Esteban di Tada y su visión académica de la evolución de las TIC


El docente e investigador tecnológico Esteban di Tada me compartió su visión sobre las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) desde un punto de vista académico.

El autor, secretario de Investigación y Desarrollo + Innovación en la Universidad de Palermo, en Buenos Aires, afirma en este artículo que “es necesario cambiar de los estándares actuales por contenidos y procesos a un estándar por competencias”.

Este aporte de Esteban honra y enriquece a este blog, y le agradezco la confianza para compartir su análisis a través de este espacio.

Breve reseña histórica

La informática es una disciplina muy moderna que aún no ha alcanzado un nivel de madurez estable.

A diferencia de otras áreas en donde su historia se puede medir en siglos, la informática sólo tiene algunas décadas de existencia.

En general los primeros cursos de computación se dictaron en los departamentos de matemáticas o de ingeniería eléctrica. Tal fue mi caso cuando en el año 1960 quise estudiar sistemas en la Universidad de Purdue (EEUU).

En un primer momento la visión que se tenía de los equipos era la de una gran máquina de calcular que hacia las operaciones muy rápido y con relativa seguridad.

Pero a medida que su uso se fue extendiendo se transformaron en equipos de proceso y almacenamiento de información a los que, en el momento actual se les ha agregado la capacidad de transmisión de información.

La programación de los equipos fue en un principio artesanal. Era un arte más que una tecnología.

Este concepto queda corroborado por el título del libro que uno de los más grandes profesionales de esta disciplina (Donald E. Knuth) escribió y que reza: “El arte de la programación de computadoras”.

Poco a poco, y después del fracaso de grandes proyectos, se trató de aplicar metodologías ingenieriles al desarrollo de sistemas.

Es así que nació la disciplina conocida bajo la denominación de ingeniería de software.

Pero este vínculo entre el término informática e ingeniería generó y aun genera en algunos lugares, como en el caso de nuestro país por ejemplo, muchas controversias y, sobre todo, la toma de ciertas decisiones que no han sido del todo felices.

Surge, entonces, la pregunta: ¿son las TIC una disciplina en sí mismo o constituyen una rama más de la ingeniería?

La respuesta, en mi opinión, es clara. Las TIC constituyen una disciplina independiente.

Así como, por ejemplo, las matemáticas no son un área de la ingeniería civil sino que lo que sucede es que la ingeniería civil usa de las matemáticas, también ello pasa con las TIC y la ingeniería.

No existe una carrera de ingeniería matemática. La explicación es sencilla. Las ingenierías clásicas se refieren a cosas que existen en el espacio y el tiempo. Las TIC se refieren a abstracciones que no existen ni en el espacio ni en el tiempo.

Alguien podría decir que el hardware si existe en el espacio y el tiempo. Y ello es cierto. Por eso es razonable que exista una ingeniería en computación que resuelva los problemas de desarrollo de hardware. Aunque con el desarrollo de la nube el hardware puede ser concebido como un servicio que se brinda en algún lugar del mundo.

En la Argentina hubo varias experiencias en el área de los sistemas de computación.

En 1958 en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA), bajo la dirección del ingeniero Tanco, se inició el estudio para la creación de una computadora que concluyó con la realización del proyecto CEFIBA.

Pero el primer evento concreto fue la creación del Instituto de Cálculo (1960) y la carrera de computador científico (1963) por el doctor Manuel Sadosky, cuyo objetivo fue el de formar auxiliares de científicos que pudieran usar eficientemente la computadora como poderosa herramienta de cálculo.

Clementina, una computadora modelo Mercury fabricada por la compañía británica Ferranti, empezó a funcionar el 15 de mayo de 1961, en el Pabellón I de la Ciudad Universitaria de la Universidad de Buenos Aires.

La visión de la computadora que se tenía tanto aquí como en el resto del mundo era la de una máquina de cálculo muy rápida, automática y segura pero no se lo veía como un equipo de proceso de la información.

Uno de los primeros lenguajes de programación que existieron fue el Fortran (contracción del inglés Formula Translating System) que es un lenguaje de programación de alto nivel de propósito general, procedural e imperativo y especialmente adaptado al cálculo numérico y a la computación científica.

La incipiente proliferación de computadoras con diferentes arquitecturas y distintas formas de interactuar con los usuarios hacia que se requiriera mucho esfuerzo para poder utilizar uno de esos artefactos.

Con el objetivo de independizarse de las características del equipo y de facilitar el desarrollo de sistemas para la gestión (los que requerían más capacidades de manejo de estructuras de datos que de complejos cálculos) y en un esfuerzo conjunto de empresas, grandes universidades y el gobierno se creó un comité denominado Codasil (Conference on Data Systems Languages) en 1959 para que definiera un nuevo lenguaje.

Fue así que en 1959 nació el Cobol (acrónimo de Common Business-Oriented Language, lenguaje común orientado a negocios) creado con el objetivo de desarrollar un lenguaje de programación universal que pudiera ser usado en cualquier ordenador.

Se podrían escribir cientos de páginas describiendo los diferentes eventos acaecidos en el desarrollo de la disciplina.

El progreso de la electrónica, el aumento de la velocidad de proceso, la disminución del tamaño de los circuitos y el descenso de los precios (la ley de Moore) hicieron que cada vez se diseñaran nuevas aplicaciones y que el uso de las computadoras se extendiera a casi la totalidad de las actividades humanas.

Al final de la década de 1960 surgió la llamada crisis del software. Este aumento de aplicaciones y el incremento de su complejidad pusieron en riesgo el éxito de muchos proyectos de software.

Un gran cantidad fracasaron y aquellos que no lo hicieron tuvieron una duración mucho mayor que la estimada con el consecuente incremento de los costos.

Se creó en aquella época (1984) el Software Institute, un proyecto que fue financiado por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos y administrado por la Universidad Carnegie Mellon.

El desarrollo de las comunicaciones conjuntamente con la evolución de los sistemas de procesamiento hizo que el proceso de la información y su comunicación se fueran fusionado en una sola disciplina que ha dado en llamarse tecnologías de la información (TI).

En un teléfono inteligente no es posible diferenciar a función de comunicación de la de procesamiento. Las TIC son en la actualidad lo que fue la informática en el pasado.

El desarrollo en la Argentina

La Argentina siguió el desarrollo mundial de la disciplina. Como lo hemos dicho anteriormente la primera acción concreta e institucional fue la creación del Instituto del cálculo y de la carrera del computador científico que tenía la visión (difundida universalmente) de considerar a las computadoras como máquinas de calcular rapidísima.

Esta orientación siguió así hasta aproximadamente 1970 cuando se inició un proceso de transformación del objetivo de la enseñanza, cambiando la visión de la computadora como una máquina de calcular a la de un dispositivo capaz de procesar información mucha de ella no numérica.

Uno de los orígenes estuvo centrado en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA donde nació el germen de la futura carrera de ciencias de la computación.

Surgieron entonces carreras, tanto en las universidades nacionales como en las privadas basadas en dichos principios.

Como todo proceso creativo el comienzo fue de gran entropía y los títulos se multiplicaron rápidamente.

Esta proliferación de títulos con contenidos diferentes, sumado al crecimiento del uso de las técnicas de procesamiento de datos en casi todas las actividades humanas, llevaron a que el Estado las incorporara dentro de los alcances del artículo 43 de la Ley de Educación Superior 24.521 del año 1995 el que regulaba las carreras que otorgaban títulos en aquellas disciplinas que pueden incidir sobre la seguridad, la vida y los bienes de los ciudadanos.

En 2009 por medio de la resolución 786 del Ministerio de Educación se aprueban los estándares de las carreras de informática.

Estos estándares tuvieron dos fuentes diferentes:

  • El Consejo Federal de Decanos de Ingeniería (Confedi) de la República Argentina que nació en marzo de 1988 a partir de la inquietud de un grupo de decanos de conformar un ámbito en el cual se debatieran y propiciaran, a partir de experiencias propias, soluciones a las problemáticas universitarias planteadas en las unidades académicas de ingeniería.
  • La red UNCI que se constituyó formalmente a través de un convenio firmado en noviembre de 1996 en la Universidad Nacional de San Luis, durante la segunda edición del Congreso Argentino de Ciencia de la Computación con la participación de cinco universidades nacionales (UNSL, UBA, UNLP, UNCPBA y UNS) y a la cual, en 1997, se incorporaron las universidades de Comahue y Río IV y, posteriormente, numerosas universidades nacionales. A partir del año 2003 se han registrado también adhesiones de universidades privadas.

Estos dos orígenes generaron dos visiones diferentes de la disciplina de informática. El Confedi, conformado por ingenieros de las carreras tradicionales (civil, mecánica, eléctrica, industrial, química, etc.) tenía una visión de que la informática era una rama de la ingeniería como las mencionadas precedentemente y por tanto debería capacitarse a los futuros profesionales en las ciencias físicas que permite modelar los objetos del mundo real para lo cual se debían incorporar asignaturas que brindaran conocimientos de física y química y de matemática del continuo.

La segunda visión, de la red UNICI, veía a la informática más del lado de la ciencia de computación dándole a los estándares un sabor mucho más científico y orientado al mundo discreto de los bits.

Esta controversia sigue aún pendiente con lo que del desorden creativo que existió en la generacion de la disciplina se pasó a un desorden reglamentado.

En 2005 un grupo de trabajo integrado por especialistas de la Association for Computing Machinery (ACM), The Association for Information Systems (AIS) y The Computer Society (IEEE-CS) junto a autoridades y docentes de diversas universidades elaboraron un documento denominado Computing Curricula 2005 donde se definieron las siguientes carreras:

  • Ingeniería en computación.
  • Ciencias de la computación.
  • Sistemas de información.
  • Tecnología de la información.
  • Ingeniería de software.

Posteriormente se elaboraron estándares para cada una de las carreras mencionadas los que se van actualizando a medida que ello es necesario.

En mi opinión las TIC (denominación moderna que defina una disciplina que tiene en cuenta la integración entre la comunicación y el procesamiento de la información) constituyen una disciplina nueva que tiene un carácter transversal que atraviesa todas las actividades del hombre.

En ese sentido es similar a la matemática que se emplea en casi todas las actividades humanas.

Ello nos llevaría a revisar los estándares elaborados hasta ahora y con los cuales se acreditan las actuales carreras dentro del área.

Otro tema importante es como se garantiza que las diferentes carreras cumplan con los requerimientos que se requiere para otorgar el título.

Se pueden considerar dos metodologías diferentes de acreditación:

  • Por proceso: En este caso se verifica que los procesos definidos para la carrera a acreditar satisfagan las condiciones establecidas (carga horaria, cantidad y dedicación de profesores, actas de las reuniones habidas para la conducción de la carrera, sistemas de información correctos, contenidos de las asignaturas que tengan incorporados los contenidos mínimos establecidos, cantidad y calidad de laboratorios, etc.).
  • Por resultado: se verifica que los estudiantes en sus diferentes niveles de avance en la carrera hayan adquirido las habilidades, saberes y competencias establecidos lo que se puede lograr por medio de las siguientes vías:
  1. Un test anónimo de estudiantes seleccionados al azar;
  2. Un análisis de los contenidos de las diferentes asignaturas y la evaluación de los resultados de los exámenes, trabajos prácticos y demás actividades académicas realizadas por los estudiantes;
  3. Ambas cosas simultáneamente.

La primera metodología es la más sencilla de realizar ya que lo que se debe hacer es contrastar lo que la institución manifiesta con lo que figura en los estándares.

Pero se corre el riesgo real de transformarse poco a poco en un proceso de evaluación burocrático y no de calidad, cosa que generalmente sucede.

La segunda garantiza la calidad de los egresados pero requiere de los evaluadores un conocimiento y experiencia real de las disciplinas a evaluar factor este que no es tan fácil de lograr.

En nuestro país lo que se evalúa son los procesos y no los resultados. Esto ha hecho que poco a poco que la acreditación se haya ido convirtiendo en una evaluación burocrática.

Considero que es necesario cambiar de los estándares actuales por contenidos y procesos a un estándar por competencias.

Esto es fundamental si se tiene en cuenta que tarde o temprano se profundizará la movilidad de los estudiantes por todo el continente.

Sería imposible poder generar procesos de equivalencias entre diferentes instituciones y países si se trabajara por contenidos. Tal es el caso de Europa donde en el acuerdo de Boloña se llegó a esta conclusión.

Cabe agregar que hay otro aspecto que es necesario tener en consideración en una disciplina tan joven como las TIC que cambian día a día.

Los estándares, sean por contenidos o por competencias, no deben incluir detalles de las tecnologías en uso sino que deben ser lo más generales posibles para que no se transformen en obsoletos rápidamente.

Es muy importante dado que el mecanismo de modificación de estándares involucra a muchas personas y organizaciones (privadas y estatales) y es necesario tener en cuenta las diferentes necesidades de todos los sectores involucrados lo que conlleva a que la duración del proceso se mida en años y no en días o meses.

Esto trae por consecuencia una rápida obsolescencia de las carreras y la formación de profesionales que no dispongan de las habilidades, saberes y competencias que el estado del arte requiere.

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