Firmar un contrato de alquiler, cerrar un acuerdo comercial o resolver cualquier trámite sin salir de tu casa dejó de ser una idea futurista. En la Argentina cada vez más personas acceden a la firma digital gratuita y a distancia, una herramienta que permite validar documentos con plena validez legal, sin gastar en un token físico ni sacar turno para hacer el trámite en persona.
Te cuento cómo conseguirla, qué trámites puedes resolver con ella y en qué se diferencia de la firma electrónica que ya se usa en muchas plataformas.
Durante años, el precio, lo engorroso del trámite y la exigencia de presentarse físicamente le pusieron un freno a la adopción masiva de esta herramienta.
Eso empezó a cambiar con la publicación del Decreto 743/2024 en el Boletín Oficial, que modificó la reglamentación de la Ley 25.506 y sumó nuevas formas de validar la identidad para emitir certificados digitales. Según InfoLeg, esa misma ley es la que le da eficacia jurídica tanto a la firma digital como a la firma electrónica en el país.
Daniel Raskin, gerente general de Lakaut, me lo resumió así: «La posibilidad de acceder a la firma digital de manera gratuita y con un proceso más simple y remoto representa un cambio significativo para ampliar su adopción en la Argentina».
Cómo se consigue la firma digital gratis desde el celular
Lo más relevante del cambio es que ahora se puede dar de alta el certificado sin salir de tu casa. El Decreto 743/2024 sacó la obligación de presentarse en persona para emitir, renovar, modificar o revocar certificados digitales emitidos por certificadores con licencia.
En los hechos, esto derriba una traba que durante mucho tiempo dejó afuera a usuarios particulares, profesionales independientes y pequeñas empresas.
Raskin destacó que «este cambio normativo fue fundamental porque permitió modernizar la forma de acceder a la firma digital y adaptarla a las necesidades actuales de ciudadanos y organizaciones». Según el ejecutivo, «la posibilidad de gestionar certificados de manera remota elimina barreras operativas y simplifica un proceso que históricamente requería presencialidad y dispositivos físicos específicos».
El trámite se apoya en validación biométrica, prueba de vida y el cruce de datos con el Registro Nacional de las Personas. En otras palabras, el sistema chequea que quien pide el certificado sea realmente esa persona y que esté presente en el momento de la gestión.
Como lo planteó Raskin, ese cruce de información «permite verificar que la persona que solicita el certificado es quien dice ser y se encuentra presente durante el proceso».
En qué se diferencia la firma digital de la firma electrónica
Si ya aceptabas términos o confirmabas operaciones en alguna plataforma digital, ¿por qué esto iba a tener un peso legal distinto? La clave está en el sustento técnico y jurídico de cada mecanismo. Raskin señaló que «la principal diferencia está en el nivel de seguridad y respaldo legal que ofrece cada una».
La Ley 25.506 dice que, cuando alguien desconoce una firma electrónica, quien la invoca tiene que demostrar que es válida. Con la firma digital pasa lo opuesto. Se presume, salvo prueba en contrario, que pertenece al titular del certificado digital que permite verificarla.
Raskin explicó que «la firma digital establece una presunción legal respecto de su autoría: en caso de controversia, quien cuestiona la firma debe demostrar que existió una irregularidad». Para quien firma, esto se traduce en menos discusiones sobre la autoría de un documento y en mayor previsibilidad si en algún momento aparece un conflicto.
Por qué no se puede modificar un documento ya firmado
La firma digital no solo identifica a quien firma, también permite chequear que el archivo no se tocó después de firmarlo. Esto se logra con mecanismos criptográficos que generan una huella única para cada documento.
Raskin explicó que «si el documento es modificado, aunque sea mínimamente, esa huella cambia por completo y la firma deja de ser válida, permitiendo detectar de forma inmediata cualquier alteración posterior».
Por eso, agrega, «la tecnología permite verificar tanto la identidad del firmante como la integridad del documento, ofreciendo garantías técnicas y jurídicas de que el contenido permanece exactamente igual al momento en que fue firmado».
Qué trámites se agilizan con la firma digital
El impacto se ve en trámites administrativos, contratos comerciales, acuerdos entre profesionales, operaciones inmobiliarias y gestiones internas de las empresas. Cuando un documento acepta este tipo de validación, quien firma se ahorra traslados, gana tiempo y no necesita coordinar reuniones solo para poner una rúbrica en un papel.
Raskin sostuvo que «un modelo más accesible permite que más ciudadanos, profesionales y empresas puedan utilizar la firma digital para realizar gestiones de manera segura, con validez legal y sin que el factor económico sea un impedimento».
También remarcó que «al eliminar barreras de acceso, más personas y organizaciones pueden incorporar esta herramienta para reducir tiempos, evitar traslados y avanzar hacia procesos más simples y eficientes».
Qué pasa con el rol de los escribanos ahora
Que la firma digital tenga peso legal no quiere decir que reemplace cualquier intervención notarial. Hay actos donde la ley pide formalidades puntuales, y en esos casos el escribano sigue cumpliendo un papel necesario.
Raskin marcó ese límite: «La firma digital no busca reemplazar el trabajo notarial, sino complementarlo con herramientas disponibles para brindar seguridad jurídica en distintos tipos de operaciones para la sociedad». Y agregó que también ofrece una vía más ágil «para aquellos procesos que pueden realizarse en entornos digitales».
Cómo se protegen los datos y las claves privadas
Hablar de identidad digital siempre despierta dudas sobre seguridad, algo lógico. En Argentina, la infraestructura de firma digital trabaja con certificadores con licencia, controles de auditoría y una cadena de confianza que regula la Ley 25.506.
En el caso de Lakaut, Raskin explicó que la empresa «resguarda las claves criptográficas en módulos de seguridad de hardware (HSM), donde las claves privadas se generan y permanecen protegidas durante todo su ciclo de vida».
Además, el sistema funciona con «mecanismos de gestión segura de certificados, controles de acceso, auditorías y protocolos criptográficos que garantizan la confidencialidad, integridad y trazabilidad de toda la operatoria».
Según Raskin, «no depende únicamente de la autenticación del usuario, sino de una arquitectura criptográfica respaldada por una cadena de confianza, donde cada operación puede verificarse y validarse de forma independiente».
Qué falta para que la firma digital se use a diario
La herramienta ya existe y funciona, pero el desafío pasa por que más gente sepa cuándo usarla, cómo conseguirla y qué valor legal tiene. También falta trabajo puertas adentro de empresas, estudios profesionales y organismos públicos para sumarla a los trámites de todos los días.
Para Raskin, «el principal desafío es continuar impulsando el conocimiento y la adopción de la firma digital». Y completó: «La herramienta ya está disponible, pero es necesario que más empresas, profesionales y ciudadanos comprendan sus beneficios y la incorporen como parte habitual de sus procesos».
La etapa que viene, según el ejecutivo, pasa por seguir «simplificando experiencias de uso» y fortaleciendo la confianza en las operaciones digitales. Si esa adopción sigue creciendo, firmar un documento desde el celular podría terminar siendo tan habitual como pagar una factura desde la banca electrónica.
Nota de R.: Este artículo acerca de la firma digital fue publicado originalmente en iProfesional.
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