Enrique Escande, maestro de periodistas


“Pibe, cortá esos cables, seleccionáte algunos sobre el conflicto de los maestros y te cuento qué hacemos”, me decía en septiembre de 1985 en una vieja casona en Buenos Aires donde funcionaba la agencia de noticias Efe Enrique Escande, maestro de periodistas, quien falleció a los 62 años el 6 de julio de 2013.

Trabajé con Escande entre septiembre y diciembre de ese año, en la “primavera alfonsinista”, mientras realizaba una pasantía en la redacción de la agencia, en el viejo edificio de la calle Guido, entre la avenida Callao y la calle Rodríguez Peña, en el barrio porteño de Recoleta.

Mi primera tarea cuando llegaba a la redacción era manual: cortaba los rollos de papel que escupían las ruidosas impresoras matriz de punto de las agencias de noticias locales, luego clasificaba las noticias y las apilaba por sección. Escande me marcaba algunos cables para armar otro bajo sus indicaciones. Redactaba la nota en una máquina de escribir y se la entregaba a Escande, quien me marcaba las correcciones para armar al final el original que luego se enviaba por un sistema interno a Madrid, sede central de la agencia.

Conocí a este periodista cuando finalizaba mis estudios de periodismo en la Universidad del Salvador. Las enseñanzas de Escande en esos cuatro meses me resultaron más útiles en los 27 años que llevo ejerciendo el periodismo que las clases teóricas de redacción de tres años en la universidad.

En la misma redacción donde también trabajaba en esa época Alberto Arébalos, hoy responsable de Comunicación de Facebook para América latina, Escande me explicó los conceptos básicos del periodismo de agencia de noticias y también predicó con su ejemplo como trabajador. Años después lo reencontré en manifestaciones organizadas por el gremio de prensa porteño (UTPBA), y en otras actividades sindicales.

Como bien lo definió una nota sin firma, publicada dos días después de su muerte, en el diario porteño Clarín, Escande fue un “compañero leal, militante de las cuestiones esenciales de la existencia, adversario de las injusticias (…) una presencia querible y consecuente, ya desde hace décadas, en los debates cotidianos y en las marchas callejeras en las que se sueña por una humanidad mejor”.

Enrique Escande. Fuente: Clarín.
Enrique Escande. Fuente: Clarín.

Videla según Escande
El siguiente cable de Efe fue escrito por Escande el 17 de mayo de 2013, y refleja su estilo depurado y directo:

“Videla celebraba goles a metros de un campo de concentración

Buenos Aires, 17 mayo (EFE).- El dictador Jorge Rafael Videla celebraba con entusiasmo los goles de Argentina en la final del Mundial de fútbol de 1978 en el estadio Monumental ante Holanda, a menos de mil metros de un campo de concentración donde las Fuerzas Armadas torturaban y mataban gente.

El gesto desencajado de su rostro ante un gol marcado por los albicelestes ha quedado grabado en las páginas más tristes de la historia del deporte más popular de su país.

A Videla le importaba un rábano el fútbol, pero en aquellos días lo utilizó para crear una imagen falsa de una presunta alegría popular por un título y dar a entender que no existían en la sociedad preocupaciones por otros asuntos.

‘Los argentinos somos derechos y humanos’, insistían los anuncios de la dictadura mientras que sus cabecillas, el general del Ejército Videla, el jefe de la Marina almirante Eduardo Emilio Massera y el de la Fuerza Aérea brigadier Orlando Agosti disponían quiénes tenían o no derecho a la vida.

El estadio Monumental, el principal de los seis escenarios del Mundial’78, está situado muy cerca de la Escuela de Mecánica de la Armada, el mayor centro clandestino de detención, tortura y muerte de aquellos años. A unos ocho minutos andando.

Una distancia suficiente para que el eco del grito de una multitud se escuchara con nitidez en celdas oscuras, el salas de torturas, en recintos donde parían a sus hijos mujeres detenidas y posteriormente desaparecidas.

En ese agujero de la Marina de Guerra donde se instruyó a miles de jóvenes para torturar y matar, se llevaba todo aquello a la práctica mientras la selección argentina superaba a la de Holanda por 3-1 en noventa minutos de juego más treinta de una prórroga.

Videla creyó que la puesta en escena era perfecta. Que todo había salido bien. Que se había dado un ejemplo al mundo de armonía y paz en un país que las Fuerzas Armadas estaban ‘reorganizando’.

Le condenaron de por vida por la comisión de delitos de lesa humanidad. Le indultaron. Se reabrieron los procesos en la Justicia, fue condenado nuevamente y pasó parte de su vida en la cárcel, donde murió en un calabozo los 87 años.

Desde aquella final con Holanda disputada el 25 de junio de 1978, Videla no volvió a pisar un estadio. Le importaba un rábano el fútbol, como tampoco las vidas de 30.000 desaparecidos durante la dictadura que encabezó desde el golpe de 1976 y que terminó con otros jerarcas castrenses en 1983, cuando se recuperó la democracia”.

El testimonio de Jesús Manso
Jesús Manso, colega de Escande en Efe, publicó el 6 de julio de 2013 la siguiente nota en esa agencia:

“El argentino Enrique ‘Coné’ Escande, uno de los grandes periodistas deportivos latinoamericanos, falleció hoy (6 de julio) en su querido Buenos Aires donde había nacido hace 62 años. Hasta siempre, maestro.

Esa sería la aséptica noticia de una agencia de prensa como EFE en la que Quique trabajó durante más de treinta años y en la que dejó su saber y maestría y también, por qué no, parte de su vida.

Sería fácil resumir su trayectoria profesional mencionando la ingente cantidad de coberturas internacionales, en las que siempre puso una nota de distinción que dio prestigio a la empresa para la que trabajaba.

Maestro de periodistas deportivos, no en vano fue director de la escuela de periodismo Deportea, en la capital argentina, Quique, muy conocido en toda Latinoamérica sobre todo por sus impecables crónicas de fútbol, se ganó a pulso su apelativo de ‘Coné’.

Más de una vez me contó el motivo del apelativo. ‘No me quedaba más remedio que aclarar que mi apellido empezaba con é y de tanto repetirlo en hoteles y oficinas de acreditación los ‘malvados’ compañeros me comenzaron a llamar así y en Chile creyeron que era otro de mis apellidos’.

Compañero de mil batallas y de noches solitarias al otro lado del teletipo nos conocimos en persona en los Juegos Olímpicos de Seúl. Entré en la oficina y allá estaba él. Nos miramos, no nos dijimos nada, pero el acto siguiente fue un fraternal abrazo. Después de años de amistad ‘por el hilo’ nos habíamos conocido en persona.

Desde entonces y hasta este día en el que tengo que escribir de él en pasado la amistad perduró sin altibajos. Una amistad que logramos hacer extensiva a nuestras respectivas familias.

Autor de algunas de las mejores crónicas de unas cuantas finales de Campeonatos Mundiales de Fútbol, Quique fue también un prolífico escritor que dejó obras tan sentidas como ‘Nolo. El fútbol de la cabeza a los pies’, en la que el gran protagonista era el ex delantero de la selección argentina de fútbol Manuel ‘Nolo’ Ferreira, nacido en la localidad argentina de Trenque Lauquen, a la que tan entrañablemente unido estaba el hoy fallecido.

Su última aportación informativa fue una nota sobre el delantero Carlos Tevez titulada así: ‘La selección argentina está bien sin mí y yo también sin ella’. Eran las 22.30 GMT del viernes. Previamente se había hecho eco de la alegría de Buenos Aires por albergar los Juegos de la Juventud de 2018, así como del deseo de Julio Grondona, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), quien quería que el Mundial 2030 se dispute en su país y Uruguay.

Admirador y amigo de personajes entrañables como el inolvidable uruguayo Diego Lucero, una de las figuras señeras de la información sobre fútbol en América, fue fiel siempre a los que le rodearon y más de una vez ello le supuso quebraderos de cabeza.

Son legión los que admiraron sus escritos y de ello fue fiel reflejo ese ‘monstruo’ que él no tuvo entre sus preferencias, el Twitter, donde infinidad de personas hicieron constar su pesadumbre por su marcha. Paradojas de la vida este medio fue el que puso en alerta a sus amigos sobre su repentina muerte.

Quique, con raíces europeas como muchos de sus compatriotas, tenía la intención de volar una vez más al Viejo Continente y pese a las opiniones en contra de su esposa, Celia, quien le recordaba que ya habían visitado en muchas ocasiones España, el viejo Escande dispuso que en octubre tenían que visitar de nuevo a los amigos españoles y de hecho ayer mismo había comprado los pasajes.

Nunca pensé a lo largo de mi carrera que tendría que escribir un perfil, en el que por exigencias del guión tuve que estar comedido, para rendir homenaje a un amigo, a un compañero, aquel, que en Lima, en 1990, durante unos Juegos Sudamericanos me arropó con su abrazo mientras me decía: ‘Tu madre ha muerto’”.

Un comentario en “Enrique Escande, maestro de periodistas”

  1. Mi pesame por la perdida de tu maestro. Para su familia sera muy importante saber que ha dejado un legado por el cual su memoria sigue viviendo en el trabajo de otros.

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