La batería y la conexión que nunca desfallecen

Me quedé sin batería” en el teléfono móvil, la computadora portátil o la tableta. “Se me cayó Internet” o “la conexión estaba saturada” o “no me enganché a la red”. “El roaming (la capacidad de un celular para moverse de una zona de cobertura a otra) no está habilitado”.

Frases que escuché en español, inglés y francés y que se pronunciaron, supongo, en otros idiomas entre el 9 y el 12 de enero pasado en la ciudad estadounidense de Las Vegas.

Estuve la “ciudad del pecado”, por sus casinos y la prostitución, para participar, por mi trabajo como periodista, en la feria electrónica e informática CES.

En el encuentro (fotos propias aquí y aquí), donde hubo más de 140 mil personas, proveedores y actores del mercado de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) delinearon un futuro habitado por dispositivos conectados entre sí por redes como Internet y activos durante todo el día.

Pero cuando me encontraba con colegas argentinos y de otros países, escuchaba esas quejas de baterías agotadas y los inconvenientes para comunicarse. Y algunos caían en la desesperación cuando la comunicación se cortaba por algún problema técnico.

Sala de prensa del CES 2012 en Las Vegas

Me gocé entonces al recordar que puedo «conectarme» con Dios en cualquier lugar y momento, sin necesidad de recurrir o depender de algún mediador entre el Señor y yo. Y medité en las ocasiones cuando, en medio de una prueba, viví en paz gracias a su Palabra revelada en la Biblia.

¡Te alabo, mi Señor, porque por tu gracia y misericordia hay una vía de comunicación abierta y permanente entre vos y el ser humano, que no depende de baterías o conexiones u accesorios materiales o espirituales!

PD: Esta nota salió publicada originalmente en Pulso Cristiano.

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