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Metaverso, el proyecto tecnológico anunciado en 2021 por la multinacional informática estadounidense Facebook, puede abrir una caja de Pandora para los usuarios, quienes compartirían más información personal que en la actualidad y el acoso en redes se vería potenciado, según advierten expertos en redes sociales.

Mark Zuckerberg pasará a la historia como uno de los hombres clave a la hora de explicar la deriva de la humanidad en los últimos veinte años. ¿Su mérito? Crear la red social Facebook y, con ella, una forma de relacionarnos. Después de casi dos décadas, el empresario estadounidense anunció que prepara un proyecto bautizado con el nombre de Metaverso.

La nueva «criatura» de Zuckerberg, tal y como él mismo explicó durante su presentación, es un espacio de interacción de máquinas, avatares idealizados y un nuevo mundo virtual donde arte, arquitectura, belleza y ficción se encuentran para socializar, comprar o hacer negocios. Y todo ello, «por obra y gracia» de la realidad virtual y la realidad aumentada.

«Zuckerberg llevaba meses hablando del metaverso, y Facebook lleva años invirtiendo cantidades astronómicas en desarrollar o comprar dispositivos y funcionalidades de realidad virtual», aseguró Ferran Lalueza, profesor de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigador del grupo GAME (Aprendizajes, Medios de Comunicación y Entretenimiento). Según el responsable de Meta, este proyecto tardará todavía una década en materializarse.

César Córcoles, profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC, advirtió que todavía queda mucho camino por recorrer en cuanto a lo tecnológico.

«Por un lado, las pantallas deben crecer en resolución y frecuencia de refresco. Por otro lado, los cascos deberían volverse más cómodos o, como mínimo, más ligeros, si queremos pasarnos con ellos varias horas al día», señaló el profesor, citado en un boletín que me envió la UOC.

Y añadió: «También tenemos que encontrar dispositivos que nos permitan interactuar mejor con los mundos de realidad virtual: los mandos de los que disponemos ahora, así como el reconocimiento de gestos, son más que suficientes para muchos usos, pero se quedan cortos si queremos que la tecnología se despliegue entre el gran público».

Últimos coletazos de Facebook

Después de 17 años de seguidores y «me gusta», los expertos aseguran que Facebook está «de capa caída». Los últimos estudios revelan un estancamiento, e incluso una tendencia a la baja en el número de sus miembros.

Alrededor del 51% de los usuarios de esta red se encuentra en los hombres entre los 18 y 64 años, mientras que las mujeres de la misma edad suponen el 38%, según el informe de We Are Social. Estas cifras sustentan la teoría de que «como red social, Facebook ya es irrelevante para las nuevas generaciones», opinó Lalueza.

¿Eso significa que los miembros de esas «nuevas generaciones» serán los únicos que pasarán a ser usuarios del metaverso? ¿Se quedarán fuera los colectivos de más edad? Según Pierre Bourdin, profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC, «a algunas personas les costará más que a otras y seguramente sí se quedarán fuera. Pero, globalmente, pienso que será accesible a consumidores de todas las edades. Es posible hacer la comparación con la aparición de los teléfonos móviles. Al principio, era algo poco común, para aficionados a las tecnologías. Sin embargo, hoy en día hay pocas personas que no tengan móvil».

Un lavado de cara

El anuncio del metaverso se hizo con el fin de correr una densa «cortina de humo». «Es evidente que la idea era desviar la atención respecto a las gravísimas acusaciones vertidas por la exempleada Frances Haugen y al impacto que tuvo poco antes el ‘megapagón’ de todas las plataformas del grupo», afirmó Lalueza.

La mala reputación que se ganó la red social ya empezó a salpicar al resto de plataformas del grupo como WhatsApp o Instagram, las cuales «fueron incorporadas al conglomerado a golpe de talonario», recordó Lalueza.

El profesor de la UOC cree que «jugárselo todo a una carta tan incierta como el metaverso puede parecer arriesgado, pero probablemente la alternativa no es otra que languidecer hasta hundirse por completo en un mar de escándalos ante competidores que, como TikTok, ya enseñan los dientes y se consolidan como claros aspirantes al podio de las redes sociales».

¿Revolución o evolución natural?

Se cree que la nueva plataforma no estará en funcionamiento hasta dentro de una década. ¿Este periodo es tiempo suficiente para que podamos vivir su implantación como una evolución natural de Facebook?

Eso es lo que parece. Al menos es lo que opinó Bourdin, quien no creyó que se produzca una ruptura, sino más bien una evolución. «Me parece que habrá una convergencia entre las tecnologías de las redes de comunicación, las tecnologías móviles y la realidad virtual y aumentada o mixta. Es decir, creo que pronto tendremos un dispositivo móvil conectado a nuestras gafas y quizás una pulsera u otro dispositivo de este tipo que permitirá un acceso a este metaverso», reflexionó el experto.

¿Qué tecnología hará posible el «milagro»? Los expertos vaticinan que la tecnología habilitadora de este mundo virtual no será 5G, sino que se implementará la futura 6G. Esta nos permitirá ponernos unas gafas de realidad aumentada y ver información sobreimpresa en nuestro campo visual, o unas gafas de realidad virtual que nos den acceso a una infinidad de experiencias insospechadas.

«La 6G probablemente se abrirá camino en sectores como los videojuegos, el cine, la televisión, la moda, la música, la publicidad y, por qué no, las agencias de viajes, que podrán proponer vacaciones en el metaverso», pronosticó Bourdin.

En apoyo a esta idea, Córcoles apuntó que «los anchos de banda y la latencia de la tecnología 6G podrían justificar su uso en la realidad aumentada en movilidad que incluye el escenario descrito para el metaverso».

Al ahondar en el aspecto tecnológico del proyecto, Córcoles aseguró que el punto de mayor dificultad en el ámbito de la realidad virtual es la interacción. Y es que, «ahora mismo no existe una solución definitiva para ese problema, y no creo que se pueda llegar al gran público sin solventarlo».

De hecho, el experto no está totalmente convencido de que el metaverso de Zuckerberg se llegue a materializar, ya que no sería la primera vez que se anuncia que en cinco o diez años la realidad virtual y aumentada van a conquistar nuestro día a día. «Esta vez podría ser la buena, pero quedan cuestiones importantes que resolver», concluye.

El metaverso será un mundo más sostenible

Si se supone que asistamos a su implantación, los expertos creen que quien no se «suba al carro» se quedará desfasado. Entre ellos está Lalueza, quien señaló que los desarrolladores de este nuevo espacio nos lo venderán como un espectacular salto cualitativo de Internet.

De este modo, la sensación que pretenden crear en la sociedad es que, si no formas parte del metaverso, te quedarás atrás y te perderás las nuevas oportunidades que ofrece el nuevo mundo «zuckerbergiano».

¿A qué oportunidades se refiere el experto? El docente consideró que «en cierto modo, el metaverso puede contribuir a la sostenibilidad del planeta evitando desplazamientos y determinados dispendios. Además, continúa, puede proporcionar experiencias muy realistas a personas que, de otro modo, difícilmente tendrían la oportunidad de vivirlas, lo cual, hasta cierto punto, conlleva un efecto democratizador».

Un universo irreal con peligros reales

En el otro lado de la balanza encontraríamos los contras, esto es, los riesgos que Lalueza considera que contendría este futuro mundo virtual. El experto señaló tres:

  • «El primero, que acabemos dedicando más tiempo y energía al simulacro que supone el metaverso. Esta hipótesis puede parecer inconcebible, pero, de hecho, las redes sociales actuales ya generan en muchas personas la necesidad de hacer cosas con la única y exclusiva finalidad de exhibirlas después en esas plataformas».
  • «El segundo peligro es que con las acciones que desarrollemos en el metaverso revelaremos mucha más información sobre nosotros mismos —y de un modo mucho más inconsciente— que con los contenidos que compartimos en las redes de hoy, que muchas veces resulta imprudentemente excesiva».
  • «Y el tercero es que ciertas lacras como el acoso, el discurso de odio y similares pueden verse dañinamente potenciadas por la naturaleza inmersiva y altamente realista del entorno».

En esta misma línea, Bourdin advirtió que «aunque este mundo sea virtual, las experiencias que las personas vivirán allí serán reales. Quiero decir que, un problema en el mundo virtual, como una frustración o una exclusión, puede generar traumas reales». Y pone como ejemplo el acoso en la red, el cual puede llegar a ser la causa del suicidio de algunos jóvenes.

Efectos colaterales que traerá el metaverso

A pesar de que el metaverso todavía no es más que una entelequia, vale la pena plantearse algunas cuestiones vinculadas con ciertos ámbitos relacionados con este cosmos virtual.

Son preguntas que, hoy por hoy, no tienen respuesta, pero que Bourdin lanzó con el ánimo de ir profundizando en el asunto. Estas son algunas de ellas:

  • ¿Cuál será la ética de este mundo?
  • ¿Cómo se regulará esta «cibervida»?
  • ¿Quién tendrá el control?
  • ¿Quién decidirá las normas?
  • ¿Cuál será el papel de los gobiernos?

Veremos si el tiempo, poco a poco, develará las respuestas a estas y otras cuestiones que despierta el anuncio del metaverso. Lo único que sabemos hoy a ciencia cierta es que «los apasionados de las tecnologías digitales tenemos unos años por delante en los que vamos a estar muy entretenidos presenciando la carrera que va a tener lugar», auguró Córcoles.

César Dergarabedian

César Dergarabedian

Soy periodista. Trabajo en medios de comunicación en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Especializado en tecnologías de la información y la comunicación. Analista en medios de comunicación social graduado en la Universidad del Salvador. Ganador de los premios Sadosky a la Inteligencia Argentina en las categorías de Investigación periodística y de Innovación Periodística, y del premio al Mejor Trabajo Periodístico en Seguridad Informática otorgado por la empresa ESET Latinoamérica. Coautor del libro "Historias de San Luis Digital" junto a Andrea Catalano.

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