¿Hacia un mundo de obesos?


Un estudio efectuado por investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) sugiere que la obesidad provocada por la dieta no solo afecta a quien la padece sino, también, a su descendencia.

Según los científicos, el trabajo -efectuado en un modelo animal- invita a reflexionar acerca del modo en que se trata esta patología y, también, sobre la posibilidad de que se perpetúe de generación en generación.

En estado salvaje, los animales se alimentan hasta que sacian su hambre.

En cambio, los seres humanos comemos por placer y, por lo tanto, ante un plato apetitoso, ignoramos las señales de satisfacción que nos envía el cerebro y continuamos ingiriendo alimento.  Es por eso que la obesidad es una patología exclusivamente humana. Aunque también pueden padecerla los animales criados por el hombre.

Hasta hace pocas décadas, se la consideraba una enfermedad confinada a los países de altos ingresos.

Pero, actualmente, también es prevalente en naciones de ingresos medios y bajos.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud la caracteriza como una epidemia.

Ahora, según un estudio científico publicado en el Journal of Nutritional Biochemistry, la posibilidad de que esta epidemia pueda afectar a todos los habitantes del planeta o, al menos, del mundo occidental, no parece descabellada.

“Nuestros resultados sugieren que la obesidad inducida exclusivamente por la dieta podría transmitirse de generación en generación”, informó a la agencia NEX Ciencia Evelin Elia, investigadora del Conicet en el Laboratorio de Biología del Desarrollo (LBD) del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias y la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

Cafetería chatarra

Para estudiar la obesidad en los seres humanos se recurre al examen de individuos que padecen hace un tiempo esa enfermedad por causas muy disímiles (dietéticas, genéticas, hormonales, farmacológicas, entre otras).

Por razones obvias, no está permitido provocar experimentalmente la obesidad en las personas sanas. Para eso se utilizan animales.

En el LBD estudian desde hace algunos años de qué manera la obesidad inducida exclusivamente por la dieta –es decir, descartando otros factores causales- impacta en la reproducción.

Para ello utilizan ratas genéticamente idénticas, un modelo animal validado internacionalmente para estudiar la patología del exceso de peso.

El protocolo experimental consiste, básicamente, en dividir a las ratas –originalmente no obesas- en dos grupos: uno que dispone de cantidades ilimitadas de alimento balanceado común (grupo control), y otro que, además del alimento balanceado común, tiene a su disposición lo que los investigadores denominan “dieta de cafetería”: papas fritas, chizitos, maní, salchichas, queso y galletitas dulces.

“Son alimentos que comemos nosotros, comida chatarra básicamente. Y para las ratas son ricos y tentadores. Además, se los variamos diariamente, lo que resulta en que comen en exceso de manera voluntaria”, explicó Elia.

“Como consecuencia, después de dos meses de ingerir esta dieta, su peso es un 20% mayor al de los animales del grupo control lo cual, en las ratas, se considera obesidad”, indicó.

Lo inesperado

La investigación que se publicó este año estaba dirigida inicialmente a examinar la influencia de la obesidad en el metabolismo de la glucosa, particularmente en el ovario.

En ese camino, los científicos tropezaron con un resultado sorpresivo: “Encontramos que todas las crías de las madres obesas eran mucho más grandes en tamaño que las crías del grupo control”, reveló Elia.

“Ese hallazgo no fue algo que nosotros hubiéramos intuido a priori. Jamás pensamos que una obesidad inducida exclusivamente por una dieta podía generar un efecto tan evidente en las crías”, reconoció.

Según la investigadora, cuando un feto es macrosómico (tiene un tamaño excesivo) aumenta sus chances de sufrir obesidad y otras patologías asociadas en su vida adulta: “Esto, a su vez, impactará en su futura reproducción. O sea, esta progenie que nace de madres gordas probablemente tendrá hijos gordos. Es como una cadena infinita”, ilustró.

Un dato significativo: el protocolo experimental establece que, en el momento en que las ratas obesas quedan preñadas, dejan de recibir la dieta de cafetería.

Es decir que, durante la gestación, solo se nutren con alimento balanceado común.

No obstante, los resultados muestran que, a lo largo de la preñez, las madres obesas ganaron mayor peso que las del grupo control.

“Esto pone en evidencia la importancia que tiene el peso corporal de la madre en el inicio del embarazo”, señaló Elia.

De izquierda a derecha: Gisela Sarrible, Evelin Elia y María Victoria Bazzano.
De izquierda a derecha: Gisela Sarrible, Evelin Elia y María Victoria Bazzano.

Lo esperable

En general, las mujeres obesas tienen dificultades para quedar embarazadas y también para lograr una gestación exitosa.

En los últimos años, los experimentos llevados a cabo en el LBD revelaron que la obesidad materna inducida por la dieta provoca alteraciones en diferentes momentos del período ovulatorio.

“En este trabajo en particular, encontramos que la dieta de cafetería retrasa la concepción y reduce la fecundidad y la fertilidad de las hembras”, consignó Elia.

“También comprobamos que los ovarios de las ratas obesas desarrollan resistencia a la insulina e incorporan menos glucosa, que es la principal fuente de energía”, añadió, y especuló: “Creemos que el detrimento energético que tienen esos ovarios hace que todas sus funciones se vean alteradas”.

La investigadora propuso considerar a la obesidad no solo como una enfermedad en sí misma sino además como una patología reproductiva.

“La obesidad es difícil de tratar, porque bajar de peso requiere de cambios de conducta que pueden llevar mucho tiempo. Pensar a esta enfermedad como un problema reproductivo posibilitaría, por un lado, tratarla tempranamente y no a partir de que la mujer quiere quedar embarazada y no lo consigue. Actualmente la búsqueda de un hijo suele comenzar alrededor de los 30 años, que es cuando la fertilidad comienza a declinar y, por lo tanto, queda poco tiempo para bajar de peso y lograr el embarazo”, opinó.

“Por otro lado, considerarla una patología reproductiva permitiría pensar a la obesidad como una enfermedad que se transmite de generación en generación y, en consecuencia, tomar conciencia de que, si no se previene, es muy probable que crezca exponencialmente”, concluyó.

Para Elia, desentrañar el mecanismo molecular de las alteraciones que provoca la dieta en el ovario “puede ofrecer nuevos blancos terapéuticos para el desarrollo de medicamentos que eviten los problemas reproductivos que ocasiona la obesidad”.

El trabajo publicado, que también firmaron María Victoria Bazzano y Dante Paz, fue financiado por el Conicet y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica.

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