Jorge Rafael Videla y el secreto de sus ojos

Jorge Rafael Videla, el primero de los dictadores del último régimen militar de la Argentina, falleció este 17 de mayo a los 87 años en la cárcel de Marcos Paz, en el oeste del Gran Buenos Aires, donde cumplía una condena a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad cometidos durante su gobierno entre 1976 y 1981.

Mi existencia entre los 11 y los 19 años estuvo signada y dañada por la dictadura que inauguró Videla el 24 de marzo de 1976 con el golpe cívico-militar que derrocó al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón.

Entre ese año y 1983, miles de vidas fueron tronchadas por los militares que fueron instrumento de una clase dominante para instaurar un modelo social y económico en beneficio de ese sector.

El dictador Jorge Rafael Videla en la inauguración de la Exposición Rural en Palermo, Buenos Aires, en 1976. Fuente: Wikimedia.

Aunque Videla murió en una cárcel común como consecuencia de un proceso judicial inédito en el mundo, su fallecimiento no es un motivo para celebrar. El dictador se llevó a la tumba mucha información acerca del destino de unas 30 mil personas que fueron secuestradas y desaparecidas.

En el siguiente discurso, Videla justifica el golpe de 1976:

Videla se suma a una lista de militares fallecidos que, además de no mostrar nunca arrepentimiento ni intención de pedir perdón y de restituir el daño cometido por los crímenes que cometieron, tampoco dijeron dónde se encuentran los archivos que permitirían esclarecer el destino de miles de personas desaparecidas. Videla se llevó al infierno ese secreto de sus ojos.

4 comentarios sobre “Jorge Rafael Videla y el secreto de sus ojos”

  1. Mi convicción y comprensión de todo esto que he vivido en carne propia es lo siguiente:

    1. Había una necesidad de grandes cambios en el país y existía un justo reclamo de la ciudadanía, para que sus intereses -grandes o pequeños- fuesen tenidos en cuenta. (Boleto estudiantil, por citar un ejemplo).

    2. Había un oscuro plan en América para instaurar el comunismo ateo. Una parte del plan era incentivar en la población sus justos reclamos para que, si fuese necesario, se recurriese a las armas para lograr los objetivos propuestos. Claro, una vez que tomaban el poder no iban a atender esos reclamos. Solamente era un engaño para que el comunismo se estableciese en el país. El gobierno democrático era débil y a veces complaciente con esta situación, no advirtiendo o no queriendo reconocer el peligro que se avecinaba.

    3. Los militares -conscientes de que instalándose el comunismo ellos serían avasallados- decidieron tomar el poder y combatir con energía al terrorismo. Sin embargo, una vez en el poder, hicieron lo mismo que hubiesen hecho los comunistas: muertes, desaparecidos, torturas, etc. No supieron o no quisieron actuar tomando en cuenta las leyes vigentes. Para hacerlo más rápido argumentaron que ésta era una guerra y que, como tal, había que actuar velozmente, sin utilizar los mecanismos legales. Esto no fue todo: sintiéndose poderosos quisieron cambiar las costumbres del país, su mentalidad; y pretendieron perpetuarse en el gobierno del país. Gracias a la derrota en las Malvinas tuvieron que bajar la cabeza y anunciar un pronto restablecimiento de la democracia.

    4. Los nuevos gobiernos democráticos que sucedieron a los militares comenzaron siendo justos; pero luego, afianzados en el poder, hicieron lo mismo que hubiesen hecho los comunistas y los militares: no atendieron a las necesidades y derechos de los ciudadanos, actuando con soberbia, enriqueciéndose, robando al pueblo y a la nación.

    En otras palabras (y esto es fuerte y cuesta reconocerlo): los comunistas, los militares y los democráticos han exprimido al pueblo, sin contemplar sus reclamos.

    Por supuesto, peor que los demócratas son los militares y peor que éstos, los comunistas. Sin embargo, no queremos quedarnos con el menos peor; queremos un gobierno justo, que reconozca el trabajo, el estudio y el esfuerzo de los ciudadanos. Que no permita a unos pocos enriquecerse, a costa de manejar arbitrariamente los números y las finanzas. Que haya trabajo y oportunidades de estudio para todos, que se combata a los jefes máximos de los carteles en Argentina, que se combata la esclavitud y la trata de personas. Que se cuiden los intereses del territorio nacional (reservas de agua, minería, bosques), que se arme al ejército para que pueda cuidar las fronteras que constantemente se corren, achicando nuestro territorio. Que se arme y entrene a la policía, aumentando la cantidad de efectivos y seleccionándolos convenientemente. Pagando a militares y policías sueldos acordes a la gran responsabilidad que tienen. Que se cierren todas las cuentas en el exterior de dineros mal habidos, repatriando ese dinero a nuestro país y pagando con ello, en su totalidad, la deuda externa.

    No sé si es mucho o es poco lo que pido; pero me parece que es lo mínimo que el pueblo necesita y se merece.

    1. ejejeejejejje…….. a simple vista sus palabras parecen no tener ninguna cercania con las ideologias democraticas, militares o comunistas como usted dice,, pero veo una contradicción en el remate de su escrito, pues hace un llamado al fortalecimiento de lo militar de manera reiterativa.. le pregunto no será que usted se inclina más a la corriente militarista que supuestamente critica ???? jejejej

  2. Mi convicción y comprensión de todo esto que he vivido en carne propia es lo siguiente:

    1. Había una necesidad de grandes cambios en el país y existía un justo reclamo de la ciudadanía, para que sus intereses -grandes o pequeños- fuesen tenidos en cuenta. (Boleto estudiantil, por citar un ejemplo).

    2. Había un oscuro plan en América para instaurar el comunismo ateo. Una parte del plan era incentivar en la población sus justos reclamos para que, si fuese necesario, se recurriese a las armas para lograr los objetivos propuestos. Claro, una vez que tomaban el poder no iban a atender esos reclamos. Solamente era un engaño para que el comunismo se estableciese en el país. El gobierno democrático era débil y a veces complaciente con esta situación, no advirtiendo o no queriendo reconocer el peligro que se avecinaba.

    3. Los militares -conscientes de que instalándose el comunismo ellos serían avasallados- decidieron tomar el poder y combatir con energía al terrorismo. Sin embargo, una vez en el poder, hicieron lo mismo que hubiesen hecho los comunistas: muertes, desaparecidos, torturas, etc. No supieron o no quisieron actuar tomando en cuenta las leyes vigentes. Para hacerlo más rápido argumentaron que ésta era una guerra y que, como tal, había que actuar velozmente, sin utilizar los mecanismos legales. Esto no fue todo: sintiéndose poderosos quisieron cambiar las costumbres del país, su mentalidad; y pretendieron perpetuarse en el gobierno del país. Gracias a la derrota en las Malvinas tuvieron que bajar la cabeza y anunciar un pronto restablecimiento de la democracia.

    4. Los nuevos gobiernos democráticos que sucedieron a los militares comenzaron siendo justos; pero luego, afianzados en el poder, hicieron lo mismo que hubiesen hecho los comunistas y los militares: no atendieron a las necesidades y derechos de los ciudadanos, actuando con soberbia, enriqueciéndose, robando al pueblo y a la nación.

    En otras palabras (y esto es fuerte y cuesta reconocerlo): los comunistas, los militares y los democráticos han exprimido al pueblo, sin contemplar sus reclamos.

    Por supuesto, peor que los demócratas son los militares y peor que éstos, los comunistas. Sin embargo, no queremos quedarnos con el menos peor; queremos un gobierno justo, que reconozca el trabajo, el estudio y el esfuerzo de los ciudadanos. Que no permita a unos pocos enriquecerse, a costa de manejar arbitrariamente los números y las finanzas. Que haya trabajo y oportunidades de estudio para todos, que se combata a los jefes máximos de los carteles en Argentina, que se combata la esclavitud y la trata de personas. Que se cuiden los intereses del territorio nacional (reservas de agua, minería, bosques), que se arme al ejército para que pueda cuidar las fronteras que constantemente se corren, achicando nuestro territorio. Que se arme y entrene a la policía, aumentando la cantidad de efectivos y seleccionándolos convenientemente. Pagando a militares y policías sueldos acordes a la gran responsabilidad que tienen. Que se cierren todas las cuentas en el exterior de dineros mal habidos, repatriando ese dinero a nuestro país y pagando con ello, en su totalidad, la deuda externa.

    No sé si es mucho o es poco lo que pido; pero me parece que es lo mínimo que el pueblo necesita y se merece.

  3. «Le pregunto: ¿no será que usted se inclina más a la corriente militarista que, supuestamente, critica?»

    Para nada; sucede que tengo información acerca de lo que sucede en nuestras fronteras, ya sea acerca del corrimiento de las mismas achicando nuestro territorio y acerca de la entrada de la droga a través de las fronteras desprotegidas. El ejército necesita estar debidamente armado y con suficientes radares que funcionen, helicópteros, aviones de reconocimiento, para cumplir con la protección de nuestras fronteras. Pero también necesitan -tanto los militares como los policías- sueldos acordes a su función; para no ser tentados a recibir coimas o a corromperse, cuando reciben un sueldo miserable.

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