Padre nuestro de los migrantes

Son las 4:27 de la mañana en Suecia… un «Padre nuestro» en mi mente me despertó y tuve que levantarme para escribir esa oración que, supongo, brota de mi subconciente al iniciar hoy la “Churches Witnessing With Migrants: 5th International Consultation”.

Así decían las palabras en mi cabeza:

Padre nuestro que pareces estar en el extranjero,
Nacionalizado sea tu nombre,
Venga a nosotros tu asilo político,
Hágase tu voluntad así en mi tierra, y todos nuestros países periféricos,
como en el extranjero… los países centrales o del norte a donde buscamos luego mejores oportunidades.
El pan nuestro de cada día…
…esa fue la motivación que hizo a la matriarca Noemí repatriarse: la esperanza de que “Dios había visitado a su Pueblo con pan” y volvió haciendo de su antes nuera ahora “Amiga”, Rut, una “bracera espalda mojada” en el campo, recolectora de espigas de trigo para preparar su propio pan… ¡pan de extranjera!

Perdona nuestras deudas, no hagas como nuestros acreedores que a razón de seguir cobrando nos obligan a dejar casa, tierra y familia para buscar la manera de pagarles…
Hasta las empresas de envío de dinero nos cobran fortunas por las remesas y con un tipo de cambio chapucero que les hace ganar “en minutos” lo que nosotros ganamos en días de trabajo y a nuestras familias en el sur les da de comer y para vivir por meses.
Como nosotros perdonamos… ¡perdónanos…! la mayoría de las veces no sabemos perdonar cuando alguien, por necesidad, nos debe una parte de las remesas que
nuestros hijos e hijas mandan del norte.
No nos metas en la tentación de olvidar la esperanza y buscar, como apátridas, nuevas ciudadanías, nuevos pasaportes y otro derecho de residencia que no encontremos en nuestra propia nación.
Y líbranos de los malos, esos a los que llaman “polleros” y nos dejan a mitad del camino en el desierto rumbo al norte.
Líbranos de los traficantes de mujeres o redes de prostitución que roban a las niñas para hacerlas adictas y luego servirse de ellas a través de sus cuerpos.
Líbranos del desplazamiento obligado a causa del odio étnico, religioso y homicida.
Líbranos de ser balseritos, arrojándonos al mar a merced de tormentas, tiburones y deshidratación, sólo para cerrar los ojos y querer creer que la esperanza está sólo en la otra punta del mar.
Porque tuya es la ciudadanía, la oficina de migraciones y las fronteras.
Por las todos los exilios y las diásporas.
Amén

Dan González Ortega (México)

Migrantes centroamericanos en México. Fuente: Wikimedia.

Fuente: Red CrearteLicencia Creative Commons Atribución 2.5 Argentina.

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