Los vendedores del centro comercial de Luohu en Shenzhen


Pirañas comerciales. Así defino a los vendedores del centro comercial de Luohu, en la ciudad de Shenzhen, que visité el 12 de abril durante un viaje a China.

Recorrí durante algo más de una hora los pasillos estrechos del lugar, iluminados con tubos fluorescentes, junto a mis compañeros de viaje argentinos.

En la puerta de los locales estaban apostados los vendedores, concentrados en sus teléfonos móviles, o comiendo o hablando con otros clientes o personas.

Sin embargo, esa actitud que aparentaba distracción ocultaba una vigilancia muy atenta, porque apenas dirigíamos nuestra mirada hacia las vidrieras de sus comercios, dejaban de inmediato lo que estaban haciendo y nos encaraban para iniciar la venta.

Insisto en este punto: tenían una increíble capacidad para detectar con el rabillo del ojo que nuestras pupilas se habían posado por pocos segundos en el local para acercarse en forma decidida a ofrecernos precios de los productos.

Ni siquiera esperaban que nos detuviéramos y consultáramos por algún producto para decirnos el valor del bien.

¿Cómo es una compra en este lugar? Se debe cumplir un ritual de regateo que puede llevar entre 10 y 30 minutos.

El vendedor, que no habla otro idioma que mandarín o un dialecto chino, quizás unas pocas palabras en inglés, escribe en una calculadora portátil el precio del producto en yuanes, la moneda china, y lo muestra al cliente en la pantalla gris de cuarzo líquido.

El cliente occidental (en rigor el que no sabe hablar o leer mandarín) debe escribir el monto de su contraoferta en la misma calculadora y se la devuelve al vendedor.

¿Cuánto ofrece? Un 10% del primer monto pedido por el vendedor.

Sí, leíste bien, 10%. ¿Esa cifra no es un insulto o tomada de pelo al vendedor? Para nada, es habitual iniciar así el regateo con comerciantes chinos y luego elevar esa cifra hasta llegar a un tercio del monto original pedido por el vendedor.

Para el comerciante chino, es una ofensa si el cliente pregunta el precio de un bien y luego se retira sin regatear.

Por ejemplo, algunos nos persiguieron en forma agresiva mostrándonos en sus calculadoras cómo bajaban el valor del producto por el cual habíamos consultado sin luego regatear.

Mientras esperaban a los clientes para lanzarse sobre ellos como pirañas, los vendedores miraban cómo pasa la vida, como puedes observar en las siguientes fotografías propias.

Puedes leer más sobre mi viaje a China en estas notas.

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