jaula de burocracia. Los mecanismos de transferencia tecnológica en las universidades e institutos de investigación suelen ser lentos, rígidos y poco estandarizados. Si obtener una licencia exclusiva para una tecnología desarrollada en un laboratorio público demora más de un año, el inversor global de riesgo simplemente toma su capital y se va a otro lado.

A esto se le suma una cuestión normativa profunda. Las reglas de la carrera académica aún evalúan al investigador casi exclusivamente por sus publicaciones (papers), penalizando o desincentivando indirectamente su participación en la creación de empresas de base científico-tecnológica (EBCT). El ecosistema porteño exige, como plantea la obra, una modernización urgente de los regímenes de propiedad intelectual y de dedicación de nuestros científicos, para que emprender deje de ser un acto de rebeldía institucional y pase a ser una trayectoria apoyada por el sistema.

Desafío 4: El cortoplacismo de la política pública y el Estado como primer cliente

Finalmente, el libro realiza una radiografía muy lúcida sobre el rol del Gobierno porteño y las políticas públicas. Buenos Aires ha sido pionera en impulsar distritos económicos y fomento emprendedor, desde el Distrito Tecnológico en Parque Patricios hasta el flamante Parque de la Innovación en Núñez.

Sin embargo, el desafío que plantea el Deep Tech expone los límites de estas políticas cuando se aplican de manera genérica. Programas incubadores históricos como IncuBAte son excelentes para capacitar emprendedores tradicionales o de servicios digitales, pero resultan insuficientes para las necesidades de una empresa que está desarrollando terapias génicas o infraestructura espacial. Un emprendimiento de Deep Tech no necesita solo un espacio de coworking y mentoría en modelos de negocio; necesita validación clínica, entornos de prueba reales (testbeds) y capital intensivo.

Además, el libro señala una carencia estructural en el paradigma estatal: el Estado debe dejar de ser un mero espectador o un simple otorgador de subsidios para asumir el rol de «inversor de primer recurso» y de «primer adoptante». La falta de políticas robustas de compra pública de innovación impide que el propio gobierno actúe como el primer cliente sofisticado. Si la ciudad no compra o no adopta las tecnologías de frontera que se diseñan en su propio territorio (para su sistema de salud, transporte o seguridad), se pierde la oportunidad de validar estas tecnologías ante el mundo, restándoles legitimidad frente a los capitales privados.

Presentación de Buenos Aires Deep Tech.

Las luces en el camino: Casos de resiliencia porteña

Pese a este escenario de barreras, el libro no es un testamento pesimista. Por el contrario, nos demuestra que Buenos Aires ya es una plataforma urbana de Deep Tech gracias a casos de resiliencia. Los autores analizan empresas faro que han logrado validarse globalmente manteniendo un anclaje vital en nuestra ciudad.

Mencionan el caso de Satellogic, que validó la posibilidad de fabricar nanosatélites de observación terrestre utilizando la ingeniería y el talento forjado en nuestro sistema público, probando que podemos insertarnos en la exigente economía espacial global.

Nos presentan a Stamm, una startup de biomanufactura que desafía el paradigma industrial tradicional, utilizando microfluídica e impresión 3D para crear biorreactores descentralizados. Y lo fascinante es que desarrollan esta tecnología no en una lejana zona franca, sino en un laboratorio ubicado en pleno microcentro porteño, demostrando que el Deep Tech puede y debe integrarse a la trama urbana densa.

Y exponen el caso de Entelai, nacida de la investigación en Conicet y la UBA, articulada con la excelencia clínica del instituto Fleni, que hoy utiliza inteligencia artificial médica para diagnósticos neurológicos de altísima precisión, logrando incluso ser la primera empresa de la región en obtener aprobación de ANMAT para software de inteligencia artificial médica.

Estos casos son inspiradores, pero también son una advertencia: hoy, estos éxitos ocurren muchas veces a pesar del sistema y no gracias a él.

La hoja de ruta: El pacto por la ciudad del futuro

Para que estos casos excepcionales se conviertan en la regla, los autores de «Buenos Aires Deep Tech» no se limitan a la crítica; nos entregan una verdadera hoja de ruta, un programa de política de Estado que resulta de lectura obligatoria para cualquier dirigente político, rector universitario o líder empresarial.

  • Proponen la creación de una Agencia BA autárquica, que profesionalice y blinde el presupuesto científico de los ciclos y vaivenes electorales.
  • Proponen un Fondo de Fondos Deep Tech, donde la Ciudad comparta el riesgo inicial para atraer y apalancar capital privado internacional.
  • Proponen Vouchers de Infraestructura (Wet Lab as a Service), para que las startups no mueran por no poder comprar un costoso biorreactor, sino que puedan alquilar horas de uso en los laboratorios públicos y privados de la ciudad.
  • Y fundamentalmente, proponen el Pacto BA-2040, un acuerdo transversal que establezca a la innovación profunda como el norte innegociable del desarrollo productivo porteño en las próximas décadas.

Conclusión

Para finalizar, como periodista que cubre ininterrumpidamente esta vertiginosa era tecnológica desde 1997, quiero destacar la valentía intelectual de este libro. Nos enfrenta a un espejo incómodo pero necesario.

La carrera global por dominar las tecnologías de la próxima generación (la inteligencia artificial, la biotecnología, los materiales avanzados) se está acelerando a un ritmo feroz. Buenos Aires tiene el talento, tiene la historia, tiene las universidades y la creatividad. Pero el talento, sin una estructura que lo contenga y lo financie, simplemente se sube a un avión o se licúa en la precariedad.

«Buenos Aires Deep Tech» nos demuestra de forma empírica y rigurosa que el salto hacia una economía de frontera es posible. Pero exige dejar atrás los eslóganes vacíos sobre el emprendedurismo y arremangarse para construir una arquitectura institucional sólida. Exige, como dice la obra en sus páginas finales, que la ciudad deje de verse a sí misma como una mera proveedora de servicios y asuma su rol de arquitecta de sistemas complejos.

Felicito a los autores por este trabajo necesario. Han trazado el mapa. Ahora, el desafío, el de todos los que formamos parte de este ecosistema, es empezar a caminarlo.

Muchas gracias y buenas tardes.

Buenos Aires Deep Tech

Portada del libro Buenos Aires Deep Tech.


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César Dergarabedian

Soy periodista. Trabajo en medios de comunicación en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Especializado en tecnologías de la información y la comunicación. Analista en medios de comunicación social graduado en la Universidad del Salvador. Ganador de los premios Sadosky a la Inteligencia Argentina en las categorías de Investigación periodística y de Innovación Periodística, y del premio al Mejor Trabajo Periodístico en Seguridad Informática otorgado por la empresa ESET Latinoamérica. Coautor del libro "Historias de San Luis Digital" junto a Andrea Catalano. Elegido por Social Geek como uno de los "15 editores de tecnología más influyentes en América latina".

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