Evangélicos exiliados

No son ni cristianos exiliados en otro país distinto al de origen ni víctimas de persecuciones religiosas. Se trata de un tipo de exclusión interna que está expulsando a ¿centenares, miles? de evangélicos de sus propias iglesias.

El problema fue divulgado por Julio C. López en una nota de la revista de la Iglesia Presbiteriana San Andrés, en Buenos Aires, que reprodujo la publicación «Los Elegidos».

En muchas iglesias para pertenecer se reclaman nuevas fidelidades. Y si no se las satisface, los dirigentes (llamados en forma cada vez más habitual «líderes», palabra de origen inglés que no tiene su equivalente en las traducciones de la Biblia al español) declaran que «no es posible trabajar con gente que no comparte la misma visión».

López indica que estas historias de exilios «nacen en la cuna de la intolerancia y de un uso excluyente del poder«. Y señala que «en los últimos años, bajo la forma de un movimiento espiritual con un avance demoledor, se instalaron en las iglesias evangélicas gobiernos duros, inapelables. Resultan ser sentimentales en el culto, pero ferozmente pragmáticos en el gerenciamiento».

Los dirigentes «se fortalecen reclamando más y más autoridad, y tolerando cada vez menos las preguntas, las observaciones, el disenso». Y aquellos que enseñaban, predicaban y administraban fueron desechados por estos líderes. Son en su mayoría matrimonios que crían hijos o personas mayores de 40 años. No importa su origen denominacional.

López reconoce que «recibirlos» a estos cristianos exiliados «es una tarea pastoral penosísima». Pero recuerda un consejo del apóstol Pedro: «Hospédense unos a otros sin murmuraciones«.

Hasta aquí lo que publiqué en la edición 24 de Pulso Cristiano el 7 de octubre de 2004. Volví a mencionar el tema en la edición 112 de ese medio, el 5 de junio de 2008.

¿Cambió algo la situación planteada en estas notas hace siete y casi 4 años? Por comentarios y casos que conozco en forma directa e indirecta, estos exilios continúan registrándose, y constituyen la cara oculta de lo que algunos dirigentes aun hoy llaman el «avivamiento argentino«.

2 comentarios sobre “Evangélicos exiliados”

  1. Nada ha cambiado, tal como yo lo veo. La intolerancia al cambio es, justamente, característica del mundo religioso y poco tiene que ver con lo sorprendente del reino de Dios.

  2. Excelente. La condición no cambió. El exilio tiene muchas formas veladas, incluso la de personas que sufren ese exilio sin haber dejado su congregación. La idea de Jesús acerca de «dos o tres que se reúnen en mi nombre» se ha cambiado por la que se basa en la obediencia a los líderes y a las normas institucionales. Debido a esto, en muchos casos, la ruta hacia el liderazgo se ha convertido en un camino de obsecuencias. Fuera solo queda la opción de dejar la congregación o convertirse en un espectador o en una persona periférica.

    Gracias a Dios, no es el caso de la iglesia donde me congregó, la cual -como suelo decir- es tan amorosa que recibe a creyentes como yo.

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