¿Por qué el exterminio de armenios en 1915 fue un genocidio?


El 24 de abril se cumplirán 100 años del inicio de la matanza masiva y sistemática de armenios, mi comunidad de origen por el lado paterno. Desde Turquía, la nación autora de este exterminio, se insiste con negar que haya sido un genocidio.

Los horrores sufridos por los armenios motivaron a un joven judeopolaco, Rafael Lemkin, a impulsar la creación de una norma internacional para impedir esos crímenes.

Lemkin obtuvo luego de la Segunda Guerra Mundial el reconocimiento internacional de la figura del crimen de genocidio, aunque no pudo conseguir la apertura de una jurisdicción universal efectiva para su castigo, a excepción de países con Estados culpables débiles, como fueron los casos de Ruanda y Serbia.

La matanza armenia de 1915 responde a la definición del genocidio por Lemkin, porque fue la puesta en marcha de una serie de acciones criminales, con el propósito de destruir un pueblo, a partir de un plan preconcebido desde ideologías racistas y con medidas complementarias del aniquilamiento físico, como las expropiaciones generalizadas.

A partir de 1915, el Imperio Otomano realizó la eliminación sistemática de la población masculina y con una deportación masiva de ancianos, mujeres y niños (entre ellos mis abuelos paternos Aram Dergarabedian y Lousaper Karagozian), obligados a recorrer a pie cientos de kilómetros, en verano, sin recursos y sometidos a las agresiones de paramilitares, bandas kurdas y de los propios guardianes.

Niños armenios refugiados en Alepo, 1915.
Niños armenios refugiados en Alepo, 1915.

La mayoría de ellos terminaron en campos de concentración, en la hoy ciudad siria de Alepo, o de exterminio, como en la, también hoy, ciudad siria de Deir-es-Zor.

Armenios ejecutados por turcos en 1915.
Armenios ejecutados por turcos en 1915.

Las cifras del total de víctimas oscilan alrededor de 1,2 millones de muertos sobre una población previa superior a dos millones. 

Armenios ahorcados por turcos, 1915.
Armenios ahorcados por turcos, 1915.

Al finalizar la Primera Guerra Mundial, con el Imperio Otomano derrotado, las autoridades turcas estimaron unas 800 mil víctimas. Mustafá Kemal, el primer presidente de la República de Turquía, reconoció esa cifra y condenó “el exterminio de los armenios”.

Armenios ejecutados por turcos.
Armenios ejecutados por turcos, 1915.

La decisión de cometer el genocidio fue del Gobierno nacionalista de los jóvenes turcos, quienes en la revolución constitucionalista de 1908 compartían la idea de una ciudadanía igualitaria con las minorías étnico-religiosas (griegos, armenios, judíos).

Hasta ese momento, estos grupos convivían bajo la autocracia del sultán en una situación de pluralismo subordinado.

En cuestiones legales, la población musulmana (turca) prevalecía sobre las minorías, calificadas en forma peyorativa como infieles.

La tolerancia otomana tenía como contrapartida que cualquier disidencia frente a su dominación provocaba una acción de castigo. Así lo demuestran las insurrecciones nacionalistas del siglo XIX en los Balcanes.

Los armenios tenía como núcleo principal de asentamiento, al margen de Constantinopla (hoy Estambul), la zona de Anatolia oriental, donde entre 1894 y 1896 se cometieron matanzas con decenas de miles de víctimas, repetidas en 1909.

El proyecto de modernización de los jóvenes turcos rechazó el pluralismo, para imponer, desde un nacionalismo militarista, una sociedad turca racial y culturalmente homogénea.

Bajo las ideas de Ziya Gökalp, un autor citado por el actual presidente turco Racip Erdogan, las minorías debían aceptar la superioridad del hombre turco. Si no lo hacían, la “nación dominante” se liberaría de “elementos cuya deslealtad era evidente”, protegiéndose así de “los pueblos extranjeros” habitantes del imperio.

El Imperio Otomano perdió los Estados balcánicos en la guerra de 1912-1913, lo que provocó un éxodo de musulmanes a Anatolia. La frustración militar transformó el odio al infiel en voluntad de aniquilamiento.

Los líderes turcos Enver Pachá y Talât Pachá, en el Gobierno tras la derrota militar en los Balcanes y seguidores de Gökalp, vieron la oportunidad de cometer el exterminio cuando Turquía entró en la Primera Guerra Mundial.

El Comité de Unión y Progreso (CUP) del gobierno resolvió en marzo de 1915 llevar a cabo el plan, que comenzó con la detención de cientos de notables armenios en Constantinopla entre de 200 y 650, la noche del 24 de abril, que fueron deportados o asesinados.

La única mujer en la lista, la escritora Zabel Yesayan, logró huir, pero murió en 1940 en el Gulag soviético.

Con la comunidad armenia descabezada, el plan avanzó. El 27 de mayo, por iniciativa de Talât, entonces ministro del Interior, el Gobierno turco decidió la deportación general para los armenios en Anatolia oriental.

Armenios deportados, rodeados de soldados turcos, 1915.
Armenios deportados, rodeados de soldados turcos, 1915.

En rigor, el proceso se había iniciado antes, a comienzos de 1914, cuando Enver Pachá, entonces ministro de Guerra turco, creó la Organización Especial (OE), una formación paramilitar antiseparatista.

En agosto de 1914, el CUP encargó a la OE que se ocupara de “las personas a eliminar en la patria”, en referencia a los armenios. Talât y el responsable de la OE, Bahettin Shakir, quedaron al frente del plan.

A partir de fines de 1914 se registraron hechos que anticipaban un aniquilamiento masivo en el marco de las deportaciones, del cual hay muchos testimonios de cónsules neutrales, incluso de los aliados alemanes.

Talât Pachá se lo explicó así al embajador estadounidense Henry Morgenthau:

“Hemos liquidado ya la situación de las tres cuartas partes de los armenios (…) No queremos ver armenios en Anatolia; pueden vivir en el desierto, pero no en otra parte”.

El 24 de mayo de 1915, Inglaterra, Francia y Rusia anunciaron al Gobierno otomano su propósito de castigar los crímenes cometidos “contra la humanidad y la civilización”.

Luego del armisticio de octubre de 1918, los aliados querían establecer un tribunal internacional para estos crímenes, pero los desacuerdos en la composición del tribunal y la base jurídica anularon ese intento.

La Justicia otomana reconoció el carácter criminal de las matanzas y ordenó castigar a los culpables. Fueron condenados a muerte en ausencia Enver, Talât, Çemal y Nazim Bey.

Dos grandes intelectuales turcos, el novelista Orhan Pamuk (premio Nobel de Literatura en 2006) y el periodista turco-armenio Hrant Dink, se preguntaban a mediados de la década pasada por la negativa de Turquía, hoy democrática, a reconocer el exterminio armenio, equivocadamente difundido como el primer genocidio del siglo XX, cuando en realidad esa triste condición lo tiene la matanza de hereros y namaquas en África del sudoeste, hoy Namibia, en manos de tropas alemanas.

¿Por qué el Gobierno turco se identifica con los crímenes de unos antepasados? Incluso, la primera condena de las matanzas y de sus culpables fue realizada por consejos de guerra otomanos, dijeron Pamuk y Dink.

Luego de esats preguntas, Dink fue asesinado en 2007 mientras que Pamuk sufrió acusaciones y una dura campaña como enemigo de “la dignidad de la nación”.

Lemkin profundizó su trabajo para crear la figura del genocidio cuando se enteró de la frase de Adolfo Hitler: “¿Quién habla hoy aún del exterminio de los armenios?”, dijo el líder nazi el 22 de agosto de 1939, en alusión a la inminente campaña de Polonia, y anunciando la dimensión genocida de su política de guerra, que culminó con la Shoah.

Un siglo después, el genocidio armenio aun hoy sigue impune.

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