Aduanas pastorales y eclesiales


Los cristianos que piden no deben nunca encontrar puertas cerradas. Las iglesias no son oficinas donde presentar documentos y papeles cuando se pide entrar en la gracia de Dios.

“¡No debemos instituir el octavo sacramento, el de la aduana pastoral!”, clamó el papa Francisco el 25 de mayo en la homilía de la misa concelebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, en el Vaticano.

Las palabras de Jorge Mario Bergoglio pueden extrapolarse a las iglesias evangélicas, salvando algunas diferencias dogmáticas, como los sacramentos.

Al comentar ese día el evangelio de Marcos (10:13-16), Francisco recordó el reproche de Jesús a los discípulos que querían alejar de él a los niños que la gente llevaba para pedir una caricia.

Cardenal Jorge Bergoglio, en el acto por los 10 años del suplemento Valores Religiosos, 28 de noviembre de 2012, Buenos Aires. Foto propia para Pulso Cristiano.
Cardenal Jorge Bergoglio, en el acto por los 10 años del suplemento Valores Religiosos, 28 de noviembre de 2012, Buenos Aires. Foto propia para Pulso Cristiano.

Los discípulos proponían “una bendición general y después todos fuera”, pero ¿qué dice el Evangelio? Que Jesús se indignó –respondió el Papa– diciendo “dejad que vengan a mí, no se lo impidáis. A quien es como ellos pertenece el Reino de Dios”.

Bergoglio señaló que los apóstoles no lo hacían por maldad, sólo querían ayudar a Jesús. Lo mismo habían hecho aquellos que en Jericó trataron de hacer callar al ciego que, advertido de la presencia del Señor, gritaba para atraer su atención.

Era como si hubieran dicho, según dijo el Papa: “El protocolo no lo permite: este es la segunda persona de la Trinidad, ¿qué haces?”.

El jefe vaticano puso este ejemplo: dos novios que quieren casarse se presentan en la secretaría de una parroquia y, en vez de apoyo o de felicitaciones, oyen enumerar los costos de la ceremonia o les preguntan si sus documentos están bien.

Así, a veces, recordó el Papa, los futuros cónyuges “encuentran la puerta cerrada”. De este modo quien tendría la posibilidad “de abrir la puerta dando gracias a Dios por este nuevo matrimonio” no lo hace, al contrario la cierra.

Tantas veces “somos controladores de la fe en lugar de ser facilitadores de la fe de la gente”. Es “una tentación que tenemos; la de adueñarnos, apropiarnos del Señor”, admitió Bergoglio.

Puso otro ejemplo: el caso de una madre soltera que va a la iglesia, pide bautizar al niño y le responde “un cristiano o una cristiana”: No “no puedes, tú no estás casada”.

Bergoglio apuntó: “Miren esta chica que ha tenido el coraje de llevar adelante su embarazo” y de no abortar: “¿Qué encuentra? Una puerta cerrada. Y así sucede a muchas. Este no es un buen celo pastoral. Esto aleja del Señor, no abre las puertas. Y así cuando vamos por esta vía, con esta actitud, no hacemos bien a la gente, al pueblo de Dios (…) Jesús se indigna cuando ve estas cosas porque ¿quién sufre con esto? Su pueblo fiel, la gente que le ama tanto. Jesús quiere que todos se acerquen a él”.

Francisco concluyó así su reflexión: “Pensemos en el santo pueblo de Dios, pueblo sencillo, que quiere acercarse a Jesús. Y pensemos en todos los cristianos de buena voluntad que se equivocan y en vez de abrir una puerta la cierran. Y pidamos al Señor que todos aquellos que se acercan a la Iglesia encuentren las puertas abiertas para encontrar este amor de Jesús”.

Publicado originalmente en la edición 237 de Pulso Cristiano.

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