Un brindis con vinamps por mi amigo Rubén Levenberg


Rubén Levenberg, amigo y compañero y colega mío en el oficio de periodista, falleció el 23 de agosto a los 60 años de edad en su departamento en el barrio porteño de Villa Crespo, donde en sus últimos días en esta tierra de los vivientes probaba programas informáticos para pasar música de discos compactos a su computadora.

“Tengo mucha música en CD y ya no los uso. Prefiero el MP3”, explicaba un día antes de fallecer Rubén en un grupo de WhatsApp que compartíamos con un grupo de amigos que trabajamos juntos desde hace casi dos décadas cubriendo (perdón Ruben, sé que detestabas los gerundios…) el sector de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

Hombre muy inteligente y amante de las ironías, Rubén comprendió cuando le recomendé en ese espacio virtual “pasar de CD a vinilo”, y le sugerí que buscara consejo en Andrea Catalano, quien “sabe de vinilos”, en alusión al amplio conocimiento de vinos de nuestra amiga.

“Probaré con el Winamp o me tomo un par de vinamps”, fue el último mensaje de Rubén en ese grupo, en una nueva demostración de su agudo e inteligente sentido del humor.

Los siguientes mensajes en ese espacio en WhatsApp, luego de esa disyuntiva de la prueba o los vinamps, fueron de consternación por la muerte de Rubén, uno de los 50 amigos que elegí para celebrar mis 50 años, como puedes leer en esta nota.

En ese artículo, publicado en 2015, describí a Rubén. Te recomiendo leerla para conocerlo un poco más. La fotografía que encabeza esta nota fue tomada en esa reunión.

Este 24 de agosto Rubén tenía previsto defender su tesis doctoral, sobre la cual había trabajado en los últimos 11 años.

La Facultad de Ciencias Sociales decidió como homenaje la lectura pública de párrafos de esa tesis y otorgarle el título post mórtem.

Hace unas semanas Rubén contó en su perfil en Facebook que su hija Carla le había ganado una discusión con argumentos, una derrota que celebraba porque demostraba que su trabajo como padre había sido “bien hecho”.

Al igual que la reciente muerte de Darío Laufer, la partida de un amigo me encuentra fuera de la Argentina.

En el caso de Rubén, en el lugar más lejos de mi país, en Beijing, China, donde empecé a escribir esta nota, muy cerca de las antípodas de Buenos Aires, y que publiqué desde Shenzhen, la capital tecnológica de este inmenso país.

Quisiera cavar un pozo y atravesar la tierra y las 11 horas de diferencia entre China y la Argentina para estar a las 14.00 de este 24 de agosto de 2017 en el crematorio del cementerio porteño de la Chacarita para despedir a mi amigo y abrazar a Carla y decirle que puede estar muy orgullosa de su padre, a quien homenajeo con su música preferida: el canon en do mayor de Pachelbel.

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