Pedido de oración por mis amigos Pamela y Bruce Sider

Te pido el siguiente favor: que ores ante Dios por el consuelo de mis amigos Bruce y Pamela Sider, cuya hija primogénita Jenna falleció este 19 de octubre a los 22 años de edad, víctima de un cáncer en su sistema digestivo, en la ciudad española de Málaga.

Bruce y Pamela, padres de otros dos hijos, Daniela y Jordan, por quienes también pido oración por consuelo, son cristianos estadounidenses, que vivieron en la década
del 90 en Buenos Aires.

La gran altura de ambos (Bruce fue basquetbolista en los EE.UU.) es proporcional a la humildad y sencillez personal de este matrimonio, quienes dejan una marca hermosa en quienes tienen la bendición de conocerlos.

Durante el tiempo que vivieron en la Argentina tuvimos una relación muy estrecha, a tal punto que Cristina, mi esposa, cuidó a Jenna en sus primeros meses de vida.

A fines de la década del 90, los Sider se mudaron por trabajo a España. En 2005, Bruce, Pamela y sus hijos visitaron Buenos Aires, donde nos reencontramos.

En la siguiente foto, tomada ese año, aparecen María, mi hija mayor fallecida en 2008, y Jenna.

De izquierda a derecha: María Dergarabedian y Jenna Sider, Buenos Aires, 2004.

Hace casi seis años, Pamela recordó a María en esta nota en un blog donde recordamos a mi hija fallecida.

A principios de 2014, Pamela abrió este blog, cuando se confirmó el diagnóstico de cáncer en Jenna. Fue un medio por el cual ella contaba sobre la evolución de su hija y así liberarse de la dolorosa y pesada tarea de informar en forma individual por teléfono o correo electrónico o mensajería instantánea a las centenares de personas interesadas en la salud de Jenna.

Los planes de Dios son perfectos, aunque muchas veces nos resulten incomprensibles durante días, semanas, meses, años, lustros y hasta décadas…, o quizás nunca. El propósito de algunos hechos que nos suceden sólo podremos comprenderlos, si Dios así lo dispone en su misericordia, cuando estemos en su presencia.

A principios de julio, una amiga y colega me comentó la posibilidad de viajar a Málaga para participar en esa ciudad andaluza en una reunión iberoamericana de ciudades digitales.

Cuando me confirmaron el viaje en septiembre, escribí a Pamela y a Bruce para acordar una reunión durante mi estadía.

Pamela me respondió que Bruce estaría esas fechas fuera de Málaga por un viaje por su trabajo en una organización no gubernamental de asistencia social.

Pude encontrarme con ella hace dos semanas, el 5 de octubre, en el café Starbucks del aeropuerto de Málaga, antes de subirme al primero de los aviones de mi viaje de regreso a Buenos Aires. Jenna estaba internada en la casa de la familia, y había quedado al cuidado de su hermana Daniela, que había liberado de esa tarea a su madre para que pudiera encontrarse conmigo.

Me referí a esa reunión con Pamela una semana después en esta nota. Por respeto y consideración a ella no revelé su nombre en ese artículo. Ese día me contó, café y té de por medio, su lucha y la de su familia por la salud de su hija.

Fue una charla intensa, donde por iniciativa de ella repasamos el proceso de duelo por la muerte de una hija, quizás la prueba más dolorosa que debe enfrentar una persona en esta tierra. Se trata de una tragedia, porque es antinatural que un padre o una madre entierren a un hijo.

Esa conversación, cruda y descarnada por la valentía y el coraje de Pamela, me asomó de nuevo al valle de sombras de dónde nos sacó Dios.

Cuando nos despedimos en el aeropuerto, nos miramos a los ojos y sin decirnos nada entendimos el motivo por el cual Dios había permitido mi viaje a Málaga: compartir nuestra experiencia sobre el proceso por el cual ella y Bruce comenzaron a transitar este día con la partida de Jenna.

Desde este 19 de octubre de 2014, día de la madre en la Argentina, Pamela y Bruce son, además de hermanos en la fe en Cristo, hermanos en el dolor por la pérdida de
nuestras hijas mayores, Jenna y María.

Hace dos años compartí en esta nota que la música es una herramienta muy útil para el proceso de duelo. Los compositores clásicos ilustran de manera profunda y cabal estos valles de sombras que transitamos quienes perdimos a un hijo.

A modo de conclusión, y para que puedas acercarte al dolor de Pamela y Bruce y su familia, te comparto esta obra de Johann Sebastián Bach. Es el aria N° 39, «Erbarme
dich, mein Gott» («Apiádate de mí, Dios mío») de la Pasión según San Mateo.

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