Mujeres y periodistas: Laura Mafud

Con motivo del día internacional de la mujer, que se conmemorará el 8 de marzo, realicé una encuesta entre periodistas mujeres de la Argentina y América latina, con el propósito de conocer y difundir la situación laboral que ellas viven y los desafíos que enfrentan en su trabajo cotidiano, en el contexto de sociedades donde se registran desigualdades de género.

Debajo, las respuestas que me compartió Laura Mafud. Al final de la nota encontrarás una ficha personal de ella.

-En cuanto a situaciones de discriminación de género, ¿qué puedes decir acerca de lo que ocurre en el medio donde trabajas o en el medio al cual tu trabajo periodístico como “freelance”?

– Desde hace más de una década, trabajo en relación de dependencia para el área de Suplementos y Revistas de El Cronista Comercial. En líneas generales, a lo largo de estos 10 años, habiéndome desempeñado en distintas áreas y roles, nunca sentí, desde el medio como tal, que hubiera tenido menos oportunidades de crecimiento o desarrollo que un compañero varón: ni desde la asignación de notas que pudieran ser más interesantes de hacer ni desde la invitación a participar de una cobertura de un evento en el exterior ni, tampoco, desde la posibilidad de recibir un ascenso y aceptar nuevos desafíos. De hecho, integro una redacción mixta y, si bien en la dirección o edición General, hoy son los hombres quienes están a cargo, no creo que esa pauta responda a una cuestión de preferencia género sino, simplemente, al profesionalismo de quienes ocupan el cargo. Hay editoras mujeres, jefas mujeres y gerentas mujeres.

– ¿Persiste el machismo en las redacciones, en las asignaciones de notas y en las coberturas periodísticas?

– No, no creo. Al menos no en la redacción que integro.

– ¿Existe discriminación de género en el salario que recibe la periodista por su trabajo?

– No me consta.

– ¿La discriminación sobre la mujer también existe al momento de seleccionar las fuentes por parte de los editores? ¿Éstos prefieren fuentes masculinas?

– Nunca me pasó que algún editor o jefe hubiera cuestionado alguna fuente por tratarse de ser mujer. Sí ocurre que, lamentablemente, en muchos ámbitos, los cargos más altos siguen siendo ocupados por hombres. Entonces, al momento de realizar una nota, sobre todo, si las fuentes son altos ejecutivos, directores de consultoras económicas o funcionarios, es probable que la proporción de mujeres sea menor.

– ¿Se le presta o no atención al tema de la discriminación de género en los medios, dentro y fuera de ellos?

– Creo que, de a poco, comienza a observarse. Depende del medio, desde ya. Y dependerá, también, de quienes lo integran y de las temáticas que se eligen.

– ¿Existen normas sobre perspectivas de género durante el proceso de producción periodística en el medio donde trabajas o al cual entregas tu trabajo como “freelance”?

– No. No me consta.

– ¿Por qué crees que hay tan pocas mujeres en cargos directivos de medios de comunicación, cuando sucede lo contrario en el ámbito de las relaciones públicas o comunicación organizacional?

– Es posible que haya medios en los cuales esté más latente el favoritismo hacia el hombre que la mujer y tengo la esperanza de que, a medida que siga pasando el tiempo y las generaciones se renueven, esta situación se vaya modificando. Cuando empecé a la carrera universitaria, en 1999, recuerdo que un profesor, en una clase, comentó que era más factible que las mujeres que nos graduáramos en Periodismo termináramos dedicándonos a hacer prensa o relaciones institucionales. Pero no fue mi caso: siempre trabajé como periodista en diarios y revistas. No obstante, creo que, en ocasiones, es la propia mujer quien decide alejarse de posiciones de mucha presión, y no me refiero solo al ámbito periodístico. He visto colegas y amigas que, al convertirse en madres, decidieron dejar la relación de dependencia para poder pasar más tiempo con sus hijos, así como también conozco matrimonios que deciden, en vistas de la llegada de un bebé, que quien debe dar un paso al costado en su profesión es la mujer. No estoy en esa situación, ni juzgo las decisiones de quienes optan por ese camino. Pero, como me crié en un hogar en el que tanto madre como padre trabajaron siempre (y lo siguen haciendo) full time, no me parece que la maternidad pueda ser un impedimento para desarrollarse profesionalmente. En conclusión, y para volver a tu pregunta, me parece que hay un mix: habrá, sin dudas, lugares en los que prime el “temor” a que la mujer se embarace y hay otros en los que, ocasionalmente, puede ser la mujer quien decida dar un paso al costado.

– ¿Mujeres solteras y sin hijos tienen más probabilidad de ascender en los medios?

– Imagino que puede ocurrir en una redacción machista ante un jefe misógino y temeroso. Pero, gracias a Dios, no es algo que vea en mi trabajo: de hecho, los ascensos laborales los tuve luego de haberme casado. Y, si bien todavía no tengo hijos, ampliar la familia es un deseo que nunca escondí. Del mismo modo en que, cuando me proyecto a futuro, me sigo viendo como una mujer que trabaja, que busca desarrollarse y seguir creciendo, laboralmente hablando.

– ¿Sigue vigente la idea de que hay temas periodísticos (por ejemplo, salud) para mujeres y temas (por ejemplo, deportes) para hombres?

– No, necesariamente. Al integrar una redacción chica, todos hacemos un poco de todo. El año pasado, por ejemplo, llegué a tener a cargo un suplemento sobre rugby que se publicó semanalmente mientras se disputó el Mundial en Inglaterra. Ahora bien, ciertamente, el foco del diario, atravesado por la economía y las finanzas, es más acotado y no tenemos secciones destinadas a esos temas que podrían considerarse “típicamente masculinos o femeninos”.

-Puedes agregar ahora aquello que no fue incluido en la encuesta y que consideres necesario contar acerca del tema de la consulta.

– Un par de observaciones que se desprenden de mi trabajo diario y que, como mujer, que fastidian. Por caso, llega el Día de la Madre y recibo gacetillas con fotos de productos, que en general las envía otra mujer (“por si estás pensando en armar una nota sobre los regalos que podés regalarle a mamá”), como… ¡una multiprocesadora, un lavarropas y una plancha! Para el Día del Padre, a nadie se le ocurre mandar información sobre una minipimer (amén de que cada vez son más los hombres que cocinan y lo hacen maravillosamente), un secarropa o un lavavajilla. Esto se replica en las tandas publicitarias que podemos ver en televisión. Y, ni hablar, de los avisos sobre productos de limpieza, desinfectantes y cuestiones del hogar: la protagonista es una mujer (brillante, divina, espléndida, delgada, joven, madre y preocupada por el orden y la salud de los pequeños).  Asimismo, para el día de la Mujer, recuerdo una gacetilla de hace dos o tres años que ofrecía un informe: “Cómo las mujeres usan la tecnología: Un estudio realizado por xxxxx revela que 4 de cada 10 mujeres considera importante contar con una computadora en el hogar para trabajar e informarse”. Me extraña que un 60% de las mujeres crea que una computadora es innecesaria, más allá de lo irrelevante que me pareció el contenido en sí… Esas cuestiones sí me fastidian. Y mucho. Suelo quejarme, hablarlo con mis compañeras mujeres, pero, entiendo, no suele ser una preocupación para mis colegas varones. De todas formas, hay temas que son más de fondo y que, más allá de lo que ocurra en el micro mundo de las redacciones, en realidad tiene que ver con una cuestión social instalada. Por caso, sobre el anuncio reciente del Gobierno de modificar el mínimo no imponible para el pago del Impuesto a las Ganancias, se sigue hablando de categoría “casados con hijos”, cuando, en verdad “casados” implica trabajador con cónyuge a cargo, sin distinción de género. Vi muchas notas periodísticas en las que no se aclaraba realmente de qué trataba. Y, en los casos en que sí se hacía mención, solía definirse con “trabajador cuya mujer no perciba un ingreso en blanco”. No vi en ningún medio que alguien se refiriera a “trabajadora cuyo marido no percibe ingresos” (que, por cierto, sería inexacto ya que no hay distinción de si se trata de hombre o mujer, simplemente, como dije, trabajador con cónyuge a cargo).  Tengo 35 años. Desde que tengo 27/28 años, varias veces, entre mi círculo más cercano de amistades, fue común hablar sobre las relaciones de pareja y sobre mujeres que trabajan y/o ganan más que sus novios/maridos. A ciencia cierta, no tengo una medición realizada; solo fueron charlas de café entre amigas. Pero eso me permite poner sobre el escritorio que el hecho de que la mujer sea el principal sostén de un hogar es, cada vez, algo más habitual. Al menos, frente a lo que sucedía, indudablemente, hace algunos años. Todavía, no obstante, falta un gran camino por recorrer.

Laura Mafud

Subeditora de Suplementos de El Cronista Comercial.

Soy periodista y me especializo en Negocios y Economía. Comencé a ejercer esta hermosa profesión al tiempo que empecé a dar mis primeros pasos académicos, en la Universidad Católica Argentina, donde me gradué como Técnica Universitaria en Periodismo (2000) y, poco después, ya en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES) me licencié en Periodismo. Realicé, también, el curso de posgrado en Sociedad, Cultura y Política en el siglo XX (Flacso, 2012), Diplomatura La Otra Historia (revisionismo histórico, UCES, 2011), PUPP- Programa para periodistas (UADE, 2011) y el diplomado El periodista como agente y líder en el desarrollo social (Tecnológico de Monterrey, México, 2014-2015).

A lo largo de estos 15 años, conocí varias redacciones (El Cronista Comercial, Apertura, Clase Ejecutiva, Information Technology, Infobae, PC World, Internet World, Gente) y colaboré, al inicio de mi carrera, con medios mexicanos (revista cultural Punto G), el hoy desaparecido sitio de noticias internacionales NewsJourney.com.

Fui seleccionada entre 600 postulantes como una de los 20 becarios que realizó la beca Clarín Nuevos Periodistas (2003-2004). Entonces, me desempeñé en la sección Sociedad.

Hoy, escribo, edito, coordino, corrijo. En los tiempos libres, que son pocos, garabateo ideas y coqueteo con la ficción.

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