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Para entender los trastornos del sueño, debemos entender que éste es un conjunto de estados de comportamiento en el que hay una modificación de la conciencia, del pensamiento y una activación motora voluntaria, que pueden responder a estímulos internos y externos.

Los mayores estímulos sincronizadores son la luz en primer lugar y luego la temperatura.

Se pueden tener dos patrones de sueño. Un patrón vespertino (“búho”), en el que las personas están más despiertas y activas durante la tarde-noche y otro, matutino (“alondra”) que sucede durante la mañana.

El sueño nos ayuda a sincronizar funciones como la frecuencia cardíaca y respiratoria, el aprendizaje, la memoria, el apetito, la actividad física, la inmunidad y la salud en general.

Funciona como un reloj que dura casi un día, y por eso se lo llama ritmo circadiano.

Cuando por diferentes motivos se altera el sueño, se cambian también todas estas funciones.

“La alteración del sueño y del ritmo circadiano puede afectar la nutrición, la respiración durante el sueño, la presión arterial, la percepción del dolor, el humor», explicó Nahuel Pereira Silva, médico neurólogo de la clínica de sueño del Instituto de Neurociencias Buenos Aires (Ineba).

A su vez, esto puede desencadenar, por ejemplo, «el empeoramiento de problemas psiquiátricos y el abuso de sustancias», señaló el médico, en un comunicado que me envió el Ineba-

Uno de los trastornos del sueño más frecuentes es el insomnio, que afecta a más del 25% de la población y en algunos grupos puede alcanzar hasta un 60%, según informó el instituto.

«Dormir mal baja la calidad de nuestro sueño, disminuyendo nuestro estado de alerta. Tenemos sueño durante el día, rendimos menos, nos concentramos menos y disminuye nuestra motivación», dijo Pereira Silva.

También existen los llamados trastornos del sueño por corrimiento de fase.

Estos son una exacerbación de los patrones “búho” y “alondra”, que impactan en la calidad de vida.

Aquí se incluyen los problemas surgidos por trabajar a la noche o en horarios rotativos y de viajar a un país con un horario opuesto.

“Si dormimos mal estamos más cansados durante el día, por lo que hacemos menos actividad física, comemos más, se altera el equilibrio de las hormonas que nos dan hambre y saciedad, y empeora aún más nuestro sueño. Todas estas alteraciones se asocian a diabetes, colesterol alto, obesidad y apneas”, señaló el especialista.

Las apneas –pausas respiratorias durante el sueño- tienen una frecuencia del 10 al 40%.

Se asocian a ronquidos y a una falta de oxígeno relativa que pueden llevar al Síndrome de Apneas Obstructivas del Sueño (SAOS).

Sus consecuencias se mezclan con los malos hábitos de sueño y alimentación.

También puede generar somnolencia diurna excesiva, hipertensión, infartos del corazón y del cerebro y disminución de nuestro rendimiento.

La cefalea (dolor de cabeza) puede ser causa y/o consecuencia de un problema de sueño. Su persistencia puede llevar a un problema crónico.

Además de personas adultas, estos problemas también se registran en niños.

Su detección temprana es fundamental para que los niños se desarrollen de forma adecuada.

“Un apartado aparte merecen los trastornos del humor. Todos hemos dormido mal alguna vez y hemos estado de mal humor al día siguiente. Si el problema continúa a lo largo del tiempo podemos alterar el estado de ánimo, las emociones, la conducta, estar irritables, hiperactivos y prestar menos atención. Un 20% de las personas con trastorno de sueño puede afectar o empeorar su salud mental, como la depresión, la ansiedad y el abuso de sustancias como el alcohol el tabaco, benzodiacepinas u otras”, afirmó Pereira Silva.

Recomendaciones para un buen descanso

  • Esperar al menos dos horas luego de la cena para ir a la cama.
  • Exponerse al sol durante 30 minutos cada día.
  • Realizar actividad física.
  • Practicar la relajación.
  • Evitar las siestas.
  • Tomar un baño caliente a diario.
  • Preparar el ambiente donde se duerme: oscuridad, silencio, temperatura fresca (entre 18 y 21 °C), colchón medio y almohada baja
  • No beber alcohol.
  • No exponerse a dispositivos electrónicos y tecnológicos audiovisuales.
  • No cenar comidas abundantes.
  • No fumar.
César Dergarabedian

César Dergarabedian

Soy periodista. Trabajo en medios de comunicación en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Especializado en tecnologías de la información y la comunicación. Analista en medios de comunicación social graduado en la Universidad del Salvador. Ganador de los premios Sadosky a la Inteligencia Argentina en las categorías de Investigación periodística y de Innovación Periodística, y del premio al Mejor Trabajo Periodístico en Seguridad Informática otorgado por la empresa ESET Latinoamérica. Coautor del libro "Historias de San Luis Digital" junto a Andrea Catalano.

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