¿Por qué hay que abrirse a lo nuevo en la vejez?

Entre el 23 y el 28 de febrero participé como tallerista en un retiro convocado por la Confederación Evangélica Bautista Argentina (CEBA) en la provincia de Córdoba.

Ante un centenar de personas de entre 55 y 85 años de edad, que se dividieron en cuatro grupos que rotaban cada día, brindé y coordiné, invitado por la CEBA, un taller bajo el lema “Abrirse a lo nuevo”.

Puedes leer más sobre esta actividad en esta nota. En ese mismo artículo inicié una serie de notas donde comparto un resumen de lo que brindé en mi taller.

¿Por qué hay que abrirse a lo nuevo en la vejez? Desarrollar un proyecto de vida es una capacidad que poseemos todas las personas independientemente de nuestra edad.

Es una capacidad tan propia del adulto mayor como de cualquier otro grupo de edad, solamente deberá plantearse de una forma distinta pero al final, la meta de conseguir darle un sentido a nuestros días será tan válida e imprescindible para la persona mayor como para cualquier otra.

Es imposible pensar en ofrecer una receta para desarrollar un proyecto de vida propio, esta es una tarea ardua, compleja e individual que puede darse únicamente a través de un proceso de reflexión personal que indague en los propios gustos, preferencias, deseos y sueños.

Es una empresa personal que nos puede llevar a rememorar antiguos hábitos y placeres de la adolescencia o enfrascarnos en nuevas tareas y anhelos poco explorados.

La tarea se complica principalmente por los prejuicios sociales que existen ante el envejecimiento.

Por un lado, las personas a nuestro alrededor podrían pensar dada la edad avanzada de una persona esta debería alejarse de cultivar nuevos pasatiempos y diversiones.

A pesar de ello la barrera más arraigada que tenemos para llevarlo a cabo es el prejuicio que uno mismo tenga de sí mismo por el hecho de haber llegado a la vejez.

Este tipo de pensamientos erróneos y poco veraces pueden materializarse en frases como “a mi edad ¿ya para qué?”, “esas cosas son sólo para jóvenes”, “en mis tiempos era diferente”, y muchas otras, que empiezan con “Ya no…”

Estos pensamientos negativos acerca de la propia vejez están asociados a un rendimiento más bajo en tareas intelectuales y pueden ir acompañados de pensamientos de depresión y tristeza que es necesario erradicar.

Mientras más capaz se sienta una persona mayor de llevar a cabo una tarea, mejor será su desempeño en ella y a esto le llamamos autoeficacia.

Por lo tanto, para desarrollar un proyecto de vida personal primero debemos sentirnos capaces de emprenderlo sin importar la edad.

Para el adulto mayor, aunque se presenta como un gran reto, es indispensable para poder sumarle calidad de vida, bienestar y satisfacción a su existencia.

Un proyecto de vida ayuda a los adultos mayores a ejercer un vínculo más saludable con el resto de su familia y generar nuevas relaciones, pues ayuda a mantener un estilo de vida activo, que además es unos de los factores esenciales para un envejecimiento exitoso.

Siempre que se emprende una tarea como desarrollar un proyecto de vida nos toparemos con pensamientos que traten de alejarnos de cumplirlo, esto es casi seguro dado que empezamos a salir de la zona de confort.

Lo importante es darnos cuenta de estos pensamientos y tratar de ver que son irracionales y podemos superarlos.

Si se puede involucrar a más personas en este proceso será muy benéfico dado que podremos discutir sobre estas creencias arraigadas, se tuvo toda una vida para cultivarlas y puede causar cierta incomodidad dar un giro hacia la novedad.

(Esta serie de artículos finalizará en una próxima nota)

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