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El legendario órgano de tubos Forster y Andrews de 1883 del templo de la Iglesia Presbiteriana San Andrés del Centro volverá a sonar de forma oficial el 28 de agosto a las 19.00 en la avenida Belgrano 579, en pleno corazón de Buenos Aires.

La inauguración de este valioso instrumento, tras haber superado una profunda restauración integral, representa la recuperación de una de las joyas más importantes del patrimonio musical y cultural de la ciudad.

La cita artística estará a cargo del virtuoso organista y compositor Moshe Ariel Ganelin, quien ofrecerá un recital de alta exigencia técnica que recorrerá desde el barroco hasta la improvisación contemporánea, conectando este regreso instrumental con el Programa 1825 para la revalorización del legado escocés en el país.

Este suceso marca el regreso definitivo de un coloso sonoro que permaneció en silencio durante años, devolviendo a los porteños la oportunidad de experimentar la riqueza acústica de un instrumento único.

La velada celebrará la culminación de un complejo proceso de restauración técnica, y también reabrirá un espacio cultural permanente en el Casco Histórico de la ciudad, consolidando una agenda artística abierta a toda la comunidad porteña y a los amantes de la música de cámara.

¿Por qué este órgano es una pieza única de la cultura porteña?

El instrumento musical restaurado en el templo de la Avenida Belgrano posee una trayectoria que se entrelaza con el desarrollo urbano de la Capital Federal. Construido originalmente en el año 1883 por el célebre taller de organería Forster y Andrews, con sede en la localidad británica de Hull, sus componentes mecánicos y su primer conjunto de tuberías comenzaron a operar a principios de 1884.

En aquel entonces, el órgano prestaba servicio en la antigua iglesia fundada a mediados de la década de 1850, emplazada en la calle Piedras 55, en el Centro porteño, entre las actuales Rivadavia e Hipólito Yrigoyen.

Aquella estructura original era modesta en comparación con la actual; contaba con un solo teclado manual y su funcionamiento mecánico dependía de un fuelle de aire accionado de forma manual por un asistente del organista.

El destino del órgano cambió con el proyecto de modernización de Buenos Aires a fines del siglo XIX. La demolición de la antigua sede presbiteriana en el año 1893, indispensable para permitir la apertura de la Avenida de Mayo, obligó a las autoridades de la iglesia a resguardar las partes del órgano en un depósito temporal.

El instrumento permaneció allí hasta la inauguración del nuevo templo neogótico en el año 1895. Al año siguiente, en 1896, el órgano volvió a sonar bajo las nuevas bóvedas de la avenida Belgrano, aunque ya adaptado y ampliado para ajustarse a las dimensiones acústicas del espacio arquitectónico. En esta

etapa se le incorporó un segundo teclado manual, una mayor cantidad de tubos y un ventilador centrífugo eléctrico que reemplazó de forma definitiva la tracción manual del aire.

La fisonomía sonora definitiva del órgano se consolidó en 1926. En ese año, la compañía Vincent y Sewell, oriunda de la ciudad británica de Sunderland, llevó a cabo una modificación técnica bajo la supervisión del organista J. Lewellyn Hawes.

Este proyecto introdujo un sistema de transmisión electro neumático de última generación para la época, añadió un tercer teclado manual, incorporó una pedalera completa y sumó una serie de registros adicionales fabricados por la casa Gray y Davison de la ciudad inglesa de Liverpool.

Con el agregado de un segundo ventilador centrífugo, el órgano alcanzó la configuración que conserva en la actualidad, con un total de 58 registros y 1900 tubos sonoros. Esta riqueza instrumental convierte al órgano Forster y Andrews en una de las joyas patrimoniales más importantes de la ciudad, porque posee sonoridades y registros únicos en la Argentina.

¿En qué consiste el plan de revalorización del legado escocés en la Argentina?

La restauración de este instrumento de tubos forma parte del denominado Programa 1825. Esta propuesta, diseñada y coordinada por el Espacio Cultural San Andrés, tiene como propósito rescatar, conservar y acercar a toda la sociedad argentina el patrimonio de carácter histórico, cultural y espiritual legado por la corriente migratoria escocesa en la nación.

La recuperación de este instrumento musical centenario representa un paso significativo dentro de este compromiso con la memoria colectiva y la preservación del patrimonio físico de los inmigrantes.

La conmemoración del Programa 1825 adquiere una dimensión emocional profunda al coincidir con el bicentenario de un hecho fundamental en la historia migratoria argentina. El 11 de agosto de 1825, la goleta Symmetry of Scarborough arribó al puerto de Buenos Aires transportando una colonia de familias escocesas organizadas con el propósito de poblar y trabajar las tierras de la naciente república.

Este grupo pionero estaba compuesto por labradores, artesanos, médicos, agrimensores y constructores que buscaban forjar un porvenir próspero frente a la crisis económica europea posterior a las guerras napoleónicas.

Los hermanos John y William Parish Robertson desempeñaron un papel decisivo en esta empresa al adquirir tierras en la zona de Santa Catalina, en Llavallol, y en Monte Grande, en el sur del actual Gran Buenos Aires, para permitir el asentamiento ordenado de las familias.

Aunque aquella colonia agraria original sufrió diversas dificultades económicas y se disolvió con el paso de los años, la impronta de la comunidad escocesa en la Argentina dejó una huella duradera que persiste hasta la actualidad en instituciones sociales, educativas y de fe.

Centros educativos de prestigio como el St. Andrew’s Scots School, fundado en el año 1838, la Universidad de San Andrés, y las iglesias presbiterianas activas son muestras de una identidad cultural y educativa que continúa aportando su riqueza al país.

El Programa 1825 busca resignificar este bagaje histórico, organizando actividades artísticas, encuentros comunitarios y restaurando monumentos físicos, para asegurar que las nuevas generaciones reconozcan la enorme contribución de aquellos pioneros que plantaron sus raíces hace ya dos siglos.

¿Cómo será la gala inaugural de este instrumento centenario?

El concierto inaugural del 28 de agosto representará un viaje musical y temporal, concebido para celebrar la recuperación del órgano Forster y Andrews. El recital se desarrollará en el templo de la avenida Belgrano 579, un marco arquitectónico de belleza neogótica.

Para facilitar el acceso de toda la comunidad, la entrada se instrumentará mediante un bono contribución de carácter voluntario, con un valor sugerido de 12.000 pesos, el cual podrá abonarse tanto en efectivo como a través de un código QR destinado a la cuenta de la institución presbiteriana.

El repertorio seleccionado para esta noche está estructurado con un criterio que permite lucir en su máxima expresión todas las posibilidades acústicas y los matices tímbricos que poseen los 1900 tubos del instrumento. El concierto se iniciará con la célebre Toccata y fuga en re menor, BWV 565, de Johann Sebastian Bach, una obra de gran dramatismo ideal para demostrar la potencia del pleno del órgano.

El compositor alemán también estará presente con su Preludio coral Schmüke dich, o liebe Seele, BWV 654, una pieza que destaca por su profunda espiritualidad y su línea melódica sumamente expresiva.

El programa continuará con la Introducción y Passacaglia en re menor de Max Reger, una composición de enorme exigencia técnica que explora la variedad de dinámicas del instrumento, seguida por el vibrante Carillon de Westminster, perteneciente a las Piezas Fantásticas del compositor francés Louis Vierne.

La segunda mitad de la gala ofrecerá propuestas innovadoras y adaptaciones de gran envergadura. El público podrá disfrutar de la Oración después de la comunión, una pieza del místico creador francés Olivier Messiaen extraída de su Libro del Santo Sacramento de 1984.

También se interpretarán dos transcripciones para órgano solo realizadas por el propio intérprete: el dramático final del célebre ballet El lago de los cisnes, obra de Piotr Ilyich Tchaikovsky, y el virtuoso Estudio Opus 10 Número 12 de Frédéric Chopin.

La velada concluirá con un doble guiño al legado de Escocia: la interpretación de La canción del marinero, perteneciente a la Suite Druídica Opus 40 del propio concertista, y una improvisación en vivo sobre la tradicional melodía escocesa Auld Lang Syne.

¿Quién es el organista a cargo de esta reapertura musical?

La responsabilidad de hacer sonar nuevamente este gigante de metal y madera recayó en el talentoso y prestigioso organista, pianista e improvisador Moshe Ariel Ganelin. Nacido en el año 1992, Ganelin consolidó una trayectoria internacional de relieve.

Se graduó con la distinción cum laude en el Conservatorio Estatal de San Petersburgo Rimskiy-Kórsakov y completó sus estudios superiores con honores en la Southern Methodist University de Dallas, en los Estados Unidos, donde recibió el premio Roy and Sue Johnson de música sacra en el año 2018.

A lo largo de su carrera, fue galardonado en certámenes internacionales: logró el primer premio en el XI Concurso Internacional de Órgano Mikael Tariverdiev en Kaliningrado, Rusia, y recibió reconocimientos en centros musicales como la Michaeliskirche de Hamburgo y la Jakobikirche de Lübeck, en Alemania, así como en la Catedral del Domo de Riga, en Letonia.

Actualmente radicado en la Argentina, Ganelin se desempeña como organista principal en la Catedral Anglicana de San Juan Bautista de Buenos Aires.

Su labor no se limita a la interpretación del repertorio tradicional; Ganelin es un compositor prolífico que compuso siete sinfonías para órgano solo, un concierto para órgano y orquesta sinfónica titulado The Celtic Lovesong, y diversas composiciones que expanden las fronteras de este instrumento musical.

Tras esta velada de reapertura, el ciclo de conciertos continuará ofreciendo oportunidades para apreciar la riqueza del instrumento Forster and Andrews en la Iglesia Presbiteriana de la avenida Belgrano. Los organizadores confirmaron las próximas fechas musicales, que tendrán lugar el 30 de octubre y el 11 de diciembre.


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César Dergarabedian

Soy periodista. Trabajo en medios de comunicación en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Especializado en tecnologías de la información y la comunicación. Analista en medios de comunicación social graduado en la Universidad del Salvador. Ganador de los premios Sadosky a la Inteligencia Argentina en las categorías de Investigación periodística y de Innovación Periodística, y del premio al Mejor Trabajo Periodístico en Seguridad Informática otorgado por la empresa ESET Latinoamérica. Coautor del libro "Historias de San Luis Digital" junto a Andrea Catalano. Elegido por Social Geek como uno de los "15 editores de tecnología más influyentes en América latina".

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