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La compañía Vivent Biosignals comenzó a operar en la Argentina con biosensores y aprendizaje automático capaces de traducir en tiempo real las señales fisiológicas de los cultivos.

Vivent Biosignals abrió sus operaciones en la Argentina con una propuesta que promete cambiar la manera en que los productores entienden lo que ocurre dentro de sus cultivos. La compañía suiza, que se define como nativa en inteligencia artificial, desarrolló un sistema de biosensores que capta las señales eléctricas de las plantas y las convierte en datos procesables mediante aprendizaje automático.

El resultado es un diagnóstico en tiempo real que anticipa plagas, sequías y carencias nutricionales entre 5 y 10 días antes de que los síntomas aparezcan a simple vista.

Fernando Derossi, director general ejecutivo global de la compañía y socio del proyecto, me explicó el alcance de esta tecnología. Derossi es argentino, acumula más de 20 años de trayectoria en tecnología aplicada al agro y trabajó en multinacionales como Syngenta y BASF antes de asumir la conducción de Vivent a principios de este año.

La Argentina fue elegida como base de operaciones para la expansión en América latina. La decisión se apoyó en la capacidad del productor local para incorporar tecnología de avanzada. «El productor argentino está en la vanguardia global en la adopción de tecnología e innovación», afirmó Derossi.

El desembarco se concretó después de una ronda de inversión de 8,6 millones de dólares cerrada a finales de 2025, con la participación de fondos como Agri Investment Fund, Horticoop y Pymwymic.

La sede inicial funciona en Buenos Aires, aunque el plan contempla sumar agrónomos en distintas regiones del país para brindar asistencia técnica directa. También se trabaja en alianzas con distribuidores regionales, con acuerdos ya vigentes en Brasil y negociaciones en curso en la Argentina.

Biosensor Vita de Vivent Biosignals

Biosensor Vita de Vivent Biosignals.

Qué tecnología usa Vivent Biosignals para interpretar las señales de las plantas

El corazón de la propuesta es un dispositivo llamado Vita. Se trata de un biosensor alimentado por una batería de litio con autonomía de entre 9 y 10 meses, suficiente para cubrir toda una campaña agrícola sin recargas ni interrupciones. El equipo se instala junto al tallo de la planta y, desde allí, electrodos fabricados con el mismo material que se emplea en estudios cardíacos humanos se conectan al cultivo.

La recomendación de la compañía es instalar entre 6 y 8 sensores por ambiente de producción. Las plantas que reciben los electrodos funcionan como centinelas y representan a todo el sector del lote. A partir de ese grupo, el sistema obtiene la información necesaria para generar un diagnóstico integral.

Las plantas tienen actividad eléctrica permanente. Los iones circulan por sus tejidos conductores y producen impulsos que reflejan de forma directa su estado fisiológico. Cuando la planta sufre por calor, frío, falta de agua, ataque de insectos o déficit de nitrógeno, fósforo o potasio, esos impulsos se alteran.

El biosensor Vita captura esas micro señales eléctricas de manera ininterrumpida. Derossi lo comparó con la medicina humana: «Es el Holter permanente de las plantas».

Biosensor Vita de Vivent Biosignals

Biosensor Vita de Vivent Biosignals

Cómo viajan los datos desde el campo hasta la nube y qué hace la IA con ellos

Una vez que el sensor recoge la señal de la planta centinela, la información viaja en tiempo real hacia servidores de Amazon Web Services a través de un gateway de baja frecuencia y bajo consumo basado en tecnología LoRa.

Si la zona no cuenta con señal de Internet convencional, el equipo puede operar con una tarjeta SIM de telefonía móvil, en línea con las propuestas de conectividad y la Internet de las cosas que la empresa Telecom impulsa para establecimientos rurales.

Incluso en áreas sin cobertura móvil, Vivent realizó pruebas exitosas en Brasil con conexión satelital de Starlink. Los equipos son autónomos: donde no hay red eléctrica, se alimentan con un panel solar pequeño y una batería. Toda la información fluye de forma constante para que no se pierda un solo segundo de datos del cultivo.

En la nube, los modelos de aprendizaje automático y los algoritmos analizan las señales eléctricas recibidas. La inteligencia artificial busca patrones anormales que se desvíen del comportamiento habitual de la planta. Mediante un árbol de decisión entrenado, el sistema identifica con precisión qué tipo de factor adverso afecta al cultivo en ese momento.

El resultado llega al productor a través de una plataforma digital interactiva. En esa pantalla se visualiza un índice general de adaptación del cultivo con un código de colores: verde indica que todo funciona bien, amarillo pide atención y rojo señala una situación crítica.

Biosensor Vita de Vivent Biosignals

Biosensor Vita de Vivent Biosignals

Cómo es la función que permite conversar con las plantas desde el celular

Vivent ya integró sus sistemas con los modelos de lenguaje de OpenAI, los creadores de ChatGPT. Hoy, más de 60 clientes de la compañía en el mundo conversan de manera literal con sus plantas a través de una interfaz de chat en sus teléfonos celulares.

«Vos podés escribirle un mensaje a tu planta para preguntarle cómo está, y ella te responde si se siente mal y por qué», contó Derossi. La respuesta no es una simulación fantasiosa, sino un reporte científico procesado por la inteligencia artificial. La planta puede informar si necesita un riego urgente o si registra una deficiencia de potasio.

El objetivo inmediato de la compañía es lanzar una aplicación móvil que traduzca esta interacción a mensajes de voz. De este modo, en pocos meses será posible hablar de forma directa con las plantas en el lote. La herramienta responderá con base científica sobre el potencial de rendimiento y el impacto estimado de cualquier factor de estrés.

Fernando Derossi CEO de Vivent Biosignals

Fernando Derossi

Qué beneficios concretos ofrece esta tecnología a los productores argentinos

El principal aporte es la anticipación. La agricultura tradicional reacciona cuando el problema ya es visible, pero en ese punto el hongo ya colonizó el tejido o la sequía ya marchitó las hojas. Los biosensores avisan entre 5 y 10 días antes de que los síntomas se manifiesten ante el ojo humano. Esa ventana de tiempo permite aplicar un tratamiento de manera preventiva y evitar pérdidas masivas de rendimiento.

En la Argentina, la tecnología apunta a cultivos intensivos y extensivos. Entre los primeros se destacan la papa, el tomate y una variedad amplia de frutales. La herramienta se adapta tanto a frutas finas como la frutilla como a frutales duros como la manzana y la pera.

También resulta muy útil en uva de mesa y en viñedos orientados a la producción vitivinícola de alta gama, donde el control preciso del estrés hídrico define la calidad final de la uva.

En cultivos extensivos como la soja y el maíz, los sensores cumplen tres funciones centrales para grandes productores y semilleros: el monitoreo de la producción, la validación de sensores remotos y la selección de variedades más resistentes.

«En soja funciona muy bien la selección de variedades para ver cuál responde mejor a las condiciones locales, y en maíz testeamos híbridos con fines comerciales», señaló Derossi.

Los sensores también funcionan como complemento de las herramientas que ya se usan en el establecimiento. A veces los sensores de suelo indican buena humedad, pero la planta muestra estrés hídrico interno en el tablero.

Eso ocurre por desequilibrios nutricionales que impiden que las raíces absorban el agua de forma correcta. Sin el sensor en el tallo, ese problema pasaría inadvertido hasta que fuera demasiado tarde.

Con datos reales sobre el nivel de estrés de nutrientes, los productores pueden dosificar solo lo necesario, reducir costos de insumos y mejorar la rentabilidad.

Por qué el monitoreo en tiempo real mejora la sustentabilidad ambiental en el campo

Conocer el estado real de los cultivos minuto a minuto permite tomar decisiones de manejo más eficientes y sustentables. La agricultura de precisión deja de basarse en calendarios fijos y pasa a responder a necesidades reales.

La reducción del uso de agroquímicos es uno de los aportes más significativos. Cuando se sabe con una anticipación de 5 a 10 días que hay una amenaza concreta de enfermedad, se pueden aplicar fungicidas de manera dirigida. Esto elimina las aplicaciones preventivas masivas que cargan el ambiente de químicos.

El manejo del agua también se beneficia. En zonas áridas o con sistemas de riego artificial como los valles frutícolas o los viñedos de Cuyo, cada gota cuenta. El sensor indica con exactitud el momento en que el cultivo empieza a sufrir estrés hídrico, de modo que se riega únicamente cuando hace falta, con un ahorro de agua considerable.

Este enfoque se alinea con las exigencias de los mercados internacionales. Los consumidores globales demandan alimentos con menor huella de carbono y menor uso de pesticidas. Certificar prácticas sustentables con datos científicos reales le otorga a la producción un valor diferencial de exportación.

De cara a 2027, la hoja de ruta de la compañía contempla integrar imágenes de los cultivos y datos meteorológicos con las bioseñales, lo que otorgará a los productores una precisión de diagnóstico aún mayor, con recomendaciones automáticas de manejo eficiente.

Cuánto cuesta incorporar los biosensores de Vivent en un campo argentino

El modelo comercial tiene dos componentes. Por un lado, la adquisición del hardware, es decir, los dispositivos físicos que se instalan en los cultivos. Por otro, una suscripción anual que da acceso al software de procesamiento y a los servicios de soporte.

La compra inicial se realiza en general en paquetes de dos juegos de sensores. Cada juego incluye 8 biosensores Vita, lo que da un total de 16 unidades para distribuir en los lotes. El costo de este paquete, que cubre hardware y suscripción anual, se ubica entre 13.000 y 15.000 dólares.

Los biosensores Vita tienen una durabilidad garantizada de al menos tres años, con la expectativa de extenderla a un cuarto año según los resultados de las últimas campañas. Si se divide el gasto de capital a lo largo de tres o cuatro años, el costo anual por hectárea baja de forma notable.

Además, los sensores son móviles: si cambia el esquema de rotación o termina la campaña de un cultivo intensivo, se pueden trasladar a otro lote sin inconvenientes.

La suscripción anual incluye acceso a un tablero de control sin límite de usuarios para el personal de campo. Ingenieros, asesores y encargados de riego pueden visualizar alertas y mapas de calor en tiempo real desde cualquier dispositivo.

También contempla acompañamiento continuo de agrónomos de la compañía, con el objetivo de que la información se convierta en decisiones agronómicas simples que impacten de forma positiva en los rendimientos.

La nueva aplicación móvil que lanzará Vivent incorporará una función para calcular el retorno de la inversión de manera automática. Así, el productor podrá visualizar con precisión cuánto dinero ahorra en agua, fertilizantes y fitosanitarios.

Qué planes tiene Vivent Biosignals para crecer en la Argentina y en la región

Vivent planea expandir sus funciones técnicas en la Argentina. La compañía buscará conformar equipos de desarrollo de producto y soporte técnico con profesionales locales, lo que representa una oportunidad para el talento nacional de insertarse en un proyecto de inteligencia artificial aplicada con alcance global.

La empresa cuenta con presencia probada en más de 25 países. Su base de datos supera los dos millones de días de monitoreo acumulados en tiempo real, lo que constituye la biblioteca de bioseñales de cultivos más grande del mundo, respaldada por más de 35 patentes registradas.

Como empresa certificada con el sello B Corp, su propósito se asocia a la producción sustentable de alimentos y a la reducción del impacto ambiental mediante un uso eficiente de los recursos.

Nota de R.: Este artículo acerca de Vivent Biosignals fue publicado originalmente en iProfesional


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César Dergarabedian

Soy periodista. Trabajo en medios de comunicación en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Especializado en tecnologías de la información y la comunicación. Analista en medios de comunicación social graduado en la Universidad del Salvador. Ganador de los premios Sadosky a la Inteligencia Argentina en las categorías de Investigación periodística y de Innovación Periodística, y del premio al Mejor Trabajo Periodístico en Seguridad Informática otorgado por la empresa ESET Latinoamérica. Coautor del libro "Historias de San Luis Digital" junto a Andrea Catalano. Elegido por Social Geek como uno de los "15 editores de tecnología más influyentes en América latina".

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