50 años, 50 amigos: Clarisa Herrera

A las 15.15 del 29 de mayo de 2015 entró a la confitería Las Violetas Clarisa Herrera, una de mis 50 invitados para celebrar mis 50 años, una idea sobre la cual puedes leer más en esta nota.

Cuando se detuvo al lado de la mesa donde yo escribía en una libreta, me preguntó con esa mezcla única de educación, respeto y afecto: “¿Lo interrumpo? Lo puedo esperar afuera hasta que me diga”. Mi respuesta negativa devino en un abrazo como sólo dos amigos que se aprecian mucho pueden brindárselo.

De todos mis invitados que viven en la Argentina, Clarisa es mi amiga más reciente. Aunque coincidimos en 2009 en una reunión de prensa, recién al año siguiente iniciamos una amistad muy entrañable.

Con esta periodista de 35 años, dueña de una sonrisa y una mirada especiales, que combina frescura y elegancia, hablamos de nosotros, del periodismo, la educación y otros temas durante dos horas en una de las confiterías más tradicionales de Buenos Aires.

Mientras consumimos una merienda (ella, un té de hebras con un sándwich de miga; yo, un café con crema y tres medialunas de manteca), nos conocimos un poco más, incluso a partir del silencio respetuoso de espera para que el otro macerase la palabra correcta y adecuada para expresar su idea y su experiencia.

Docente de periodismo en la Universidad de Palermo, además de periodista en diferentes medios gráficos y en Internet, Clarisa abandonó su carrera laboral en el Citibank luego de recibirse en la carrera de comunicación social de la Universidad de Buenos Aires, y abrazó con alto compromiso el periodismo, impulsada por el apreciado colega y docente Jorge Gobbi.

Con esta bailarina de jazz comparto varios códigos de relación que no revelaré, porque nuestra amistad se basa, en parte, en esas claves que sólo ella y yo construimos y entendemos, y que bendicen, es decir, prosperan nuestras vidas.

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