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Con mi amigo y colega José María Lamorte iniciamos hace unos años una recorrida por pizzerías emblemáticas de Buenos Aires, una excusa para reunirnos. Como te conté en esta nota, una de esas pizzerías es El Cedrón, en el barrio porteño de Mataderos.

El 21 de enero de 2022, cuando me reuní con José María en ese lugar, partí con tiempo suficiente desde mi casa en la ciudad de Olivos, en el norte del Gran Buenos Aires, para disfrutar del largo recorrido hasta Mataderos.

Con un teléfono móvil Motorola Moto G31 me dediqué a fotografiar diferentes lugares del extenso viaje. Abordé a las 17.58 (la precisión proviene del nombre del archivo fotográfico) el colectivo de la línea 21, que pasa a pocos metros de mi casa.

A las 18.34, el colectivo, que fue rápido por la colectora de la avenida General Paz, pasó frente al predio ferial Tecnópolis, en la ciudad de Villa Martelli.

A las 18.43, cruzó la avenida San Martín, donde se encuentra el café bar La Paloma, un lugar de alto tránsito de personas que permanece igual desde hace décadas, con un aspecto gris que no se seduce a entrar.

A las 18.45, el colectivo subió al puente sobre las vías de la línea ferroviaria Urquiza. A pocos metros está la estación Lynch, un depósito de vagones viejos y donde se encuentra un museo ferroviario.

A pocas cuadras el colectivo hizo lo propio con el puente sobre la línea ferroviaria San Martín, donde está la estación Sáenz Peña.

La línea 21 tiene varios ramales. El colectivo que tomé fue del ramal Vicente López, que une el cementerio de Olivos y la estación Liniers. Abandona la General Paz y dobla en la avenida Gaona una cuadras en el Gran Buenos Aires para luego regresar a la Capital Federal.

En Gaona y Castelli, en la ciudad de Ciudadela, está la parrilla Homero, con esta singular decoración que fotografié a las 19.00.

En Castelli también se encuentra está parada de varios colectivos, con carteles a la vieja usanza y un grafiti hermoso de un gato.

El cruce de la General Paz con las avenidas Juan B. Justo y Gaona y el acceso oeste genera uno de los distribuidores de tránsito más abigarrados de Buenos Aires, con rampas múltiples y altas.

A las 19.07 me bajé del colectivo en su parada final y crucé a pie las vías de la línea ferroviaria Sarmiento por la calle Cuzco, a pocos metros de la estación Liniers.

Si te gustan las emociones fuertes, te recomiendo observar durante algunos minutos cómo las personas ponen en juego su vida cruzando las vías con los trenes en marcha a pocos metros de distancia, en una de las zonas de mayor tránsito de pasajeros de Buenos Aires.

Como tenía 50 minutos disponibles antes de reunirme con José María, cambié de planes y en lugar de tomar un colectivo hasta El Cedrón, caminé desde Liniers hasta Mataderos.

En el centro comercial de Liniers, en la calle Ramón Falcón, fotografié uno de esos extraños bancos de cemento colocados hace años por el Gobierno porteño, que están en avenidas y barrios diferentes de la ciudad.

El barrio de las mil casitas

A las 19.17 ingresé a la joya del paseo a pie entre Liniers y Mataderos: el barrio de las mil casitas, compuesto por decenas de manzanas con casas de dos plantas, que, en su origen, nacieron todas calcadas.

Se trata de un proyecto urbano singular, que surgió en la década de 1920 para dar solución a un problema: el acceso a la vivienda digna.

Hacia 1922 las autoridades porteñas y la Compañía de Construcciones Modernas comenzaron a edificar casas, siguiendo un plano igual para todas, luego de adquirir los campos de los terratenientes de la época.

Se trataba de casas resueltas en su mayoría sobre lotes de 8,66 por 8,66 metros. Están bien iluminadas y ventiladas y fueron construidas con muy buenos materiales.

La construcción comenzó en la llamada “manzana F” (comprendida entre las actuales calles Ramón L. Falcón, Carhué, Cosquín e Ibarrola). La edificación se hacía con ladrillos fabricados en los hornos que durante muchos años existieron en la avenida Emilio Castro.

La idea fue optimizar el terreno. Por eso aparecen tantos pasajes en la zona. De avanzada para la época, las viviendas contaban con una planta baja, donde estaban la cocina, el baño y un living comedor; un entrepiso con un cuarto, y la segunda planta con dos habitaciones arriba.

Con el tiempo también llegaron muchos bohemios. Hoy viven allí artistas plásticos, escritores y escultores. Entre otros, pasaron por este barrio el artista plástico conocido como Pérez Celis, los pintores Alfredo Corace, Tomás Ditaranto y Alfredo Plank, y el escritor Elías Castelnuovo, una de las principales figuras del Grupo de Boedo.

Hoy quedan pocas construcciones ciento por ciento originales en Las mil casitas. Sin embargo, al transitar por la zona se nota que las viviendas siguen una misma matriz de construcción y no hay edificios altos.

En la década del ‘60 comenzaron a verse las primeras reformas en las casas, que empezaron a diferenciarse, con los colores elegidos para las fachadas y con pequeñas modificaciones exteriores.

Después llegaron las primeras rejas en algunas viviendas, además del cambio de puertas y ventanas. Puedes leer más sobre este barrio en esta nota de la colega Agustina Larrea.

Una de las señales distintivas del barrio son los nombres de las calles, que se refieren a plantas, animales y entidades abstractas. En la calle Las Bases se encuentra una vivienda con mosaicos artísticos.

En uno de los límites de este barrio hay un cruce de tres calles que generan cinco esquinas: Tonelero, Boquerón y Lisandro de la Torre. Es una de esas esquinas se encuentra este edificio que se asemeja al famoso Flatiron de New York.

A las 19.34 fotografié esta sede del Partido Demócrata Progresista, uno de los partidos antiperonistas más tradicionales.

A las 19.41 fotografié en la plaza Santojanni este mural de un club de la zona.

También esta calesita. Aunque el atardecer veraniego estaba hermoso para disfrutarlo al aire libre, con una temperatura muy agradable, la calesita estaba vacía.

A las 19.47 fotografié este gran templo católico romano, el de la parroquia Tránsito de San José.

A pocos metros del templo está la esquina de la avenida Emilio Castro y la calle Ulrico Schmidl, que recuerda a un soldado, viajero y cronista de origen alemán, famoso por la publicación en 1567 de sus testimonios y crónicas de los habitantes y territorios que recorrió por muchos años y que luego compondrían la Argentina y Paraguay.

A las 19.54 tomé la calle Murguiondo, que, como muchas calles de Buenos Aires, tiene doble cartelera.

Y a las 19.57 llegué a El Cedrón, feliz porque había conocido de primera mano y a pie, la mejor manera de recorrer el mundo, nuevos lugares de mi ciudad.


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César Dergarabedian

Soy periodista. Trabajo en medios de comunicación en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Especializado en tecnologías de la información y la comunicación. Analista en medios de comunicación social graduado en la Universidad del Salvador. Ganador de los premios Sadosky a la Inteligencia Argentina en las categorías de Investigación periodística y de Innovación Periodística, y del premio al Mejor Trabajo Periodístico en Seguridad Informática otorgado por la empresa ESET Latinoamérica. Coautor del libro "Historias de San Luis Digital" junto a Andrea Catalano.

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