50 años, 50 amigos: Germán Ferrari

A las 15.30 del 19 de febrero de 2015 me encontré en la esquina del bar Los Galgos con Germán Ferrari, uno de mis 50 invitados para celebrar mis 50 años, una idea sobre la cual puedes leer más en esta nota.

En la mayoría de los encuentros con mis invitados tomé la previsión de llegar media hora antes de la hora acordada para reservar un buen lugar en el bar, y, además, para despejar mi cabeza de compromisos que pudieran enturbiar la celebración, una especie de aterrizaje suave…

Pero en este caso, el lugar que había elegido Germán estaba cerrado, por decisión de sus dueños, según me dijeron empleados de negocios vecinos.

Cuando llegó Germán yo ya tenía un plan alternativo que él aceptó enseguida: ir al café El Gato Negro, a unos 200 metros de Los Galgos.

Al momento de publicar estas líneas, Germán puede ostentar el récord de la celebración más prolongada de esta serie: durante seis horas exactas hablamos de un montón de temas, aunque nos quedaron muchos otros en el tintero.

Con Germán compartí durante ocho años la redacción de la agencia de noticias Infosic. Ahí conocí, valoré y aprecié a un profesional riguroso, irónico, asertivo, al cual el periodismo le quedó chico…

Autor de una investigación sobre el escritor Raúl González Tuñón, docente en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y en otros centros educativos privados, investigador de comunicación social y de historia, Germán escribió varios libros, dos de los cuales me obsequió. Uno de ellos lo recomiendo con fervor: “1983: el año de la democracia”, de lectura imprescindible para quienes votamos por primera vez en nuestras vidas ese año.

No te voy agotar aquí con lo que hablamos durante seis horas, pero si te puedo asegurar que la dinámica de la conversación nunca decayó.

El periodismo, las nuevas generaciones de periodistas, la política, el repaso de la suerte y el destino de tantos compañeros de trabajo de Infosic, los avatares de nuestras vidas sobrevolaron mientras degustamos cafés con jengibres seguidos de cafés americanos, junto con porciones de strudel de manzanas y tostados de jamón y queso.

Simpatizante, como yo, de River Plate aunque más de su Banfield natal, Germán tiene un tic similar a uno mío: cierra los ojos mientras busca la palabra o la expresión que calce con su pensamiento. También, como yo, baja la cabeza para reírse con entusiasmo.

Su charla es ajustada, no utiliza adjetivos, propia de quienes trabajamos muchos años en agencias de noticias. Germán nunca dicta cátedra a la cual estaría tentado por su experiencia docente y académica. Escucha, pregunta, repregunta, observa, abre nuevos temas, acepta sin problemas cuando su interlocutor lo lleva a otras cuestiones, y tiene buena memoria.

Germán poseía al momento de nuestra reunión un teléfono móvil sencillo, básico, un Alcatel, con la tecla del 3 averiada por una gotera que le cayó una noche proveniente de un equipo de aire acondicionado. Sí, tengo amigos peleados o distanciados con las tecnologías de la información y la comunicación… Todavía usa una mochila que se ganó en un sorteo que hice en la redacción de Infosic en 2004…

Fundador del partido político #QuéBarbaridad en las redes sociales basadas en Internet, donde satiriza las expresiones políticas de las clases medias y altas urbanas y solipsistas de la Argentina, Germán es uno de mis ex compañeros de trabajo que más valoro y aprecio. Por eso, esas seis horas de charla fueron toda una celebración muy enriquecedora.

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