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(A la luz de Juan 14:1-12)

Peregrino maestro,
caminante de la vida,
andador de tantas huellas,
conocedor de todos los senderos:
no siempre nos resulta sencillo creer.

Nos dijeron
que la fe debía ser ciega,
doblegarse ante el misterio,
inclinar la cabeza
ante lo insondable,
aceptar sin tocar,
sin ver, sin preguntar.

Pero lo que algunas teologías
volvieron oscuro y distante,
tú lo hiciste cercano y sencillo:
“Ustedes me han visto, crean por mis obras.”
Y entonces la fe deja de ser idea
y se vuelve carne en la historia.

Creemos
porque anduviste calles de justicia,
porque abriste rumbos
hacia dignidades olvidadas,
porque ensanchaste el horizonte
hasta hacerlo casa para todas y todos,
para la creación entera.

Creemos
porque sanaste cuerpos y memorias,
porque te sentaste en mesas impuras
y las volviste sagradas,
porque perdonaste
hasta incomodar a quienes se creían justos,
porque amaste
con un amor hondo y desbordado.

Creemos
porque abrazaste la fragilidad,
lo vulnerable, lo despreciado,
porque enfrentaste la crueldad
de un poder sin alma,
porque no cediste al miedo,
porque fuiste fiel —hasta la cruz—
al sueño que anunciabas.

Así nos enseñas:
creer no es cerrar los ojos,
sino abrirlos más.
Creer
es reconocer tus huellas
en la historia, y seguirlas.
Creer
es hacer de la vida una obra
que también hable de ti.

Gerardo Carlos C. Oberman

Fuente: Perfil del autor en Facebook.


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