Honey, la mejor mascota que tuve


Honey, nuestro bichón frisé, murió el 14 de marzo de 2018. Hubiera cumplido 17 años, un poco más de la expectativa promedio de vida de su raza, el 27 de marzo. Fue la mejor mascota que tuve.

Hasta Honey mi experiencia de vida con mascotas no había sido profunda y rica, salvo el caso de un felino .

Cuando era niño y adolescente tuve algunos mascotas: un loro oriundo de la provincia de Santiago de Estero que duró un par de semanas hasta que se lo regalamos a una familia amiga porque el animal sufría mucho en el departamento.

Luego llegó una simpática perra maltesa llamada Daisy que tuvimos que regalar a otros amigos porque era o ella o los muebles flamantes que había comprado mi madre y que la perrita amaba esculpir a rasguños.

La primera mascota con la que me conecté con profundidad fue un gatito negro que mi hermana Priscila y un amigo, en común Flavio Palacios, rescataron medio moribundo en la avenida Rivadavia al 3400, en el barrio porteño de Almagro, cerca de nuestro departamento, en 1975. Yo tenía unos 10 años.

Se cumplió esa regla que dice que las mascotas rescatadas de la calle son muy fieles: así fue con este gato, a quien apodamos Negro (en esa época no existía el “brainstorming” 😛 ).

De raza indefinida, nos acompañó en viajes en automóvil por varias provincias, en la adolescencia y la juventud, en los tenebrosos años de la última dictadura militar, durante mi secundario y mis estudios universitarios, hasta que falleció de viejito en 1987.

El Negro rara vez maullaba y era muy fiel. En 1980, mientras preparábamos las valijas para un viaje a Estados Unidos, percibió que lo íbamos a dejar con un tercero y nos dejó un recuerdo orinal en el equipaje. No estaba castrado, y al regreso del viaje, después de tres semanas, las valijas aun tenían rastros de esa acción. Por supuesto, fue castrado después de ese viaje.

A los pocos meses de la muerte del Negro, mi madre y mi hermana fueron al jardín zoológico de Buenos Aires, que en esa época era un santuario de gatos, y tomaron de allí una gatita que mi mamá llamó Bijou.

Mucho más arisca que el Negro, disfruté muy poco de Bijou porque en 1989 me casé.

Desde ese año y hasta 2001 no tuvimos mascotas. En el año 2000, mis hijas María y Agustina nos reclamaron que tuviéramos un perro. Ya vivíamos en una casa en Olivos, en el norte del Gran Buenos Aires.

Acordamos lo siguiente para fomentar el compromiso de ellas con el cuidado de la mascota: que ahorraran con el fin de comprarla, mientras nosotros nos haríamos cargo de sus cuidados.

Entre el 2000 y y el 2001 los cuatro hicimos una investigación de mercado, leímos en la web, vimos diferentes razas de perros, nos aprendimos de memoria un excelente catálogo de razas.

No teníamos experiencia en perros y queríamos una raza que se ajustara a esa condición y que no requiriera mucho ejercicio y no sufriera al vivir en una casa chica, además de llevarse muy bien con niños.

Fuimos cautivados por el beagle, una raza muy simpática aunque muy rebelde y díscola. Concurrimos a una exposición canina en La Rural de Palermo, en Buenos Aires, donde nos asombramos de la magnitud y variedad de razas y el negocio en torno a ellas.

Al final nos decantamos por el bichón frisé, una raza encantadora que se confunde muchas veces con los caniches.

Un poco de historia: el bichón frisé fue el perro de las cortes francesas.

Sin embargo, su origen parece remontarse a las islas Canarias, especialmente a la isla de Tenerife.

Tanto amaron los franceses a esta mascota que su nombre dio origen al verbo francés “bichoner” cuyo significado es embellecer.

Con la caída de la monarquía francesa, los bichones fueron arrojados a la calle, donde debieron aprender a sobrevivir por su cuenta y lo lograron gracias a su gran agilidad e inteligencia, convirtiéndose en perros de circo y de compañía para enfermos en hospitales.

Genéticamente deriva del Spaniel de agua, y existen cuatro grupos de bichón: bichón havanés, bichón bolognés, bichón frisé (Honey) y bichón maltés.

Como raza pura fue recuperada gracias a esfuerzos realizados tanto por los belgas como por los franceses en 1930, siendo por lo tanto su actual origen franco- belga.

Hoy la raza tiene gran difusión no sólo en Europa, sino también en los Estados Unidos, donde ocupa el primer lugar en las ventas como perro de compañía, especialmente recomendado para los más chicos, ya que posee un excelente carácter.

En febrero de 2018 coincidí en New York con la celebración del principal torneo de razas caninas de EE.UU. Ganó por segundo año consecutivo un bichón:

El ganador abrió la ronda bursátil de Wall Street:

El bichón no pierde pelo, no tiene “olor a perro” y necesita poco espacio, lo cual lo convierte en ideal para departamentos.

Su expectativa de vida oscila entre los 14 y los 16 años, lo cual demuestra que gozan de una excelente salud. Todo esto se verificó en Honey.

Retomo el relato personal. En 2001 nos recomendaron un criadero de bichones, Chamoni Kennel, que en ese tiempo tenía una oficina en el barrio porteño de Coghlan.

Entre otros clientes, tuvieron a los músicos Shakira y León Gieco, y las políticas Elisa Carrió y Alicia Castro.

Fuimos al local del criadero donde había dos ejemplares de algunas semanas.  Agustina eligió el más chico en tamaño.

Concretamos la compra y lo fuimos a buscar cuando cumplió los 50 días de vida.

Era hijo de un gran campeón, aunque nunca tuvimos aspiración de convertirlo en un animal para competir en certámenes, como el de los videos anteriores.

Lo llevamos a nuestra casa en mayo de 2001. Era muy chico de tamaño, adorable por su fragilidad.

Por supuesto, dejaba recuerdos líquidos y materiales por varios lados del hogar.

La elección del nombre fue original. Cada uno escribió su nombre propuesto en un papel y lo puso en el extremo del living comedor.

Colocamos al bichón frisé en el extremo opuesto y lo impulsamos a sus espaldas a que fuera hacia los cuatro papeles.

Su hocico negro tocó primero el que tenía escrito “Honey”, que había propuesto María.

¿Y su club de fútbol? Decidimos que fuera del primer equipo que fuera campeón argentino en la segunda mitad de 2001.

Justo fue Racing Club, que cortó una sequía de títulos de 35 años. Recién hace unos años le compramos un pijama con los colores de su club.

Honey fue un compañero inseparable y fiel durante casi 17 años. Superó nuestras expectativas.

Fue un perro muy alegre, nunca agresivo o absorbente, era juguetón y muy paciente. Un instrumento de bendición de Dios en nuestras vidas.

Acompañó el crecimiento de María y Agustina, en el caso de Agus desde la primaria hasta que se graduó en la universidad.

Era el preferido de las amigas y amigos de mis hijas cuando venían a casa.

Honey fue compañero en los valles de sombras de la vida, deparados por las muertes inesperadas de María, en 2008, y de mi madre, en 2013. Los animales son increíbles consoladores…

Incluso fue voluntario de una organización no gubernamental que fomenta la participación de perros en actividades para impulsar las lecturas con niños.

En abril de 2017 se le diagnóstico un tumor en el hígado. Ya estaba ciego y sordo. Creímos que se iba a morir ese mes, pero Dios nos regaló casi un año más de vida.

Cuando observamos el 8 de marzo que empezaba a sufrir, resolvimos practicar la eutanasia en la veterinaria que está en diagonal al departamento donde vivimos desde 2012.

Podría escribir mucho más pero prefiero recordarlo ahora con imágenes y videos que reflejan muy bien a Honey, la mejor mascota que tuve.

Año 2008

Año 2012

Año 2016

Año 2011

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Año 2012

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Año 2013

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Año 2014

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Año 2015

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Año 2016

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Año 2017

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Año 2018

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(Nota de R.: esta nota se publicó en crudo, sin edición e incompleta, en especial en cuanto a fotografías de los primeros años de vida de Honey).

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Un comentario en “Honey, la mejor mascota que tuve”

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