50 años, 50 amigos: Pablo Gallegos


A las 21.50 del 1 de diciembre de 2014 entré al Náutico Bistró, uno de los más lindos restaurantes de la ciudad chubutense de Puerto Madryn, en la playa del golfo Nuevo, junto a Pablo Gallegos, uno de mis 50 invitados para celebrar mis 50 años, una idea sobre la cual puedes leer más en esta nota.

Había viajado a Puerto Madryn para participar en un cumpleaños sorpresa a Luis María Di Filippo, sobre el cual puedes leer más en esta nota.  Y aproveché para celebrar mi cincuentenario con otro par en edad: Pablo.

Con rabas, unas cervezas Stella Artois, langostinos a la milanesa con papas (para él) y un abadejo al papillote (para mí), y postres de helados, compartí durante algo más de dos horas con este amigo una distendida charla sobre nuestras vidas de medio siglo.

Nacido en la ciudad santafesina de Rosario, Pablo es el más vagabundo y mudado de mis 50 amigos, por causa del trabajo pastoral de su papá, Héctor.

Con apenas tenía seis meses de edad, él y su familia se mudaron a la ciudad de Quilmes, en el sur del Gran Buenos Aires.

Cuando tenía 7 años de edad fueron al Seminario Bautista en el barrio porteño de Floresta, y a los 11 años, al barrio de Caballito. En ese tiempo nos conocimos.

A los 15 años la familia se mudó a la ciudad chubutense de Trelew. Unos tres años después, la familia se mudó a la ciudad entrerriana de Paraná.

Pero Pablo había echado raíces en la Patagonia y los 19 años se radicó en Trelew, donde se casó a los 22 años con Lidia Garavano, con quien tuvo tres hijos varones, uno de ellos, Federico, flamante licenciado en comunicación social, aunque sobre él escribiré otra nota.

En 2007 retomamos el contacto en Puerto Madryn, donde se había radicado. Ese año se mudó con su familia a la ciudad chubutense de Esquel y al año volvieron a Puerto Madryn.

Dueño de un agradable hotel, Ty Coed (anunciante de este blog) en la zona residencial del sur de Puerto Madryn, Pablo está a cargo de un área de actividades y eventos culturales del Gobierno chubutense, por lo que reparte su tiempo entre su ciudad de residencia y Rawson, la capital provincial.

La charla con este contemporáneo mío fue sobre familias, parejas, hijos y fútbol. Ambos somos hinchas de River Plate.

En 1979, unos días antes de la mudanza de los Gallegos a Trelew, mi mamá le regaló una entrada para que me acompañara para ver la consagración de River en el Monumental como campeón del torneo Metropolitano de ese año en una final que ganamos 5-1 a Vélez Sarsfield. Teníamos 14 años y fuimos solos a la cancha…

Eterno galán, con una sonrisa y mirada tranquila de ojos claros que se ponen chiquitos cuando ríe, Pablo es uno de los amigos con los cuales más disfruto estar.

Gracias a él vivimos una noche inolvidable a pocos metros del golfo más hermoso de la Argentina.

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