Voces argentinas sobre el genocidio armenio: Vera Anush K. de Nazarian

El 24 de abril se cumplirán 100 años del inicio del genocidio armenio, mi comunidad de origen por el lado paterno.

Uno de los desafíos que plantean el trabajo de recordar y homenajear a las víctimas y damnificados de estas tragedias es encarnar a esas personas para que dejen de ser una cifra, una más entre miles de protagonistas anónimos. Con ese propósito entrevisté a argentinos descendientes de sobrevivientes del genocidio.

En las siguientes líneas, el testimonio de la administradora agraria, bachiller magna cum laude en sociología y cultura, y máster en derechos humanos en la Columbia University Vera Anush Karagozlu de Nazarian, 56 años, residente en New York, EE.UU.

-¿Qué parientes tuyos, que conociste en persona, vivieron en carne propia el genocidio?
-Parientes míos que han sobrevivido el genocidio, y que me hayan contado principalmente mis padres de sus vivencias durante el genocidio, han sido mi abuelo Asadur Karagozian; sus tres hermanas, Mariam, Lousaper y Yester. El marido de Lousaper, el tío abuelo Aram, y para recordarlos en estos días, aunque no eran parientes, pero quienes cuidaron de mi abuelo, huérfanos del genocidio y quienes se conocieron en el orfelinato, Diguin Isquie y Baron Gulbenk.

Del lado de mi madre, su tío materno, Scon Derman, quien fue detenido el 24 de abril de 1915 en Constantinopla. El tío Scon fue uno de los pocos que fueron liberados. Aunque yo no llegué a conocerlo, mi madre siempre hablaba de él y de cómo su tío impacto en su vida.

De los parientes de mi marido, Levon Nazarian, he conocido a sus dos abuelas y a mi suegro, Garbis Nazarian, QEPD -quien falleció hace unas semanas y quien hubiese cumplido 100 años el 24 de abril del corriente año. Mi suegro nunca celebraba su cumpleaños ya que decía que era un día muy triste en nuestra historia.

-A partir de tus recuerdos y vivencias, ¿cómo impactó en ellos lo sucedido hace 100 años?
-Esta pregunta en una muy complicada y difícil de llenar ya que creo que ninguno llegó a expresar sus reales sentimientos y dolor, sus penas y agonías. Callaban para olvidar, para no pasar rencores y dolores, pero sus sufrimientos se sentían a flor de piel.

También sé que mi abuelo Asadur, quien fundó la Iglesia Armenia de San Jorge en Vicente López, provincia de Buenos Aires, lo hizo en memoria de su padre, quien fue decapitado en plaza pública junto a sus dos hijos mayores. “Dede”, como llamamos a nuestros abuelos, construyó la iglesia con toda la comunidad local armenia, siendo todos incluidos en conmemorar a los mártires del genocidio y en celebrar la Gloria de Dios.

También sé que mi abuelo, quien vivió sus últimos 17 años de su vida con mi familia, tenía pesadillas a diario. Lloro al pensar en las noches de tortura que soporto y vivió hasta entregarse a su descanso final.
Mi tía abuela Yester no ha contado lo sucedido, pero también sé que ella era una beba de brazos y fue tirada contra la pared para que muriese pero sobrevivió, aunque dejando rasgos en ella que quizás no la dejaron vivir una vida plena.

De la tía abuela Miriam tengo pocos recuerdos, pero llenos de dulzura. Ella crió a sus hermanas y les dio cariño, ternura y dedicación a los descendientes de su hermano y su hermana Lousaper. Fue hermana, madre, abuela, y es así que ella tomó el rol de contener a todos. Fue muy querida y respetada. Mi madre la admiraba inmensamente y siempre hablaba de su sabiduría. El haber sobrevivido el genocidio le dio una madurez que la asistió a llevar la familia adelante.

De la tía abuela Lousaper y el tío abuelo Aram (Nota de R.: fueron los abuelos paternos del editor de este blog) tengo recuerdos de domingos de visita en la casa de ellos, llena de alegrías y abejas. Pensando al escribir estas líneas pienso en el simbolismo de las abejas, en la miel y el «petag» que nos daba el tío Aram y como lo disfrutábamos. Ellos habrán decidido celebrar la vida para que los recuerdos oscuros no los invadiesen. Vivencias seleccionadas por muchos y quizás hasta lección de vida para las generaciones futuras.
A Diguin Isquie y a Barón Gulbenk el impacto fue el dolor diario de sus recuerdos, sólo decían que eran huérfanos y que se conocieron en el orfelinato. Pero la tristeza, el dolor y las añoranzas de sus familias eran palabras frecuentes, amén de sus expresiones y lenguajes corporales.

Del tío Scon, farmacéutico, mi madre decía que era requerido como si fuese médico, normal de la época y que era un hombre de pocas palabras, parco y refinado, e inmensamente respetado.

-¿Cuál es tu posición y actitud ante el centenario del genocidio armenio?
-Esta pregunta es difícil de contestar, pero desde comienzos del año pasado que mi dolor y angustia se han ido incrementando. El centenario está pasando las expectativas que teníamos y está llegando a estar en los medios periodísticos y demás a diario, movilizando y concientizando a tantos de lo que sucedió a nuestra gente.

Como miembro activa de mi comunidad global, disemino lo sucedido con franqueza, diplomacia y cordura. Celebro las distintas iniciativas ya que están siendo llevadas en forma noble y elevando lo sucedido en unas plataforma muy humanitaria, profesional y académica.

-¿Cómo recordarás el centenario del genocidio armenio?
-Recordare este año como un momento en que todos los armenios unidos expusimos nuestro Genocidio abiertamente ante la comunidad global. Recordaré con lágrimas las historias que fueron compartidas digitalmente y oralmente, haciendo memoria de cada uno de nuestros mártires.

También recordaré que este año marca un nuevo comienzo ante la verdad, y con suerte con una reconciliación que nos llevara a un nuevo comienzo post-2015 donde las generaciones de los pueblos que forman nuestra comunidad global podrán vivir con armonía, respeto y dignidad.

Puedes leer las respuestas del resto de los entrevistados aquí.

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