Mi visita al interior de las Naciones Unidas

«Parece las Naciones Unidas«. Comprobé «in situ» la veracidad de esa frase que sirve para ilustrar una situación donde hay gran pluralidad de etnias, razas u orígenes el 30 de abril de 2014 en la propia sede de la ONU.

Ese día, bajo una fuerte lluvia, ingresé junto a mi hija Agustina al edificio de las Naciones Unidas, en la ciudad estadounidense de New York, con una cicerone de lujo: mi prima Vera Nazarian, una de las representantes diplomáticas de Armenia, el país de origen de mi familia paterna y de mi apellido, en la ONU.

Durante dos horas, recorrimos y visitamos junto a ella varios lugares históricos, algunos vedados o de acceso muy limitado para los turistas.

En esos 120 minutos, comprobé que los edificios ubicados en la 1ª Avenida, entre las calles 42 y 48, son uno de los pocos sitios en el mundo que mejor representan a toda la humanidad..

Como buenos periodistas, comenzamos por el espacio donde se realizan las conferencias de prensa.

En los pasillos hay muchas obras de arte donadas por los 193 países miembros, como «La regla de oro«, un mosaico hecho a partir de una pintura de Norman Rockwell, y el mural «La lucha del hombre por la paz«, del artista español José Vela Zanetti.

Hay diferentes salones de reuniones. Pudimos ver algunas sesiones de las diferentes comisiones de trabajo. Puedes hacer clic sobre la imagen para ampliarla.

Uno de lus lugares más importantes es la sala del Consejo de Seguridad de la ONU, la instancia que tiene la responsabilidad primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales. Puedes hacer clic sobre la imagen para ampliarla.

Por supuesto, me tomaron una fotografía en este lugar histórico:

El edificio tiene amplios espacios para el descanso y el trabajo de los delegados. Y hay un lugar reservado para los diplomáticos de alto rango, con vistas al East River y un decorado elegante y lujoso. Puedes hacer clic sobre la imagen para ampliarla

Hay un espacio dedicado al desarme, donde se observan restos de las explosiones nucleares de Hiroshima y Nagasaki, como monedas, botellas y la estatua de piedra de Santa Inés, minas terrestres de varias formas y tamaños, y obras artísticas relacionadas al tema.

Entre esas obras se destaca «La escopetarra«, una guitarra hecha con un fusil AK47 por César López, músico colombiano y activista social.

El punto culminante de la visita fue el recorrido por la sala de sesiones de la asamblea general de la ONU. El salón era provisorio, porque el famoso recinto estaba en ese momento en reparación y renovación. El tradicional lugar fue reinaugurado el 15 de septiembre.

La sala provisoria contenía la escenografía habitual de la ONU:

Y por supuesto, me tomaron una foto:

Esas dos horas fueron como un baño de inmersión en la ONU. Era un día de trabajo normal, con actividad incesante. Vera (en la siguiente foto), quien nació y se crió en la Argentina, donde viaja varias veces al año, nos explicó las labores diplomáticas y varias anécdotas jugosas pero que no puedo reproducir para mantener la confidencialidad de esos temas y situaciones.

Antes de finalizar la visita almorzamos en el restaurante central del edificio de las Naciones Unidas. Nunca tuve una comida con tantos comensales de origen tan variado.

Luego de despedirnos de Vera en la entrada principal del edificio, esperamos un bus que nos llevaría al departamento que habíamos alquilado en New York. Mientras llovía, reflexioné que hay muchas razones para sentirse inquieto por el estado en que se encuentra el mundo. Pero también hay muchas razones para la esperanza. Y una de esas razones son las Naciones Unidas y personas como Vera, que trabajan por un mundo mejor, en especial para los más desprotegidos.

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