Una alegría personal gracias a Di Stéfano


Nunca vi jugar a Alfredo Di Stéfano, uno de los mejores futbolistas de la historia, que falleció el 7 de julio de 2014. Sin embargo, fui testigo directo de su consagración en 1981 como entrenador campeón de mi querido River Plate. Gracias a Di Stéfano tuve una de las pocas alegrías en un año difícil.

Por una arbitraria sanción disciplinaria en 1980, repetí el cuarto año de la escuela secundaria e inicié 1981 con compañeros que no conocía y con los mismos docentes que habían respaldado esa medida injusta.

Mi madre, también riverplatense, entendió que el fútbol podía ser una buena terapia para sobrellevar ese tiempo de prueba, y me acompañó muchas veces al estadio Monumental.

Pero el fútbol trajo más sinsabores. River fue eliminado de la Copa Libertadores de América en un nefasto partido de local ante el Deportivo Cali, y encima Boca Juniors salió campeón del torneo Metropolitano de ese año, de la mano de Diego Maradona y Miguel Brindisi.

A mediados de ese año, la conducción del club de Nuñez echó al entrenador, el mito viviente Angel Labruna, que venía de cortar una sequía de títulos de 18 años y de obtener seis campeonatos, y eligió a Di Stéfano para poner orden a un plantel dividido. También River replicó el golpe que había dado por Boca con la contratación de Maradona y retornó al país a Mario Alberto Kempes, procedente del club español Valencia y figura de la Argentina campeón del mundo de 1978.

Las sonrisas llegaron de la mano de don Alfredo, con un triunfo por el campeonato Nacional 3-2 en la Bombonera con un gran gol de Jorge García.

Labruna dio una mano en la última fecha. River necesitaba para clasificar a la fase definitoria que Loma Negra empatara o perdiera con Talleres de Córdoba, que dirigía don Ángel. Y así fue, con el empate de los cordobeses con el equipo de Olavarría.

Di Stéfano tenía planteos tácticos conservadores y amarretes con el espectáculo. River ganaba pero no gustaba a los ojos “millonarios”, habituados a un buen trato del balón y juego ofensivo.

La final a ida y vuelta fue con Ferro Carril Oeste, el único equipo que había derrotado a River en el campeonato y por dos veces. Era la época de gloria del club del barrio porteño de Caballito. Su sede estaba a unos 100 metros del templo de la iglesia evangélica bautista donde se congregaba mi familia y donde yo pasaba los fines de semana. Muchos de mis amigos y conocidos de esa época disfrutaban de la máquina futbolística armada por Carlos Timoteo Griguol.

El 16 de diciembre fui al Monumental con mi madre a ver desde la tribuna popular local la primera final. El partido fue muy parejo y Julio “el vasco” Olarticoechea lo desniveló con un gol de larga distancia que sorprendió al ex arquero de River, Carlos Barisio.

El 20 de diciembre fui solo al estadio de Ferro en Caballito, era domingo y mi madre prefirió quedarse en la iglesia, quizás para orar por la definición…

Estuve en el extremo derecho de la platea lateral de madera que daba sobre la avenida Avellaneda, un lugar de privilegio donde pude ver de cerca como Kempes convirtió a los 13 minutos del segundo tiempo el gol del campeonato. Y el “Matador” fue a festejarlo justo al sector donde estaba.

La vuelta olímpica y los festejos fueron un desahogo personal luego de un año muy difícil y complicado. Y tomé la enseñanza de unas frases que dijo luego de la celebración Di Stéfano, el único entrenador en la Argentina en salir campeón con River y con Boca Juniors:

“Creo que elegí el camino justo, el de la disciplina y el sacrificio, algunos podrán acusarme de cambiarle la cara a River, yo pienso que no había otra salida. Cuando el traje de etiqueta no va, hay que ponerse el overol. No era fácil imponerle a River esa mentalidad, por suerte los jugadores lo comprendieron y éste es el resultado”.

Alfredo Di Stéfano, en el centro, junto a Ubaldo Matildo Fillol (a la izquierda), en los festejos del campeonato Nacional 1981.
Alfredo Di Stéfano, en el centro, junto a Ubaldo Matildo Fillol (a la izquierda), en los festejos del campeonato Nacional 1981.

2 comentarios en “Una alegría personal gracias a Di Stéfano”

  1. Qué lindo recuerdo!! Y no hacía falta el adjetivo de “arbitraria”, a muchos de nosotros nos han sacado en la escuela tarjeta amarilla y tarjeta roja. No importa la razón, hoy seguimos adelante dando lo mejor de nosotros. Abrazo de un hincha del Rojo a una gallina millonaria.

  2. El viernes anterior a la revancha definitoria en Caballito, Di Stéfano borró a Alonso, sin explicación previa. El Beto no fue incluido entre los concentrados. Después se terminó yendo a jugar a Velez. Di Stéfano había llegado a River para disciplinar al plantel. Gallego y Bulleri empezaron a ocupar los lugares de Mostaza y J.J. López y Passarella, que noi se bancaba a Alonso, quedó como el gran capanga.

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