Cada vez más búsquedas terminan sin un solo clic y los usuarios casi no chequean el origen de las respuestas que les da la inteligencia artificial (IA).
La inteligencia artificial simplificó el acceso a la información y cambió por completo la forma en que consumimos contenidos. En un contexto de respuestas inmediatas, aprender a distinguir cuándo confiar en un algoritmo y cuándo volver a la fuente original se volvió una habilidad central.
Conseguir información nunca fue tan fácil. Alcanza con escribir una pregunta en ChatGPT, en Gemini o directamente en el buscador de Google para recibir, en segundos, una respuesta ordenada y con apariencia de estar completa. El problema aparece justo ahí, cuanto más simple resulta obtener esa respuesta, menos personas se toman el trabajo de verificar de dónde salió.
¿Por qué cada vez menos personas entran a la fuente original?
Veníamos de una lógica basada en la búsqueda y pasamos a una lógica basada en la respuesta directa. Antes, investigar un tema implicaba visitar varios sitios, comparar versiones y armar una conclusión propia con todo ese material. Hoy la mayoría de las personas recibe una síntesis ya armada por un modelo de inteligencia artificial, y ahí termina la consulta.
Diego Pereyra, director global de Salud de la empresa informática Softtek, planteó que la inteligencia artificial modificó el punto de arranque de cualquier búsqueda. Según describió, antes la persona recorría distintas fuentes para construir su propia respuesta, mientras que hoy espera recibir casi de inmediato una síntesis ya elaborada.
Ese cambio de hábito ya se puede medir. Un estudio de Pew Research Center, un centro de investigación estadounidense no partidista que realiza sondeos de opinión, análisis demográficos e investigaciones sobre tendencias sociales, encontró que, cuando Google muestra un resumen generado por inteligencia artificial (AI Overview), las personas hacen clic en los resultados tradicionales en apenas el 8% de las búsquedas, contra el 15% cuando ese resumen no aparece.
El dato más llamativo es otro, solo el 1% de las personas llega a abrir alguno de los enlaces que la propia inteligencia artificial menciona como fuente.
¿Qué significa que una búsqueda termine sin ningún clic?
Según datos de SparkToro, elaborados a partir de información de Similarweb, el 68% de las búsquedas hechas en Google ya no derivan en ningún clic hacia otro sitio web. A este fenómeno se lo conoce como «zero click search», y se aceleró con la llegada de las respuestas generadas por inteligencia artificial.
Buena parte de lo que hoy se consume como información llega filtrado por un modelo de lenguaje, sin que el usuario pase por el sitio que originalmente publicó ese contenido. Da lo mismo si se trata de un trámite, una comparación de precios o una consulta de salud, el vínculo entre quien busca información y quien la publica cambió de raíz.
Para Pereyra, esa dinámica mejora mucho la productividad de quien busca datos, aunque también modifica la forma en que se valida lo que se lee. El desafío, sostuvo, ya no pasa por acceder al conocimiento sino por distinguir qué contenido resulta confiable, relevante y útil según cada situación.
¿Qué puede salir mal si confías ciegamente en la inteligencia artificial?
La velocidad tiene un precio. Los modelos de inteligencia artificial pueden entregar respuestas muy convincentes aunque contengan errores, dejen de lado parte del contexto o mezclen datos de calidad dispareja. Dentro de la industria tecnológica, ese fenómeno tiene nombre propio y se lo conoce como alucinación, es decir, respuestas incorrectas presentadas con total seguridad.
Para Pereyra, el principal riesgo es «la falsa sensación de certeza». Si el usuario no verifica esos resultados, agregó, puede terminar tomando decisiones sobre una base equivocada, algo especialmente delicado en terrenos como la salud, las finanzas o el derecho, donde una decisión mal tomada tiene consecuencias reales.
¿Por qué en medicina el chequeo humano sigue siendo importante?
Gastón Valverde Lyons, director general ejecutivo de IntraMed (plataforma digital y comunidad profesional para médicos), coincidió en que la IA ya ocupa un lugar valioso como herramienta de apoyo dentro de la medicina. Puede resumir evidencia, detectar patrones y facilitar el acceso a grandes volúmenes de información médica.
El especialista agregó que la práctica médica no ocurre solo en el terreno de la información disponible, sino frente a un paciente concreto, con una historia particular y en un contexto determinado. Por eso sostuvo que existe un tipo de saber que ninguna IA logra reemplazar del todo, la experiencia acumulada a lo largo de los años de ejercicio profesional.
«Muchas veces ese conocimiento no está escrito en ningún lado», señaló Valverde Lyons. Explicó que la medicina se apoyó siempre en espacios de discusión de casos, como los ateneos, la residencia o la consulta con un colega que ya atravesó situaciones parecidas, y que buena parte de ese saber permanece en la experiencia de quienes enfrentaron casos complejos, excepciones y decisiones difíciles.
¿Cómo usar la inteligencia artificial sin perder el criterio propio?
Este cambio no elimina la búsqueda tradicional, pero sí modifica el peso de cada etapa del proceso. Cuando la IA concentra buena parte del rastreo de información y entrega una primera versión ya sintetizada, también cambia lo que se espera de quien busca.
Pereyra remarcó que, en lugar de invertir tiempo buscando datos sueltos, cada vez importa más saber formular buenas preguntas, interpretar las respuestas y validar lo que realmente importa. En otras palabras, la alfabetización digital está cambiando de eje, ya no alcanza con saber buscar, ahora hace falta aprender a verificar.
Valverde Lyons agregó que esto se nota, sobre todo, en el exceso de información que reciben los profesionales de la salud todos los días. Un médico recibe contenidos de manera constante, desde múltiples fuentes y formatos, pero a la hora de tomar una decisión suele volver a sus círculos de confianza, un colega con más experiencia, un jefe de servicio o una comunidad profesional.
El valor de las plataformas especializadas, insistió, no está solo en dar información, sino en ofrecer información validada por expertos.
Hoy la inteligencia artificial puede responder casi cualquier pregunta en segundos. Por eso la pregunta central ya no es dónde encontrar información, sino de dónde viene, quién la respalda y en qué momento conviene contrastarla con la experiencia humana. Esa distinción marca la diferencia entre usar la inteligencia artificial como una herramienta útil y depender de ella sin ningún criterio propio.
Para el usuario de todos los días, el desafío pasa por incorporar un hábito simple, tomar la respuesta de la inteligencia artificial como punto de partida y no como punto final, y guardar la verificación para las decisiones que de verdad importan, ya sea una consulta médica, una operación financiera o un trámite legal.
El planteo no queda solo en manos de los usuarios. También involucra a los medios, a las plataformas de salud y a cualquier sitio que produzca contenido, porque el tráfico que antes llegaba por un clic ahora pasa, cada vez más seguido, por la lectura previa de un modelo de IA. En ese escenario, la reputación de quien publica cada dato pesa tanto como el dato mismo.
Nota de R.: Este artículo acerca de la inteligencia artificial fue publicado originalmente en iProfesional.
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