La censura del siglo 21


Dos creencias habitan en el canon del pensamiento contemporáneo sobre el periodismo. La primera es que Internet es la fuerza más poderosa y disruptiva que afectó a los medios de comunicación. La segunda es que Internet y las herramientas de comunicación e información que dio lugar la Red, como YouTube, Twitter y Facebook, están cambiando el poder de los gobiernos a la sociedad civil.

Es difícil no estar de acuerdo con estas dos creencias. Sin embargo, hay evidencia de que los gobiernos tienen tanto éxito como Internet en censurar a los medios de comunicación independientes y en controlar la información que llega a la sociedad.

Por otra parte, en muchos países pobres o en aquellos con regímenes autocráticos, las acciones del gobierno son más importantes que Internet en la definición de cómo se produce y se consume la información.

Las afirmaciones de los párrafos anteriores pertenecen a Philip Bennett y Moisés Naim, quienes las explayaron en este artículo publicado el 5 de enero en Columbia Journalism Review.

Censura. Fuente: Wikimedia.Bennet y Naim señalaron que la censura florece en la era de la información. En teoría, las nuevas tecnologías hacen que sea más difícil, y en última instancia, imposible, que los gobiernos controlen el flujo de información. Algunos hasta argumentaron que el nacimiento de Internet anunciaba la muerte de censura.

Pero los gobiernos pasaron de espectadores en la revolución digital a ser los primeros en adoptar tecnologías avanzadas que les permiten monitorear los periodistas, y dirigir el flujo de información.

Hoy muchos gobiernos aprovechan Internet para censurar a través de nuevos medios. En países como Hungría, Turquía y Kenia, los funcionarios imitan a autocracias como Rusia, Irán o China, y crean herramientas más sutiles para complementar los instrumentos contundentes para atacar a los periodistas.

Como resultado, la promesa de Internet como una vía de libre acceso a fuentes independientes es una realidad que solo tiene la minoría de la humanidad que vive en las democracias maduras.

Bennet y Naim apuntaron que “en muchos lugares el uso de Internet y la censura se están expandiendo rápidamente, al mismo tiempo”. Y mientras que Internet es visto como “un fenómeno global, la censura puede parecer un problema parroquial o nacional, en otras palabras, aislado. La evidencia –afirma la nota– sugiere lo contrario”. Y para ello revisaron los casos de Venezuela, Hungría, Pakistán, Turquía y Rusia.

Bennett es el director del Centro DeWitt Wallace para los Medios y la Democracia y profesor de la Facultad Sanford de Política Pública de la Universidad de Duke. Fue ex editor ejecutivo del diario The Washington Post.

Naim es un miembro de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, columnista y editor de The Atlantic. Este año se “sacó la lotería” cuando el creador y dueño de Facebook, Mark Zuckerberg, abrió el 2 de enero un club de lectura en esa red social llamado “A year of books” (Un año de libros) y escogió, para inaugurarlo, una obra de este autor venezolano, “El fin del poder”. Tres horas después de que se pusiese en marcha ya se habían agotado todos los ejemplares disponibles en Amazon y en la cadena de librerías estadounidense Barnes&Noble

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