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El ex secretario de Obras Públicas de la Nación, José López, fue sorprendido el 14 de junio desparramando bolsos repletos de dólares en un convento en la ciudad de General Rodríguez, en el oeste del Gran Buenos Aires.

De su traspié se pueden hacer innumerables comentarios, depende del ángulo desde el cual se aborde.

Pero hay uno que es incontestable: pocas veces he visto que un sospechoso de un delito deje al alcance del juez un elemento de prueba potencialmente devastador: dos teléfonos celulares.

Los teléfonos pueden aportar a la causa prueba relevante.

Como decía una colega, el juez, en última instancia, va a decidir de acuerdo a hechos, no suposiciones. Y los celulares son el depósito de esos hechos.

Antes de seguir, ¿actuó bien la policía cuando secuestró los dos celulares personales?

Desde luego. Estaban en un automóvil, lugar con un grado de privacidad reducido (los jueces estadounidenses le llaman la “excepción del automóvil”).

Fueron hallados cuando su propietario era arrestado (de hecho, fue él quien llamó la atención sobre los teléfonos al reclamar entre lágrimas su devolución).

Era probable que fueran manipulados o alterados si no se los ponía lejos del alcance del sospechosos.

Por último, los celulares y el sospechoso se encontraban en el mismo lugar.

Vamos entonces al análisis de los aparatos, ahora dispuesto por una orden judicial.

Nuevamente se cumplió el requisito de legalidad que pone al cubierto el examen, de cualquier reparo de privacidad que pudiera oponerse.

Los celulares emplean mucha datos que se puede extraer y también tienen una gran capacidad de almacenaje.

Por eso es tan importante utilizar las herramientas adecuadas, a veces más de una, para proceder a extraer esa data sin alterarla.

Los celulares le van a proporcionar al Juez datos precisos e incuestionables. ¿Cuáles son?

  • El historial completo de llamadas.
  • El historial de mensajes de texto, WhatsApp y otras aplicaciones que hubiera usado para comunicarse con terceros.
  • Contactos personales con teléfono, e-mail, dirección, etc.
    Fotos.
  • Notas y documentos.
  • Calendarios.
  • Historial de navegación en la web.
  • Datos de aplicaciones como banca «online», Facebook, etc.
  • Contraseñas y claves.
  • GPS.
  • Información de las torres de teléfonos celulares, para determinar la ubicación del usuario en horarios que pueden ser críticos para la investigación.

La clave del caso y de la cadena de complicidades está seguramente en esos dos teléfonos.

Son algo más útiles que las excavadoras en las estepas o los testigos de mala reputación.

Si hay voluntad en investigar, no hay excusas: la verdad está al alcance de Vuestra Señoría.

Martín Elizalde

Abogado especialista en tecnología legal, socio de Foresenics.

César Dergarabedian

César Dergarabedian

Soy periodista. Trabajo en medios de comunicación en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Especializado en tecnologías de la información y la comunicación. Analista en medios de comunicación social graduado en la Universidad del Salvador. Ganador de los premios Sadosky a la Inteligencia Argentina en las categorías de Investigación periodística y de Innovación Periodística, y del premio al Mejor Trabajo Periodístico en Seguridad Informática otorgado por la empresa ESET Latinoamérica. Coautor del libro "Historias de San Luis Digital" junto a Andrea Catalano.

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