50 años, 50 amigos: Ricardo Mamarian

A las 20.00 del 22 de mayo de 2015 se sentó frente a mí y al lado de una mesa en una de las veredas del Café de García Ricardo Mamarian, uno de mis 50 invitados para celebrar mis 50 años, una idea sobre la cual puedes leer más en esta nota.

Ricardo, de 54 años, es uno de mis amigos dilectos a la hora de salir a comer y beber y disfrutar de esos placeres de la vida.

Por eso no dudamos en elegir este bar, uno de los más pintorescos de Buenos Aires, que no necesita del turismo para tener vida propia, y famoso por su pantagruélica picada.

Una hora después de encontrarnos y de espera fuera del café para que lo acondicionaran para la cena, ingresamos y nos sentamos ante una mesa ubicada entre dos mesas de billar.

Allí ejecutamos la picada completa regada de varias rondas de cerveza tirada. Fueron 30 platillos que llegaron a la mesa en tandas.

Longaniza, queso pategras pero también especialidades como croquetas, empanaditas y tortilla de papas…

Luego de dar cuenta de la treintena de comidas, nos quedó espacio para helado de limón para cada uno y regado con champán Norton, y para unas fetas de budín y avellanas y una copa de champán, obsequios de la casa por terminar toda la picada.

Ricardo es fabricante de muebles de cocinas. Padre de dos hijos, nos conocimos hace 18 años en una iglesia en el norte del Gran Buenos Aires, donde empezamos a construir una amistad firme.

Junto con el fallecido amigo en común Jorge Tortellá, Ricardo fue un buen consolador y compañero de ruta en mi proceso de duelo por la muerte de María, mi hija primogénita.

Descendiente directo de armenios, Ricardo suelta rápido y sincero la risa, y también confronta sin ambages en política, economía y religión.

Practicante de buceo y de la navegación a vela, es vivaz y ejecutivo aunque no impulsivo.

Durante las casi cuatro horas que compartimos en el café y luego en el viaje hasta mi casa, hablamos de nuestras actividades, viajes, familias, iglesias, y muy poco del pasado, porque nos gusta vivir y gozar el presente.

Por supuesto, proyectamos reencontrarnos, con una buena comida y una buena bebida de por medio.

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