Irina Sternik y sus novedades del año viejo 2014

Las siguientes respuestas forman parte de la encuesta “Las novedades del año viejo 2014”. Más información sobre esta encuesta aquí.

Películas
Tampoco fue un año de cine para mí, aunque Relatos Salvajes fue la excepción. Dado que está preseleccionada al Oscar y que está a punto de romper el récord de la película más taquillera de la historia argentina, merece mencionarla. A mucha gente no le pareció tan genial. Sin embargo, por ser simple y retratar algo que siempre está latente (que se nos salga la cadena), me encantó y me sigue resultando impecable.

Comidas y bebidas
Con mi amiga Sabrina fuimos a cenar a un restó Indio. Delicioso pero tan picante que no se podía comer sin tomar agua y reducir con arroz. Sin embargo, quise repetir el plato en mi propia cocina y no lo logré tal cual. Como una buena película, que un plato te quede rondando en la cabeza quiere decir que cumplió su objetivo. Habría que preguntarle a Sabri el nombre del lugar porque no lo recuerdo. Pero la moraleja es que si querés comer comida del mundo, vayas al lugar indicado, porque solo así te quedará en la memoria.

Canción, músico, recital
En un breve paso por Rosario, cenando en un restaurant con colegas, escuché a Diego Frenkel como si cantara en la mesa de al lado. Efectivamente, era al lado. Mientras todos bebían su café, me escapé al precioso Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (diez pasos del restaurant) y allí estaba, cantando sus hits de los 90, como por ejemplo «El bar de la calle Rodney». Lo que para mí fue transportarme a una época de oro en mis recuerdos. Lo más gracioso y grandioso de esa noche fue la cantidad de bises que hizo. No lo dejaban ir. Pero le pedían sus hits, y casi obligado, finalmente, terminó interpretando el más pedido, a su pesar: «Selva».

Obra teatral
Este año fui a ver una sola obra de teatro, algo escaso en mí, aunque afortunadamente fue magistral. Se llama «La edad de oro» y trata sobre dos melómanos que venden sus discos de vinilo a través de MercadoLibre, pero que aprecian tanto lo que venden que si no hay buen comprador, no lo largan. Me emocionó porque remite a nuestro fanatismo de la infancia, eso que sentíamos por nuestro grupo de música predilecto, eso que nos hacía más leales que un perro. Las actuaciones, impecables.

Programa de TV
Reflexiono que esta actividad fue la que más lugar ocupó en mi «cultura». Homeland se llevó las flores pero también Orphan Black, Orange is the new black y la hermosísima «Tiempo entre costuras», la cual híper recomiendo porque se trata de una serie española de época basada en una historia real, ambientada en la Segunda Guerra Mundial y en la cual la protagonista se viste en cada capítulo con prendas que fueron marcando la moda de los años 40. Es preciosa y la realización y fotografía, también.

Tecnologías de la información y la comunicación
Una aplicación móvil: Moves, midió mis pasos en unas vacaciones y me divertí mucho autosuperándome día a día, con la geolocalización de cada uno de los paseos.

Lugares, viajes, experiencias
Este año fui de vacaciones al NOA. Un breve paso por Tucumán y Salta y más largo por Jujuy. El lugar más mágico, aunque todos lo son, resultó Humahuaca. La ciudad y sus montañas, su cerro de los 14 colores, la cultura originaria de sus habitantes que son completamente olvidados por la capital federal. Una deuda pendiente de por vida el norte que no es, para nada, lo que vemos, ni la gente que lo representa.

Logro o meta personal, laboral, profesional alcanzado en 2014
Fue un año lleno de sorpresas, buenas y malas. Pero a fin de año, por lo que brindaré, aunque uno se olvida rápidamente de las cosas importantes, es que se cumplió un año de mi operación (que me dejó inactiva 4 meses a fines de año pasado) y me tocó el control para evaluar si había quedado algo del cáncer de tiroides. Y no quedó nada. Una corta, en mi caso, enfermedad de la cual, ha dicho mi médica «estoy curada». No hice nada para eso es mi logro. O mi felicidad.

Espacio libre
Me quedo con los pequeños momentos, que son los que quedan, como ese picante del restó indio o mejor aún, luego de hacer una espantosa dieta en la cual no podía comer nada dulce o salado, me dieron el alta. Lo que más me importaba, casi más aún que estar curada, era que me dejaran comer una porción de torta. Cuando me dijeron: podes comer, corrimos a un bar con mi amiga Sabrina, pedimos una gran CheeseCake y fue el mejor homenaje a la vida. Salud amigos.

Irina Sternik
Periodista. Columnista de tecnología en CN23, Planeta Urbano y Elle. Conductora de #Geekye.
Buenos Aires, Argentina.

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