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Los boletines («newsletters», en inglés) que se distribuyen por correo electrónico revivieron en los últimos años como un artefacto digital que ofrece lectura tranquila, seleccionada por una persona. Sin algoritmos ni métricas ocultas; solo confianza entre autor y lector.

En este artículo te compartiré dos cosas: primero, una lista de 14 15 boletines que recomiendo para que te suscribas y leas en este año nuevo 2026. Luego, un repaso del surgimiento, el auge, la decadencia y el regreso de este formato editorial digital.

Boletines que recomiendo para tu lectura en 2026

A continuación, los boletines que te recomiendo por la calidad de su información, análisis y opinión. La lista incluye los enlaces para la suscripción, gratuita en la mayoría de los casos, aunque algunos ofrecen ediciones y servicios especiales por un pago módico.

La lista de boletines está ordenada por criterio alfabético. No incluye boletines que se distribuyen desde redes sociales, como por ejemplo LinkedIn, o plataformas de mensajería instantánea como Telegram.

La mayoría de estos boletines está en Substack, una plataforma que tiene una aplicación para que puedas leerlos en tu celular, aunque no es necesaria si prefieres, como yo, leerlos en el correo electrónico.

Bajo y subrayado

El colega Sebastián de Toma desarrolla en este boletín su mirada sobre libros y música, además de compartir ensayos breves, contextos y recomendaciones. Suscripción aquí.

Brodersen Dark News

El colega Juan Brodersen ofrece cada semana un panorama completo de las noticias acerca de la seguridad digital, la privacidad y el hacking. Suscripción aquí.

Comentarios

Desde hace ¡21 años! el consultor Enrique Carrier publica este boletín semanal con información, análisis y opinión relevantes sobre las telecomunicaciones y las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) en la Argentina y el mundo. Suscripción aquí.

Comunicando audio

Un boletín semanal sobre «podcasting», tecnología y cibercultura del colega José Antonio Gelado. Incluye noticias del sector, podcasts recomendados y reseñas de libros, series y películas interesantes para el editor. Suscripción aquí.

desPertar

Escrito por el colega Marcelo Falak, provee muy buena información y análisis acerca de política, economía y finanzas. Se publica de lunes a viernes. Suscripción aquí.

Diario de la Procrastinación

El colega Diego Geddes empezó este boletín en octubre de 2018, bajo la definición de “un cuaderno de apuntes sobre la vida cotidiana, un disparador de temas de la realidad y una mirada sobre los consumos culturales actuales. Y, sobre todo, un ejercicio terapéutico para combatir la procrastinación”.

Dos años después pasó el diario a la plataforma Substack, manteniendo la esencia de ser un ejercicio de escritura contra la procrastinación. Suscripción aquí.

LadoB News

Mi amiga, compañera y colega Irina Sternik comparte en este boletín semanal información acerca de tecnología, cultura y sociedad. Suscripción aquí.

Mayra Martínez

Mayra Martínez es una psicóloga con más de 30 años de experiencia, especializada en procesos de duelo y transiciones profesionales. En este boletín semanal comparte temas acerca de duelos de diferente tipo y cómo afrontarlos. Suscripción aquí.

Pensar las TIC

Es un boletín mensual de DHyTecno, un proyecto iniciado en 2017 por la colega Carolina Martínez Elebi. Se enfoca en cómo las TIC que usamos en la vida cotidiana vulneran algunos de nuestros derechos, desde la libertad de expresión y la privacidad, hasta el derecho a la información y a la cultura, y cómo pueden impactar en la salud, la educación, el trabajo y la democracia.

Empezó como un canal en la plataforma de mensajería instantánea Telegram. En 2020 sumó este boletín. Suscripción aquí.

Proyecto 451

Desde 2013, el colega, editor y consultor Daniel Benchimol publica este boletín semanal acerca del negocio editorial. Es imprescindible si trabajas en esa actividad o te interesa la producción y el comercio de los libros. Suscripción aquí.

Redes Pop

Este boletín de la colega Melisa Avolio ofrece información sobre TIC para la vida cotidiana. Entre otras virtudes, se destaca por simplificar lo complejo en un lenguaje amigable, buscando que la tecnología que nos rodea sea comprensible y relevante, para que cualquier persona pueda aprovechar sus beneficios y sea parte activa de su desarrollo.

Es parte de un proyecto que surgió del programa Google News Initiative, en colaboración con Sembra Media y FOPEA, para impulsar la creación de medios innovadores en la Argentina. Suscripción aquí.

Sidekicker

Los colegas Marcelo Bellucci y Leo Correa están especializados, como un servidor, en la cobertura de las tecnologías de la información y la comunicación. En este boletín semanal comparten lanzamientos, seguridad, empresas y tendencias de las TIC. Suscripción aquí.

Teik Away

Escrito por el colega Leandro «Lalo» Zanoni, incluye relatos personales e información acerca de cultura, arte, tecnología, música, cine y libros. Suscripción aquí.

Viejo Smoking

La colega Cecilia Absatz comparte todos los domingos en este boletín caminos e ideas para los adultos mayores, ancianos, tercera edad, esa etapa de la vida cuando, según la editora, «llegar a viejo puede ser más interesante de lo que se cree». Suscripción aquí.

A continuación, una galería en orden aleatorio de los editores de algunos de los boletines recomendados.

Bonus track 1

Cómo funcionan las cosas

Un engranaje clave para el resurgimiento de los boletines en la Argentina es Valentín Muro, gracias a este boletín semanal que escribe desde 2017 y a su promoción de este formato. Por ejemplo, Cecilia Absatz comenzó su Viejo Smoking luego de una charla con él. Valentín explora en cada edición un tema distinto cruzando ciencia, filosofía, historia y literatura. Al igual que varios de los boletines mencionados, este newsletter se distingue por su gran cantidad de enlaces embebidos que enriquecen mucho la lectura. Suscripción aquí.

(Nota de R.: agregué este bonus track el 6 de enero de 2026. El siguiente bonus fue publicado en la versión original de este artículo).

Bonus track 2

Dicho en inglés suena más elegante que «autobombo» o «autor referencia» :P. Podría exclamar «¡Yo también publico ‘newsletters’!», pero no se trata de boletines.

Sin embargo, aprovecho la ocasión o la oportunidad, como diría un vendedor en un colectivo o en un tren de pasajeros, para invitarte a que te suscribas a mis dos boletines semanales que ofrecen los títulos de los artículos publicados en Bahía César.

Los dos boletines en rigor es uno solo, que se distribuye por dos plataformas distintas: una es Substack, y puedes suscribirte aquí indicando solamente su dirección de correo electrónico. La otra es LinkedIn, aunque en este caso deberás ser parte de esa red social. Mi perfil en LinkedIn está aquí.

Puedes sugerir en los comentarios los boletines a los que estás suscripto.

Boletines

Auge, caída y resurrección del boletín como baluarte periodístico

La fatiga del algoritmo y el susurro de la bandeja de entrada

Imagina la mañana de este día que se publicó este artículo en Bahía César, el primer domingo en 2026, con el teléfono móvil vibrando como un enjambre de abejas enfurecidas.

Desplazas el dedo por «feeds» interminables de Instagram, TikTok y X: memes virales sobre el ataque de EE.UU. a Venezuela y el secuestro del dictador venezolano Nicolás Maduro, «reels» de influencers promocionando criptomonedas efímeras, y algoritmos que te bombardean con contenido diseñado no para informarte, sino para retenerte.

El repaso visual infinito devora el tiempo; la atención se fragmenta en microdosis de dopamina. Esta saturación informativa —lo que los expertos llaman «fatiga digital»— no es un capricho de los «millennials», sino una epidemia global.

En medio de este caos, hace unos años volvió a surgir un refugio anacrónico: el boletín o la hoja informativa. No el boletín promocional de una marca de ropa, sino esa entrega directa a la bandeja de entrada, sin necesidad de ir a un sitio web o rede social.

Un artefacto digital que promete lectura pausada, curada por una voz humana. Aquí no hay algoritmos opacos ni métricas de «engagement» manipuladas; solo un contrato implícito de confianza entre autor y lector.

Recibes un correo electrónico de, por ejemplo, 800 palabras de un periodista que conoces por nombre, lees con un café o un mate en la mano, y respondes si te apetece. Los boletines son intimidades en la era de la vigilancia masiva.

Este formato, que parecía obsoleto en la era de las plataformas, resucita como baluarte periodístico. No es nostalgia; es resistencia. En un mundo donde Meta (propietario de Facebook, Instagram y WhatsApp) y Google controlan la mayoría del tráfico web, los boletines devuelven el poder al creador y al lector, restaurando el periodismo como conversación, no como mercancía.

El primer hilo digital

El correo electrónico fue esa «primera red social» funcional en la década del 90. En 1993, la empresa America OnLine (AOL) popularizaba los boletines como Media Daily o CyberWire Digest, listas semanales de enlaces enviadas a miles de suscriptores. No había web 2.0 aún; el correo electrónico era la internet personal.

Era intimidad analógica en formato bits: directo, sin intermediarios. Esta prehistoria digital explica el atractivo perdurable: el boletín siempre fue un puente privado entre emisor y receptor, ajeno a las plazas públicas ruidosas.

Clics dorados: La fiebre de los 2000

A principios de los 2000, los boletines irrumpen como salvavidas para medios en crisis. Internet prometía democratizar la información, pero Google y los portales devoraban el tráfico. Los editores descubrieron el correo electrónico: barato, directo. El modelo era simple: listas de enlaces a artículos del sitio web, optimizados para clics. Era el “clic-bait” precursor, disfrazado de servicio.

El furor lo encarnaron boletines pioneros como DailyCandy (2001), fundado por Pailin Wedel en New York. Un envío diario de recomendaciones —boutiques, cócteles, spas— que creció a 2,5 millones de suscriptores en 2008, vendido a IAC por 25 millones de dólares.

En paralelo, Thrillist (2004), de Ben Lerer, hacía lo propio para hombres urbanos: chistes, «gadgets» y bares. De 10.000 a 3 millones de suscriptores en cinco años, monetizado con afiliados.

Esta primera ola coincidió con el boom de herramientas como MailChimp (2001), que ampliaron el acceso al envío masivo. Medios tradicionales como The New York Times (Ask the Times, 2006) o The Guardian («email digests») lo adoptaron.

No era periodismo profundo; era embudo: atraer a la bandeja de entrada para redirigir al sitio, donde esperaban publicidades. Funcionó: en 2010, el correo electrónico generaba el 20% del tráfico de noticias (Pew Research). Pero el furor sembró su ruina: todos copiaban la misma receta de enlaces superficiales.

Bandejas ahogadas: El ocaso en la era de las plataformas

La caída fue tan predecible como una debacle bursátil. Hacia 2012, las bandejas de entrada se saturaron: el spam explotó y los boletines se convirtieron en ruido: marcas, políticos, «gurús» inundaban con promesas vacías.

Gmail introdujo pestañas (principal, promociones) en 2013, relegando a la mayoría de los boletines a purgatorios invisibles. Sin diseño responsivo —muchos eran copias HTML feas en teléfonos móviles—, las tasas de apertura cayeron.

Peor aún: Facebook y Twitter prometían el santo grial, alcance masivo gratis. En 2012, el News Feed de la red social de Mark Zuckerberg devoraba la mitad del tráfico de noticias. ¿Por qué cultivar una lista de 10.000 suscriptores cuando un post viral alcanzaba millones?

Medios como BuzzFeed o Huffington Post abandonaron los correos electrónicos por «me gusta». Los boletines languidecieron. El modelo publicitario se evaporó: Google AdSense pagaba centavos, y las plataformas cambiaron algoritmos, dejando a editores sin audiencia.

El olvido fue cultural: el boletín evocaba cadenas de favores; las generaciones Z preferían historias efímeras en redes sociales. Casos como TheSkimm* (2012), que creció a 7 millones con resúmenes «para chicas ocupadas», resistieron, pero muchos pioneros quebraron. Era el fin de la era inocente: el correo electrónico, de refugio, pasó a ser un basural.

Substack y la rebelión de los suscriptores

La resurrección llegó con Substack, una plataforma lanzada en 2017 por Chris Best, Jairaj Sethi y Hamish McKenzie. Olvídate de publicidades volátiles: Substack toma el 10% de suscripciones pagas directas (5 dólares/mes promedio).

En 2025, generó 300 millones anuales para creadores, con 3 millones de suscriptores pagos (datos de la propia Substack). Cambió el juego: del costo por mil impresiones (vistas, CPM en inglés) efímero a ingresos recurrentes, estables.

Esto cataliza la «economía de los creadores», valorada en 250.000 millones de dólares (Influencer Marketing Hub, 2025). Plataformas como Patreon o Ghost compiten, pero Substack brilla por simplicidad, porque facilita la escritura, el envío y el cobro.

En 2020, Bari Weiss dejó The New York Times por acoso ideológico y lanzó Common Sense en Substack: 500.000 dólares anuales en meses. Andrew Sullivan abandonó New York Magazine por The Weekly Dish (400.000 suscriptores).

Las firmas prestigiosas siguen: Puck (2021), de Matt Belloni, disecciona Hollywood con primicias exclusivas (50.000 pagados); Morning Brew (2016), boletín financiero para millennials, fue vendido por 75 millones de dólares en 2023.

Substack empodera segmentos, como los amantes de la comida exclusiva o información de interés para millonarios. Es periodismo desintermediado: sin editores corporativos, la voz propia reina. Pero no hay sombras: acusaciones de sesgo (el contenido controvertido prospera) y una saturación incipiente.

Curaduría humana en la era de la abundancia

Hoy, el boletín salva el periodismo especializado e investigación al restaurar tres pilares: curaduría, voz e independencia. En un mar de artículos generados con inteligencia artificial, como ChatGPT, la selección humana brilla. The Skimm resume noticias en 5 minutos con ingenio femenino; Axios usa «Smart Brevity» —puntos clave primero—. Es filtro experto.

La voz propia forja lealtad: Taibbi en Racket destripa poder con sarcasmo en Substack, superando tiradas de revistas como Rolling Stone. La independencia editorial evade presiones: periodistas freelance como Heather Cox Richardson (Letters from an American, un millón de suscriptores entre gratuitos y pagos) financian investigaciones profundas sin accionistas.

En investigación, boletines como Puck o Platformer de Casey Newton publican exclusivas con suscripciones como barrera anti-plagio. Según el Reuters Institute (2025), el 28% de lectores paga boletines vs. 12% de la prensa tradicional.

Es baluarte contra monopolios: mientras X colapsa después de la compra realizada por el magnate sudafricano-estadounidense Elon Musk, los boletines por correo electrónico perduran. Los retos persisten, com0 por ejemplo la retención, pero los boletines redefinen el valor: no clics, sino comunidad.

Hacia un futuro algorítmico

El boletín perdura como oasis, pero la IA lo tienta y amenaza. Modelos como Grok o Claude ya generan borradores; ¿sostendrá suscripciones el periodista medio sin escala? Substack integra IA, pero la confianza humana —esa intimidad— podría prevalecer. Si sobrevive la curaduría auténtica, será el periodismo del siglo XXI: pequeño, directo y con larga permanencia.


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César Dergarabedian

Soy periodista. Trabajo en medios de comunicación en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Especializado en tecnologías de la información y la comunicación. Analista en medios de comunicación social graduado en la Universidad del Salvador. Ganador de los premios Sadosky a la Inteligencia Argentina en las categorías de Investigación periodística y de Innovación Periodística, y del premio al Mejor Trabajo Periodístico en Seguridad Informática otorgado por la empresa ESET Latinoamérica. Coautor del libro "Historias de San Luis Digital" junto a Andrea Catalano. Elegido por Social Geek como uno de los "15 editores de tecnología más influyentes en América latina".

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