Abrirse a lo nuevo en la vejez

Entre el 23 y el 28 de febrero participé como tallerista en un retiro convocado por la Confederación Evangélica Bautista Argentina (CEBA) en la provincia de Córdoba.

Ante un centenar de personas de entre 55 y 85 años de edad, que se dividieron en cuatro grupos que rotaban cada día, brindé y coordiné, invitado por la CEBA, un taller bajo el lema “Abrirse a lo nuevo”.

La actividad fue organizada por el Departamento de Acción Comunitaria de la CEBA, en el marco del programa “Potenciar la vida”.

Además de los talleres, los adultos mayores participaron en excursiones y actividades recreativas en la Villa Bautista Thea, a pocos kilómetros de la localidad de Villa Giardino, en el valle cordobés de Punilla.

Aunque el tiempo no acompañó mucho, porque llovió la mayoría de los días del retiro, los participantes disfrutaron de un tiempo enriquecedor en sus vidas.

El retiro estuvo bajo la dirección eficiente, firme y serena de Graciela Ragni y el pastorado del simpático  Roberto Leconte, los participantes provenientes de gran parte del país trabajaron diferentes áreas personales en los talleres que coordinaron los alegres y entusiastas preparadores físicos Aurelio y Karina Dos Santos, el psicólogo Matías Gutawski (una versión moderna de Timoteo, por su humildad, sabiduría y esfuerzo), y mi querido y amado pastor Ignacio Loredo junto a su esposa Graciela, además de un servidor.

Fue un tiempo hermoso e inolvidable en lo personal, porque compartí con personas que aprecio mucho, como Samuel y Lidia Fafasuli, David y Elida Pluis y Alicia Fiorini, y conocí a otras que me ayudaron a crecer contándome sus historias y anhelos.

Puedes ver fotografías que tomé en el retiro aquí. Debajo, un video mío en la clásica foto de los participantes:

Dios mediante, espero llegar a la edad que tienen muchas personas que aparecen en este video y en la fotografía al inicio de esta nota, con la energía, la esperanza y la alegría de vivir que manifestaron durante el retiro.

En notas sucesivas compartiré un resumen de lo que brindé en mi taller, cuyos objetivos fueron los siguientes:

  • Comprender el concepto y los factores que intervienen en la creación y el desarrollo de un nuevo proyecto personal.
  • Potenciar los recursos personales, sociales y tecnológicos que ayuden a crear y desarrollar un nuevo proyecto personal.

Al inicio del taller describí el siguiente contexto en el que viven los adultos mayores:

Las expectativas de una longevidad que se puede transcurrir en mejores condiciones de salud respecto al pasado; la perspectiva de poder cultivar intereses que suponen un grado más elevado de instrucción; el hecho de que la vejez no es siempre sinónimo de dependencia y que, por tanto, no menoscaba la calidad de la vida, no parecen ser condiciones suficientes para que se acepte un período de la existencia en el cual muchos de nuestros contemporáneos ven exclusivamente una inevitable y abrumadora fatalidad.

Está muy difundida, hoy, en efecto, la imagen de la tercera edad como fase descendiente, en la que se da por descontada la insuficiencia humana y social.

Se trata, sin embargo, de un estereotipo que no corresponde a una condición que, en realidad, está mucho más diversificada, pues los ancianos no son un grupo humano homogéneo y la viven de modos muy diferentes.

Existe una categoría de personas, capaces de captar el significado de la vejez en el transcurso de la existencia humana, que la viven no sólo con serenidad y dignidad, sino como un período de la vida que presenta nuevas oportunidades de desarrollo y empeño.

Y existe otra categoría —muy numerosa en nuestros días— para la cual la vejez es un trauma.

Personas que, ante el pasar de los años, asumen actitudes que van desde la resignación pasiva hasta la rebelión y el rechazo desesperados.

Personas que, al encerrarse en sí mismas y colocarse al margen de la vida, dan principio al proceso de la propia degradación física y mental.

Es posible, entonces, afirmar que las facetas de la tercera y de la cuarta edad son tantas cuantos son los ancianos, y que cada persona prepara la propia manera de vivir la vejez durante toda la vida.

En este sentido, la vejez crece con nosotros. Y la calidad de nuestra vejez dependerá sobre todo de nuestra capacidad de apreciar su sentido y su valor, tanto en el ámbito meramente humano como en el de la fe.

(Continúa en esta nota)

2 comentarios sobre “Abrirse a lo nuevo en la vejez”

    1. César Dergarabedian – Buenos Aires, Argentina – Soy periodista. Trabajo en medios de comunicación en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Especializado en tecnologías de la información y la comunicación. Analista en medios de comunicación social graduado en la Universidad del Salvador, soy ganador del premio Sadosky a la Inteligencia Argentina en las categorías de Investigación periodística y de Innovación Periodística y del premio al Mejor Trabajo Periodístico en Seguridad Informática otorgado por la empresa ESET Latinoamérica. Fui tallerista y prejurado de concursos de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, de Gabriel García Márquez. Coautor del libro "Historias de San Luis Digital" junto a Andrea Catalano. Más información en https://bahiacesar.com/acerca-de/
      cesardergarabedian dice:

      ¡Muchas gracias, Carina!

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